12. Última Liberación

 

 

La mañana siguiente, Nathan, se sentía reposado y tomó su desayuno en la terraza. Estaba convencido de que se encontraba en el lugar y en el momento oportuno. Tenía claras sus ideas y podía concentrarse perfectamente en las decisiones esenciales que debía tomar. Decidió pasar el día dentro del agua a sabiendas de que era el mejor lugar para inspirarse.
Del hostal, bajó por la colina y descubrió una pequeña bahía desierta y fue a instalarse en el lugar. Pasó horas en el agua, sumergiéndose cada vez para hallar mensajes de su elemento natural. Reconoció los rostros y las voces de casi todas las personas que habían influido en su vida. Cada una de ellas le reveló que ahora sabía cuál era el sentido profundo de su vida y que poseía la fuerza y los conocimientos fundamentales para unirse a su destino. Al finalizar la tarde, satisfecho, salió del agua para tumbarse en la arena. Contempló largo rato el cielo antes de volver al hostal. A su entrada, el propietario se dirigió hacia él para anunciarle que alguien le esperaba en el salón. Presa de la curiosidad, se dirigió al salón. Una vez allí, quedó estupefacto al ver a la joven más dulce y más hermosa que jamás hubiera conocido. Se miraron, sonrieron y se enlazaron en un dulce abrazo. Nathan, conmovido, no podía pronunciar palabra alguna. La presencia de Sophie producía un efecto mágico en él. Sus ojos y su sonrisa le hacían cada vez más consciente del amor que sentía por ella.
─ ¿Cómo sabias…?
Sophie colocó la mano sobre su boca y respondió:
─ Eso no importa… ¿Acaso no me has enseñado que los sentimientos están por encima de los pensamientos?
Con estas palabras, Sophie le hizo entender que lo más importante en ese momento era disfrutar al máximo de la alegría de estar juntos. Nathan estaba completamente de acuerdo con ella y le agradeció por el magnífico regalo que significaba su presencia. Luego de refrescarse, le pidió al propietario del hostal que le recomendara un buen restaurante. Le indicó uno ubicado a orillas del mar y cuyo propietario era un buen amigo suyo. Nathan y Sophie siguieron su consejo y fueron recibidos con los brazos abiertos por toda la familia de su buen amigo. Les indicaron una mesa con vista al mar y a las montañas de Siria. La comida estuvo suculenta. Nathan y Sophie entablaron entonces una conversación que aclararía muchas cosas.
─ ¿Cuándo decidiste venir a verme, Sophie?
─ El día que supe que se acercaba tu misión final.
─ ¿Qué sabes de mi misión?
─ Qué algo enorme te espera.
Sophie le cogió de la mano.
─ Sé que lograrás que todos los seres vivos de la tierra se unan.
Nathan se preguntaba cómo Sophie pudo saber dónde encontrarle hoy, pero estas últimas palabras calaron en un misterio aún más profundo.
─ ¿Cómo lo has sabido?
─ Durante un sueño… que fue más real que todo lo que he vivido hasta ahora.
Bebió un sorbo de vino y fijó su mirada a lo lejos en el horizonte. Poco después, dijo:
─ He recibido mensajes en ese sueño y los he escuchado.
Colocó su copa en la mesa y miró a Nathan seriamente.
─ ¿Estoy aquí para despedirme de ti?
Nathan cogió sus manos y le preguntó:
─ ¿Qué has visto exactamente en tu sueño?
─ Vi gente de todas las razas y culturas que vivían juntos en diferentes lugares de la tierra. Trabajaban, reían juntos y parecían todos muy felices. La vida parecía diferente de lo que conocemos, algo había cambiado.
Nathan calló por un momento, sumido en sus pensamientos, hasta que su rostro se iluminó.
─ Ahora es cuando empiezo a entender.
─ Cuéntame, Nathan.
─ Sólo existe una fuerza que puede lograr esa proximidad entre los pueblos. Esa es la razón por la que hoy nos volvemos a encontrar. Entraste en mi vida para que fuese plenamente consciente de esa fuerza.
Sophie parecía pensativa, luego su rostro también se iluminó. Comprendía lo que Nathan le decía y que se trataba nada más y nada menos que de la fuerza del amor. Cogidos de la mano, se miraron largo rato a los ojos. De repente, Nathan sintió que Sophie se estremecía.
─ ¿Qué sucede? le preguntó.
─ Nada, nada, no es importante.
Sin embargo, Nathan sentía que tenía miedo.
─ Sí que lo es, dijo, siento que es algo importante para ti.
