Atención
Llegados a Hanói, Nathan y Ngai tomaron un autobús para dirigirse al centro de la ciudad. Nathan pudo comprobar el dinamismo de la capital vietnamita. Al llegar al lago Hoan Kiem los dos hombres bajaron del autobús. Nathan no pudo detenerse a admirar el paisaje, Ngai se apresuró hacia un barrio de grandes casas coloniales. Ngai se giró y le sonrió para indicarle que ya habían llegado al lugar. Era la primera vez que sonreía durante todo el viaje. Un poco más allá, entró en una de las casas. Subió por las escaleras y Nathan le siguió. Ngai llamó a una puerta. Una señora mayor amablemente les invitó a pasar. Llevaba un vestido largo con un estampado de flores multicolor. Sus cabellos negros se sujetaban en un moño. Miró a Nathan e intercambió algunas palabras con Ngai. Luego le dio la bienvenida a Nathan. Linh era la tía de Ngai. Por suerte para Nathan, hablaba perfectamente inglés. Nathan observaba a Ngai que rápidamente había dejado la sala de estar y descalzo fue hacia un patio interior donde se encontraba el jardín de plantas aromáticas. Tomándose su tiempo, examinó cada planta atentamente. Linh invitó a Nathan a que tomara asiento y le dijo:
─ Gracias por haber respondido a la petición de Ngai.
─ Supe de inmediato que debía seguirle. Lo que aún no se es el porqué. Si he entendido bien, ¿Una amiga de Ngai está gravemente enferma?
─ Así es. Myate padece una grave afección de las vías respiratorias y tememos por su vida. Cuidamos de ella tan bien como podemos y ahora está mejor. Pero hay días, como hoy, en los que apenas puede levantarse de la cama.
─ ¿No debería ir al hospital?
Linh sonrió.
─ Myate estuvo ingresada en el hospital de la ciudad de Ho Chi Minh, la antigua Saigón. No pudieron hacer mucho por ella. Un médico que conocemos nos la trajo y desde entonces tratamos que su sitación se estabilice.
─ ¿Qué tratamiento recibe?
─ Reequilibramos sus canales de energía.
─ ¿Cómo lo hacéis?
─ Ngai se ocupa de las plantas y yo aplico el tratamiento.
Con esta información, Nathan no entendía por qué debía él estar presente. Supuso que Linh sabía más del tema y se dirigió directamente a ella.
─ ¿Por qué estoy aquí?
─ Ngai fue a buscarte a petición de Myate.
─ ¿Myate me conoce?
─ A menudo pidió saber de ti.
─ No recuerdo haber conocido a alguien con ese nombre... ¿Es de aquí?
─ No, llegó a Vietnam después de haber recorrido el mundo.
─ ¿De dónde es?
─ Cuando era niña, a Myate la encontraron en la orilla del río Irawadi en Myanmar, a la altura de la ciudad de Mandalay, o más arriba, existen diferentes teorías.
─ ¿Creció allí?
─ Los primeros años vivió en Yangón, la ciudad más grande de Myanmar, hasta que fue adoptada por una pareja irlandesa y se trasladó a Dublín.
─ ¿Fue adoptada?
Linh sonrió.
─ ¿No es también tu caso?
Nathan sintió cómo su corazón de repente latía más rapidamente.
─ No te sorprendas tanto, dijo Linh.
─ Pero, ¿cómo sabes…?
─ ¿Te acuerdas de Sanah?
─ Sí, ¡por supuesto!
─ Pues, yo soy para Myate lo que Sanah es para ti.
Nathan miró confuso a Linh. No sabía qué pensar. Linh se dio cuenta, sonrió nuevamente y dijo:
─ Leewana estuvo aquí hace poco. Tenía la misma mirada que tu tienes ahora.
─ ¿Conoces a Leewana?
─ Claro que conozco a la chica a quien los pensamientos no le esconden ningún secreto. Es una chica formidable. Sabe perfectamente cómo viajan los pensamientos por el universo.
Nathan veía con más claridad que Linh era probablemente un ángel, como Sanah.
─ Ven, te presentaré a Myate. ¡Ella ha estado esperando este momento ansiosamente!
Linh condujo a Nathan a una habitación trasera. Varias hierbas se encontraban dispuestas en la mesa, había un gran número de envases y muchas bayas. Myate dormía. Linh la despertó y le habló en vietnamita. Abrió los ojos, observó a Nathan y le sonrió, pero estaba muy débil para hablar. Nathan pudo ver como de hermosa era Myate. Le indicó que se acercara a ella y le tomó de la mano. De repente, su rostro se iluminó. Parecía que había recobrado una nueva energía. Se dirigió a Nathan en inglés, entrecortándose con largas pausas:
─ Gracias por venir a visitarme... Linh me ha dicho que le has preguntado sobre mí... Debes saber que nuestro proceso creativo ya ha comenzado... Ya no se trata de saber quiénes somos... sino... en quién nos convertiremos.
Estas palabras habían agotado por completo a Myate. Linh la cubrió y le dijo que descansara. Myate sonrió a Nathan y le soltó la mano, pero, antes de cerrar los ojos, le indicó que se acercara una vez más.
─ Mañana me sentiré mejor... iremos a montar en bicicleta.
Lihn acompaño a un Nathan confuso a la sala de estar y tomaron asiento.
─ Afortunadamente, no siempre se encuentra tan mal, dijo Linh. De tanto en tanto se siente mejor, pero a veces su estado empeora bruscamente.
─ No entiendo, pareciera que delirase.
─ Sabe perfectamente lo que dice.
─ ¿Por qué debe sufrir tanto?
─ Myate no está para nada obligada a sufrir; de hecho, nadie está obligado a sufrir.
─ ¿No sufre?
─ El sufrimiento sólo existe si pensamos en él.
─ ¿Quiere decir que Myate puede ponerle fin a su sufrimiento si no piensa en su enfermedad?
─ No subestimes la fuerza del pensamiento. Podemos hacer real todo aquello que pensamos. Al concentrar sus pensamientos en curarse, Myate nos muestra un buen ejemplo. Se trata del proceso de creación por el que la tierra nos la ha enviado.
Lo que Nathan sospechaba, ahora se había confirmado. Myate era una excepcional. Así como él mismo había sido enviado como mensajero del agua y Leewana como mensajera del viento, Myate era la mensajera de la tierra.
─ ¿Es ese el mensaje que la tierra quiere transmitir a la humanidad? preguntó Nathan; ¿dirigir nuestros pensamientos a su curación?
─ La misión superior de todos los excepcionales es la misma: hacer que una consciencia colectiva vea la luz y nos guíe hacia nuestro desarrollo final.
Nathan se quedó pasmado. Linh se marchó de la habitación. Volvió un poco más tarde y condujo a Nathan a la que, durante su estancia, sería su habitación. Nathan se refrescó antes de hacer la siesta. Al despertarse, pensó mucho en Leewana. No entendía muy bien por qué razón lo hizo. Fue a la sala de estar, desde donde pudo ver a Linh, que se hallaba ocupada lavando los platos en la cocina. Se dirigió a Nathan sonriendo:
─ De ahora en adelante, muchas veces nos sorprenderá de igual manera.
─ ¿De quién hablas?
─ De Leewana, claro está.
Nathan se sorprendió una vez más del gran don que poseía Linh de leer sus pensamientos.
─ ¿Leewana hace que piense en ella?
Linh asintió con la cabeza.
─ ¿Por qué?
─ Quiere demostrarte que logra penetrar cada vez mejor en el mundo de los pensamientos.
─ ¿Sabes dónde se encuentra ahora?
─ Está en casa de Dian, en Indonesia.
─ ¿Dian?
─ También vino a visitar a Myate, hace poco. Un día lo conocerás.
─ ¿Dónde vive?
─ En Surakarta, en la isla de Java. De niño lo encontraron ahí antes de ser adoptado y enviado a Ucrania por sus padres.
─ ¿Dian creció en Ucrania?
─ Pasó su juventud en Odessa, a orillas del Mar Negro. Después fue a estudiar a Kiev. A partir de allí, viajó por todo el mundo antes de regresar a Indonesia, lugar que lo vio nacer.