─ Sólo me preguntaba… ¿que será de nosotros después?
Nathan la miró fijamente a los ojos y le acarició la mejilla. Lo que le respondería la liberaría para siempre de su miedo.
─ Pase lo que pase, e independientemente de las circunstancias, debes saber y tener la plena confianza de que siempre regresaré a ti.
Estas palabras parecieron hacer renacer a Sophie. Sabía que Nathan no le diría algo así si no lo creyera. Era la promesa más hermosa que alguien le hubiera hecho jamás y quizás era ese el motivo por el que se encontraba en ese lugar. Se puso de pie y le besó. Al día siguiente, pasaron la mañana juntos a orillas del mar y dieron un largo paseo a finales de la tarde admirando el espléndido paisaje de los valles de Hatay.
─ Después de nuestra conversación de ayer, pensé en otra cosa importante, dijo Sophie. He comprendido cuál es la piedra angular de nuestra relación.
Nathan escuchaba con curiosidad.
─ Nuestra preocupación por la felicidad del otro.
Nathan sonrió.
─ Todas las relaciones que se apoyan en este principio le permiten a los involucrados perfeccionar el sentido del otro en total libertad. Sólo así podremos vivir plenamente el verdadero amor.
Sophie asintió con la cabeza y le abrazó.
─ ¿Es este el verdadero objetivo, preguntó Sophie, vivir el verdadero amor?
─ Cuando sentimos amor, somos uno con nuestra consciencia y descubrimos la plenitud primaria de nuestro ser.
─ ¿Nuestra plenitud primaria?
─ El camino de nuestro destino.
Nathan y Sophie regresaron al hostal por la noche. Después de un día agotador, se acostaron contentos. Nathan se despertó de un sobresalto durante la noche. Abrió los ojos y vio la luna llena que brillaba a través de la ventana abierta, como si hubiese planeado conscientemente plantarse frente a él. Sintió una fuerza que le impulsó a dirigirse hacia la desolada bahía. Se puso de pie tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a Sophie. Ya fuera, se dirigió hacia el mar. En la bahía, un barco azul oscuro de grandes velas blancas se balanceaba con las olas. Se le antojó misterioso y trató de saber por qué. Se detuvo de repente, miró nuevamente la luna llena y notó de inmediato que aquel barco era idéntico al del póster que tenía colgado en su habitación de Bruselas. Entonces supo que se aproximaba el final de su viaje. Permaneció mirando el barco y se tomó su tiempo para reflexionar. Al despuntar el alba, se levantó y regresó al hostal. En el camino, pensó en las palabras adecuadas para anunciar su partida a Sophie. Cuando abrió la puerta de la habitación, la vio sentada sobre la cama envuelta en un albornoz blanco. Acababa de ducharse y enrollaba su cabello en una toalla. Al verle, se puso de pie para abrazarle y colocó su cabeza sobre su pecho.
─ No digas nada, Nathan.
Le miró fijamente a los ojos y sonrió con ternura.
─ Haz lo que sientas que debas hacer.
Sophie decidió marcharse ese mismo día. Después del desayuno, Nathan la acompañó hasta el vehículo que le llevaría a la ciudad de Adana, donde tomaría el avión para Francia. Cuando se despidieron, Nathan se dio cuenta de la importancia que tenía para ella la promesa que le había hecho la noche anterior. Sus palabras le habían librado realmente de un gran peso.
─ ¿Sabes cuál será tu próximo destino? le preguntó Sophie.
─ No, pero siento que el final de mi viaje se avecina.
Con estas palabras, se fundieron en un fuerte abrazo. Luego, Nathan regresó a la bahía, colocó sus pertenencias en un bolso y se lo ató a la cintura. Sin pensarlo dos veces, se sumergió en el agua para nadar rumbo al velero. Cuando llegó y subió a bordo, vio que estaba abandonado. Desconocía lo que le esperaba. Se dirigió hacia la parte delantera, desde donde podía ver las montañas de Siria. Pasó el resto del día meditando y al caer la tarde presenció una magnífica puesta de sol.
Cuando la luna apareció de nuevo, le dio un sobresalto al darse cuenta de que alguien había subido a bordo. A juzgar por el perfil de la silueta, pudo ver que se trataba de una joven mujer. La joven se sentó a su lado y se presentó, se llamaba Ilham. Nathan recibió su mensaje sin que tuviera que abrir la boca. Nunca antes había vivido una experiencia similar. Había recibido el mensaje directamente. Tenía curiosidad por saber quién era la misteriosa Ilham y cómo podía comunicarse de esa manera. Respondía de la misma manera a todas las preguntas que Nathan se hacía en su mente. Así, entablaron una silenciosa conversación.