Nathan quedó sumido en sus pensamientos. Linh lo notó y se mantuvo en silencio para dejar que el joven tuviera el tiempo suficiente para comprender ciertas cosas importantes. Nathan llegó a una conclusión: si Myate había sido enviada por la tierra, Leewana por el viento y el por el agua, Dian debía de ser el mensajero del cuarto elemento, el fuego.
─ ¿Nos reuniremos los cuatro algún día?
Linh sonrió.
─ Sí, en un momento dado, vuestras energías se reunirán. En ese momento, revelaréis a la humanidad entera todo el esplendor del elemento interior.
─ ¿El elemento interior?
─ Así llamamos al mundo del conocimiento en el que se transmiten los mensajes.
Nathan escuchaba con curiosidad y preguntó:
─ ¿Te refieres al conocimiento que se halla en cada uno de nosotros?
Linh asintió con la cabeza.
Nathan pudo comprender que el elemento interior del que hablaba Linh no era otro sino la fuerza de la intuición. Después de algunos minutos de silencio, su curiosidad le llevó a preguntar lo que a partir de ahora no pararía de preguntarse:
─ ¿Cuándo sucederá todo esto?
─ Muy pronto. Te darás cuenta a través de la secuencia de señales que te serán reveladas.
─ Desearía que me dijese todo lo que sabe sobre el elemento interior y sobre ese acontecimiento. ¿Cómo sucederá exactamente? ¿El elemento en cuestión se manifestará bajo forma humana? ¿Cómo reaccionará la gente?
Linh sonrió.
─ Como siempre, estás impaciente por saberlo todo. Veo que aún no eres lo suficientemente paciente.
─ No eres la primera en decírmelo.
─ Te diré algo muy importante para la misión de tu vida.
Nathan escuchó con atención.
─ Deja que la paciencia se conjugue con la curiosidad innata que hay en ti. Así, la paciencia estará siempre a tu lado. Es un factor indispensable para que la vida cotidiana pueda ofrecer todos sus frutos y se desarrolle sin perturbaciones.
─ Lo tomaré en cuenta y trataré desde ahora de descifrar todos los mensajes que puedan ayudarme a dominar tal habilidad.
Linh se secó las manos y se sentó en un sillón del salón. Nathan la siguió y se sentó frente a ella.
─ El elemento interior no es un elemento natural. No aparece bajo forma humana o material porque se trata de una fuerza que se halla en nosotros. Si apareciese bajo forma física, desprendería una luz tan radiante que cegaría a la humanidad.
─ Pero, hace un instante, hablabas del momento en el que Myate, Leewana, Dian y yo revelaríamos el elemento interior.
─ Vosotros cuatro representáis todas las fuerzas que forman los cimientos del mundo físico.
Linh tomó las manos de Nathan.
─ Al armonizar vuestras energías, haréis que la atención de toda la humanidad converja en un mismo objetivo: todos los seres vivos serán conscientes de que ellos también poseen la fuerza del elemento interior.
Nathan quedó sin palabras. Linh prosiguió:
─ Esta experiencia tendrá una importancia fenomenal para toda la humanidad, puesto que logrará alcanzar una consciencia colectiva nunca antes vista.