─ ¿Cómo puedes responder a mis preguntas sin que yo pronuncie palabra? preguntó Nathan.
─ Percibo todo lo que piensas justo en el momento en el que lo piensas, respondió Ilham.
─ ¿Cómo es posible?
─ Nos comunicamos a través del lenguaje de los “secretos abiertos”. Son secretos porque no se pueden comprender a través de la razón, y son abiertos porque todo el mundo puede percibirlos.
Curiosamente, Nathan se acostumbró rápidamente al lenguaje de los “secretos abiertos”. Ilham incluso le parecía cada vez más familiar, como si se conocieran desde hacía mucho tiempo. Más tarde, se confirmaría esta impresión.
─ ¿Por qué has venido a verme? quiso saber Nathan.
─ Así como han hecho los demás, siempre he estado a tu lado.
Nathan pensó en todas las personas que había conocido durante su periplo y, poco a poco, entendió lo que estaba sucediendo en ese momento. Pero, ese encuentro era el más peculiar de todos. Ilham personificaba la fuerza interior de Nathan, ¡se trataba de su propia intuición!
─ ¿Por qué puedo verte hoy?
─ Porque es con esta forma que voy a guiaros a ti y a los demás mensajeros.
Nathan comprendió que Ilham no se le había aparecido sólo a él, sino también a Leewana, a Myate y a Dian.
─ ¿Puedes decirnos cómo seguirá este viaje?
─ A partir de ahora, las grandes fuerzas aclararán vuestros caminos de manera mucho más explícita.
Estas palabras dieron a entender a Nathan que lo que sucedería a partir de entonces iría más allá de los límites de la individualidad de los cuatro mensajeros. En ese momento, el velero comenzó a moverse. Nathan vio cómo la embarcación se dirigía hacia el sur sin que nadie lo timoneara. Mientras navegaban, Nathan se acostumbraba más a la manera en la que Ilham se comunicaba con él. Había logrado acceder a la fuente infinita del conocimiento.
─ ¿Estás al mismo tiempo a mi lado que al de Leewana, al de Myate y al de Dian?
─ ¡Cierra los ojos y observa!
Nathan cerró los ojos y vio a Leewana, a Myate y a Dian. Pudo ver que también ellos se dirigían hacia su destino final. Ilham se encargó en hacerles entender a los cuatro que tenía la intención de reunirlos, lo cual les inspiró valor y confianza. Ahora, entendieron mejor que la liberación última se acercaba.
Cansado por los impresionantes acontecimientos, Nathan fue a acostarse al camarote y se durmió rápidamente. Cuando a la mañana siguiente se dirigió a la cubierta, pudo notar que algunas nubes cubrían el cielo, dejando atrás los días de sol. Poco tiempo después, empezaron a caer las primeras gotas que darían lugar a un chaparrón. A pesar de la tormenta, Ilham permanecía sentada en el mismo lugar que la noche anterior... Nathan se quedó con ella en la cubierta del barco, disfrutando del espectáculo de relámpagos, mientras el agua caía sobre su cuerpo. Súbitamente, reapareció el sol mientras la lluvia seguía cayendo y se dibujó un arcoíris tan grande en el cielo, que no se podía ver en su totalidad. Nathan supo entonces que esa era la señal que esperaba. El barco prosiguió su camino bajo el arcoíris y llegaron a Egipto, al litoral del Sinaí, en la ciudad de El Arish. Cuando Nathan pisó tierra firme, varios beduinos le recibieron amigablemente. Después de saludarse según la tradición, le indicaron un dromedario. Nathan se dio cuenta de que él era el único que podía ver a Ilham. La joven, que tenía la mirada puesta en el sur, asintió con la cabeza. Nathan se montó en el animal; los beduinos le dieron un saco de comida y una bota de agua que ató a la joroba del dromedario, no sin antes darles las gracias. Los beduinos le desearon buena suerte y se despidieron. Nathan se adentró en el desierto del Sinaí junto a Ilham. Ilham, que se podía desplazar en el aire como un ave, permanecía a su lado.