A Nathan le impactó la fuerza de estas palabras. Supo en ese momento que su elemento natural quería resaltar la importancia de lo que acababa de escuchar para que pudiese entender en lo más hondo de su ser cuál sería la misión de su vida. Ahora necesitaba ordenar toda esa información. Se despidió entonces de Linh para ir a pasear a orillas del lago Hoan Kiem. Linh le besó en la frente y le dejó a solas. En las inmediaciones del lago se podían ver pequeños comerciantes ambulantes. Nathan les saludó y se sentó, con las piernas cruzadas, frente al agua. El sol se ocultaba en el horizonte. El lugar era perfecto y el momento ideal para recapitular todo lo que acababa de aprender. La información que Nathan había recibido de Linh se abría lentamente un camino en su mente. No dejaba de pensar en ese momento sobre el que Lihn le había hablado. Nathan permaneció a orillas del lago Hoan Kiem hasta que el sol desapareció en el horizonte. Luego regresó a casa. Linh y Ngai le esperaban sentados a la mesa. La cena estaba lista para ser servida. Se podría decir que Linh sabía perfectamente que Nathan regresaría después de la puesta del sol. Hablaron poco durante la cena. Aparentemente, Linh y Ngai se preocupaban mucho por el estado de salud de Myate. Inmediatamente después de la cena, Nathan se fue a la cama. El viaje le había agotado y necesitaba dormir incluso más después de que Lihn le hubiera dado toda esa información. Además, estaba muy preocupado por Myate. Se durmió pensando en ella. Al día siguiente, Ngai le despertó para desayunar. Nathan se topó con la agradable sorpresa de ver a Myate sentada a la mesa. Por su apariencia, podía decirse que se econtraba mucho mejor. Se dirigió de inmediato a Nathan:
─ ¿Has dormido bien?
─ Sí, gracias. ¡Por lo visto, tú también!
─ Naturalmente, voy a pasar contigo todo el tiempo mientras estés aquí.
Nathan se dio cuenta hasta qué punto a Lihn y a Ngai les contentaba ver cómo había mejorado el estado de salud de Myate.
─ Le he pedido a Ngai que preparase la bicicleta, dijo Myate.
Nathan se dio cuenta de que la mujer recordaba perfectamente lo que había dicho la noche anterior y que insistía en ello. Evidentemente, se preguntaba si la joven se encontraba lo suficientemente fuerte.
─ ¿Crees que podrás hacerlo? ¿Tendrás suficiente fuerza?
─ Myate no pedaleará, le pidió a Ngai que le preparase un asiento cómodo sobre el portaequipajes, respondíó Linh.
Myate sonrió e hizo un guiño a Nathan.
Después del desayuno, Nathan y Myate se prepararon para el paseo en bicicleta. Ngai había dispuesto sobre el portaequipajes un asiento acolchado. Myate se sentó con las piernas de lado. Era domingo y hacía buen tiempo. Soplaba una brisa refrescante y no hacía tanto calor. Nathan y Myate iban por las estrechas callejuelas de Hanói. Charlaban mientras paseaban.
─ Linh y Ngai son inmensamente amables, dijo Nathan.
─ Me alegra haberles conocido, dijo Myate. Se preocupan por la armonía del mundo. Son personas muy valiosas porque le muestran el buen camino a la humanidad.
─ Así es, las personas como ellas ayudan a que el mundo siga avanzando.
─ Es una pena que no todo el mundo se preocupe más por el mundo en que vivimos. Muchos se consideran como elementos aislados y piensan sólo en su propio bienestar, sin preocuparse por los daños que puedan provocar.
Nathan pudo percibir cierta tristeza en la voz de Myate. Se detuvo, se volvió hacia ella y le acarició el rostro para mostrarle que entendía cómo se sentía. Myate no pudo contener sus lágrimas. Nathan se bajó de la bicicleta y ayudó a la joven a bajarse. Se sentaron juntos sobre un muro y, en silencio, veían pasar a la gente. Al cabo de un rato, Nathan retomó la conversación:
─ Demasiada gente ignora las consecuencias nefastas que su estilo de vida ocasiona al entorno en el que viven. Pero también sabemos que la gente a veces puede cambiar muy rápidamente.
─ La gente no puede cambiar si el mundo que conoce está hecho únicamente de exigencias, tensiones y de excesos. Están muy limitados para distinguir la realidad profunda que se oculta bajo el delgado manto de una falsa realidad.
─ Nosotros debemos llamar su atención. Podemos ayudarles a reconocer esta realidad profunda y enseñarles quiénes son realmente, cuál es su verdadero objetivo en la vida y cómo pueden contribuir a la evolución de la creación.
─ Nathan, todo el mundo podrá muy pronto darse cuenta de que vivimos sólo para vivir los momentos de la dimensión espiritual y de que todo lo demás es una especie de espera.
Myate miró a Nathan y le cogió de la mano. Siguió con estas palabras:
─ También sé perfectamente que todo el sufrimiento y la injusticia que hay en el mundo forman parte de la creación y que son incluso necesarios para lograr ese momento de consciencia colectiva...pese a que sea difícil de aceptar.
─ Creo que los dos debemos mostrar más compresión al hecho de que cada uno determine su escala de valores según su propio nivel de consciencia.
Myate apoyó su cabeza sobre el hombro de Nathan y prosiguió:
─ Debemos aceptar que existen personas que se preocupan por sus valores interiores y por el bienestar de su entorno, y que también hay otros que no se preocupan para nada de ello y se muestran indiferentes ante el bienestar del otro.
─ Precisamente por su indiferencia no pueden acceder a la realidad profunda. Si pudiesen ver más allá de las apariencias, podrían darse cuenta de que todo está relacionado.
─ De hecho, mucha gente no es consciente de que su estilo de vida destruye el planeta mientras que éste le ofrece el don de la vida. Pero si estamos aquí, Myate, es justamente para luchar contra esta indiferencia.
Myate y Nathan intercambiaron una mirada que sugería un sentimiento mutuo de confianza y de fraternidad. Myate había expresado lo que sentía en su corazón y de esta manera se profundizó su relación con Nathan. Los jóvenes sabían ahora que podían sentir intuitivamente lo que el uno debía saber del otro.
─ Estoy muy contenta de que hayas venido, Nathan.
─ Yo también estoy contento de haber venido, Myate.
Dicho esto, siguieron su paseo en bicicleta. Apreciaban con mucha más intensidad su compañía. Regresaron casi acabada la tarde. Linh estaba sentada sobre una manta en la terraza con la mirada perdida. Cuando vio a Nathan y a Myate, se rió de buena gana. Era evidente que se alegraba de la mejora de Myate. Linh sabía que también tenía que agradecérselo a Nathan. Linh veía a Nathan como a uno más de la familia y lo expresó claramente con su mirada.
─ ¿Molestamos? preguntó Nathan.
─ No, para nada, jamás me molestáis.
─ ¿Estabas meditando? dijo Nathan.
─ Es necesario para que uno se tome el tiempo de retirarse y pensar sólo en lo que es esencial, respondió Linh. De esta manera, permanecemos en contacto con la fuente de nuestra vida.
─ Linh me ha enseñado que cuando meditamos, desarrollamos nuestras capacidades superiores, explicó Myate.
─ ¿Nuestras capacidades superiores? preguntó Nathan.
─ El poder de nuestra atención, respondió Myate.
─ La fuerza en la que se originan la comprensión y la inteligencia, explicó Linh. La atención permite que no nos detengamos en las ideas iniciales que percibimos de las cosas, sino que busquemos las causas profundas.
─ A mí también me gusta pasar el tiempo pensando, dijo Nathan. Pienso en los mensajes que me han sido revelados.
─ La atención nos permite descubrir la realidad interior de las cosas y nos permite aumentar la comprensión que tenemos de ellas, de manera que la inteligencia oculta nos dé la inspiración, agregó Myate.
─ ¿La inteligencia oculta? interrogó Nathan.
Myate, sin responder, miró a Nathan fijamente.
─ ¡Myate se refiere a la inteligencia que nace del amor!
─ Linh me ha enseñado cómo liberarme de los pensamientos inútiles y concentrarme en lo esencial, en el amor que puedo ver en todo y por todas partes, explicó Myate. Aún no lo logro a la perfección, pero voy mejorando.
─ ¿Tratas de pensar sólo en la inteligencia oculta? preguntó Nathan.
─ La meditación va más allá del pensamiento, de la reflexión y de las interrogantes. Es la forma de concentración más elevada que existe.
─ ¿Qué se siente exactamente? preguntó Nathan.
Linh tenía de nuevo la mirada perdida. Respondió con estas palabras:
─ ¡Que nuestra mente está relacionada con la fuerza del universo!
Nathan reflexionaba. Al cabo de un rato, preguntó nuevamente:
─ Entonces, ¿sólo el pensamiento separa nuestra mente de esta inteligencia oculta?