En el silencio que reinaba en el desierto, Nathan sentía una cierta intemporalidad flotar en el ambiente. Disfrutaba de su conexión especial con su conocimiento interior. Ilham y él se detuvieron de tanto en tanto para hacer una pausa, ya fuera en un oasis o a la sombra de las palmeras. Nathan se tomó su tiempo para actualizar su manuscrito. Los dos jóvenes atravesaron las extensas e infinitas arenas rodeadas de montañas tornasoladas. Al salir la luna, ese desolador paisaje se volvía mágico. Al cabo de tres días, llegaron a Nuweiba, una ciudad ubicada en el golfo de Aqaba. Para Nathan fue una experiencia extraordinaria ver el cristalino mar azul surgir inesperado en el desierto. Al llegar, encontró una playa con varias chozas de paja. Vio un beduino a lo lejos y fue hacia él. Ahora, Ilham seguía a Nathan muy de cerca. Nathan saludó al beduino empleando algunas palabras árabes que pudo recordar. El beduino aceptó su saludo y le miró con sospecha. Después, miró la gran extensión de arena como preguntándose de dónde pudo haber salido aquel joven así de repente. Nathan le informó que había estado en el desierto durante tres días y le preguntó si podía pasar la noche ahí. El beduino le condujo hacia la choza de paja que, aparentemente, servía de alojamiento para los viajeros de paso que quisieran pasar una noche en aquel lugar. Cogió la bota vacía y, poco más tarde, la trajo llena de agua. Nathan le agradeció el gesto y vio que Ilham se sentaba en la arena a orillas del mar. Se vistió con algo más cómodo y se sentó a su lado. Ilham sabía que Nathan deseaba sumergirse en el agua desde hacía ya varios días y le incitó a no esperar más tiempo para hacerlo.
─ El silencio que reina bajo el agua siempre ha sido lo más relajante para ti. Sumérgete en el agua y entra en contacto con tu silencio interior antes de cumplir con tu misión.
─ ¿En qué difiere el silencio del fondo del mar del que he escuchado estos últimos días? preguntó.
─ Bajo el agua, las ideas te llegan sin que tengas que preguntarte por ellas. Cada uno de nosotros tiene un lugar en la tierra en el cual encontrar la inspiración, aunque la mayoría no lo sepa. En tu caso, la inspiración comparece ante ti en su forma más pura en el fondo del mar.
Nathan se puso de pie y entró en el agua. Bajo el agua, las palabras de Ilham recobrarían todo su significado. Nathan comprendió el verdadero sentido de la inspiración pura de la que le hablaba Ilham y sintió una armonía interior de una intensidad nunca antes vivida. Sentía su fuerza natural penetrar directamente en él. Fue como si sobrepasara los límites de su propio yo. Se liberaba de todos los pensamientos inútiles que había acumulado durante toda su vida y era plenamente consciente de su unicidad. También sabía que había mejorado en tal grado su sensibilidad como para que sirviese de puente entre las distintas dimensiones. La vida terrestre, los pensamientos inmortales y la fuente universal de todo conocimiento pronto se reducirían a una sola cosa. Cuando emergió del agua, había caído la noche y, sólo en ese momento, pudo darse cuenta de que había estado mucho tiempo bajo el agua. Miró a Ilham que permanecía en el mismo lugar. La joven le deseó buenas noches. Al día siguiente, Nathan e Ilham se dirigieron nuevamente hacia el sur esta vez rumbo a la pequeña ciudad costera de Dahab. Al final del día, Ilham le informó a Nathan que habían llegado a su destino. Nathan miró a su alrededor, todo era árido y el paisaje similar al que había visto esos últimos días. Miró entonces con mayor atención hasta que logró percibir de repente a lo lejos, a orillas del mar, un lago de un azul profundo. Se trataba de un lago muy especial, cuyo color le recordaba la fuente mágica de Brasil donde Thiago había llevado a él, a Sophie y a Melvin. Nathan e Ilham fueron al lago. Súbitamente, Ilham aceleró el paso para luego desaparecer en el horizonte. Nathan notó otras tres personas sobre un dromedario, que se aproximaban desde direcciones diferentes y que también se dirigían al lago. Con la puesta del sol, la vista era espectacular. Se emocionó al saber que se trataba de Leewana, Myate y Dian. Los cuatro llegaron en el mismo instante y se abrazaron con afecto. Encendieron una hoguera y se sentaron en semicírculo sobre la arena con sus rostros orientados hacia el lago. Ilham reapareció y se dirigió a ellos de la misma manera que había hecho con Nathan.