─ Exactamente, respondió Linh. Al ir más allá de nuestra mente y concentrarnos en la perfección del universo, nuestro cuerpo logra una armonía perfecta con el orden universal.
Linh dejó de hablar y cerró los ojos. Myate y Nathan hicieron lo propio. Las palabras sobraban y el silencio les permitía comunicarse de una manera más profunda.
Muy adentrada la noche, antes de irse a dormir, Nathan decidió seguir su viaje. Anunciaría su decisión durante la comida. Al día siguiente, mientras tomaba asiento en la mesa, notó la ausencia de Myate.
─ ¿ Está Myate de nuevo enferma? preguntó.
─ No, respondió Linh. Sólo que ella siente tu partida.
Nathan supo que, de una manera u otra, sus anfitriones ya estaban al tanto de su plan.
─ ¿Dónde está? preguntó Nathan.
─ En la terraza.
─ ¿Deseaba que me quedase aquí más tiempo?
─ No, antes de enfermar también viajaba mucho y sabe perfectamente la importancia que tienen los nuevos descubrimientos para la evolución personal. Sólo espera que el momento en el que os veáis de nuevo llegue lo más pronto posible.
─ Voy a verla.
Nathan sólo comió un bocadillo.
─ Os agradezco enormemente vuestra compañía. Aquí he aprendido mucho en tan corto tiempo.
Ngai se levantó para ir a buscar algo. Volvió con unas plantas medicinales envueltas en un pedazo de tela y se las obsequió a Nathan. Le pidió a Linh que le dijera a Nathan que esas hierbas podían curarle si algún día no se sintiese bien. En caso de enfermedad, debía tomar algunas briznas, colocarlas en agua hirviendo y seguidamente ingerir el brebaje obtenido. Nathan se lo agradeció y dijo que no tenía nada para darle a cambio. Ngai le respondió que ya había recibido el mejor regalo por su parte. Se refería a cuando Nathan había confiado en él en acompañarle a Vietnam. Después de que Linh tradujera sus palabras, Nathan y Ngai se dieron un abrazo. Luego Nathan fue a ver a Myate. Se acercó a ella y la tomó de sus manos.
─ Ha llegado el momento de separarnos, dijo Myate, pero sabemos que nos veremos algún día.
─ Nuestro encuentro fue particularmente intenso, como cuando conocí a Leewana.
─ Nunca he conocido a Leewana, pero sí a Dian. Os parecéis mucho, ¿sabes?
─ Creo que los cuatro tenemos mucho en común.
─ Ayer, Linh me dijo que a partir de ahora, sentiremos una profunda necesidad de vernos. En mi caso, ya es así... Ahora vete, sino, no dejaré que te marches.
Nathan se levantó. Los dos jóvenes se siguieron con la mirada hasta que Nathan bajó por las escaleras. Una vez abajo, recogió sus cosas y se despidió de Linh.
─ Linh, te agradezco por tu hospitalidad y por la valiosa información que me has brindado.
─ Eso ha sido gracias a ti, porque ya estabas listo para recibirla.
─ Me has dicho que las señales se presentarían rápidamente y es cierto.
─ Esto sucede porque estás atento a lo esencial. Por esta misma razón, todos los lugares a los que acudirás también se presentarán ante ti con una rapidez cada vez mayor.
─ ¿Quieres decir que ahora puedo reconocer inmediatamente las lecciones importantes que se me presenten?
─ Sí, Nathan. Pero debes tener siempre presente que puedes aprender de cualquier persona. Trata entonces de ver a cualquier desconocido, como a un mensajero, y todo evento inesperado, como un mensaje.
Con estas palabras, Nathan se preparó para marcharse. Dio a Linh un abrazo.
─ ¿Sabes ya adónde irás? preguntó la mujer.
─ Como ya sabes, sigo mi intuición para tomar decisiones.
Nathan se marchó. Linh le saludó. Después de haber dado algunos pasos, Nathan se volvió hacia ella. Linh sonrió.
─ ¿Propones algún lugar específico?
─ En esta época, el viento sopla fuerte hacia el sureste y se calma al llegar al océano.
Nathan no entendió en ese momento a lo que se refería, pero le agradeció el consejo y partió.