─ Habéis sido enviados como buscadores para comprender por qué el mundo vive en tal caos y para ponerle punto final. Las fuerzas de la naturaleza han entendido perfectamente la falta de armonía que reina entre los humanos y los demás seres vivos. Estáis a punto de restablecer esta armonía. Todo lo que habéis vivido estaba a merced del cambio profundo que produciréis y es vuestro deseo original desde que habéis venido a este mundo. Será un acontecimiento nunca antes visto que hará que la humanidad tome consciencia del mundo interior de los pensamientos y de los sentimientos, un hecho que incitará a los seres humanos a integrarse al todo. Para ello, las fuerzas de la naturaleza se manifestarán de una manera extraordinariamente rotunda y generarán ciertas circunstancias que obligarán a las personas a inclinarse hacia el acuerdo y el respeto mutuo para poder sobrevivir. A partir de ese momento, la energía del universo podrá alcanzar su punto culminante, una fuerza que vencerá todas las demás y liberará a la humanidad de sus instintos primitivos generados por el egoísmo. Esta fuerza liberará a los humanos del temor y de la duda, les permitirá sentirse solidarios hacia todo lo vivo, y así redescubrir que en ellos yace una bondad pura cien veces más grande de lo que se imaginan. La humanidad entenderá entonces que la vida sólo tiene valor cuando nos preocupamos por los demás y respetamos todo ser viviente. De esta manera entrará en un estado de serenidad natural y cada uno de nosotros verá que sólo el amor puede darle un sentido profundo a nuestra existencia. Llegará el momento en el que esta prodigiosa fuerza universal reine sobre toda la tierra.
Ilham hizo una larga pausa antes de proseguir con su discurso.
─ Durante la próxima puesta de sol, seréis plenamente conscientes de vuestra unicidad y sabréis cómo trascender la realidad material. Os pondréis en armonía con la fuente de todas las energías, la fuerza que transforma todos los límites físicos en posibilidades y que permite que la energía espiritual, y sólo ella, pueda expresarse. Esta noche, os concentraréis profundamente en vuestro entorno y, gracias a la fuerza de la imaginación, todo el planeta podrá sentirlo. Seguidamente, os dedicaréis totalmente a perfeccionar vuestros dones para que el deseo original de cada uno de vosotros se funda con el objetivo universal y, juntos, ¡podáis lograr la armonía final!
Al pronunciar estas palabras, Ilham se puso de pie y desapareció. Leewana, Nathan, Myate y Dian meditaron el resto de la noche sin intercambiar una sola palabra. Al despuntar los primeros rayos de sol, se levantaron como un solo ser y se tomaron de la mano. Sin pronunciar palabra, caminaron hasta el lago y permanecieron allí, de pie, lado a lado, impregnándose de la energía solar. Después, se sumergieron juntos en el agua y descendieron en profundidad hasta el punto en el que el lago se unía al mar. Los cuatros vieron cómo los límites de sus yos desaparecían, primero entre ellos y luego con todo lo que les rodeaba. Su percepción del espacio y del tiempo se alteró totalmente y su comprensión de la realidad se volvía más clara que nunca. Tuvieron la sensación de que sus cuerpos y sus mentes desparecían y que sólo eran sentimientos dentro de sensaciones. En ese momento, las aguas de todos los mares y de todos los océanos empezaron a moverse, el hielo de los polos se derritió por completo y el nivel del mar aumentó de repente, alcanzando alturas increíbles. Mientras tanto, enormes incendios se extendían por todo el mundo, bosques y selvas estallaban en llamas y tanto los vientos como los violentos huracanes propagaban el fuego. Rápidamente, devastaron las primeras metrópolis. El fuego arrasaba todo a su paso. Las aguas arrastraban las zonas quemadas y, al concentrarse, formaban fuertes y poderosas corrientes. Paulatinamente, las aguas engulleron la mayor parte del territorio de los cinco continentes. Los humanos trataban de salvarse en botes, balsas y otras embarcaciones. Pararon las actividades cotidianas y todos se socorrían los unos a los otros. Entendían que se necesitaban los unos a los otros para poder sobrevivir. Las primeras señales del milagro se vieron en varios lugares a la vez; empezaban a formarse nuevas comunidades en las que reinaba la ayuda mutua. Se cumplían las palabras de Ilham. Se construyeron grandes embarcaciones que pudieran acoger a todas las personas. La comida se dispuso a manos de la comunidad y cada uno fue servido según sus necesidades. Lentamente, la gente se dejó guiar por el entusiasmo y pudieron arreglárselas sin problemas. Uno por uno, los humanos aprendieron admirablemente a emplear sus talentos y cualidades. Al desarrollar su intuición, todos comprendieron cada vez más el significado de sus actos y pudieron finalmente cubrir sus verdaderas necesidades. Toda la humanidad era ahora consciente de la existencia del todo y la tierra había sido transformada en un lugar en el que los seres humanos eran impulsados por aquellos valores que fueran en pro de los intereses de la mayoría. Así, ¡El orden había sido restablecido!