Atribuir la vida del alma al ego

 

 

Al desarrollar la consciencia espiritual, nuestra naturaleza superior se manifiesta más ampliamente a través de nuestras elecciones y acciones. Conseguimos entonces mayor libertad y un creciente poder en el mundo en el que vivimos.

 

Sin embargo, quisiera señalar que durante esta evolución surge un peligro real, que las fuerzas se oponen ante cualquier crecimiento espiritual y tratan de pervertir nuestras intenciones puras. Entonces nos arriesgamos a dejarnos tentar por los deseos incitados por nuestro ego y por las necesidades provenientes de nuestro inconsciente.

 

Es especialmente importante permanecer alerta y atento para que las ilusiones creadas por el ego no nos engañen. Así que es fundamental comprender de qué forma el ego puede camuflarse fácilmente de guía espiritual y engañarnos.

 

Quien desee que la luz divina brille en su interior, en su más completa entrega y de la forma más pura, debe controlar su fuerza espiritual y por tanto canalizar este nuevo poder  en la acción divina.

 

Se trata de un trabajo intenso y continuo que consiste en comparar e integrar los fundamentos de nuestras sombras ocultas o inconscientes para podernos liberar de ellas para siempre.

 

El ego entonces se vuelve capaz de transmitir esta nueva consciencia espiritual. Igualmente notamos que nuestra mente se adapta gradual y completamente coherente con ese estado de consciencia.

 

Nuestro cuerpo físico y su naturaleza instintiva evolucionan de forma paralela en la misma dirección. Desarrollamos progresivamente nuestro discernimiento y podemos distinguir de forma fácil y clara entre los caminos del ego y los de la consciencia espiritual.

 

Por gracia de la luz de nuestra alma y por los propios esfuerzos del cuerpo y de la mente, nuestro ser entra, por así decirlo, en una transformación espiritual que nos permite vivir unidos a nuestro Yo mayor.

 

El ego y el Yo logran finalmente un equilibrio perfecto. Aunque podamos toparnos con una que otra traba o resistencia que requiera de toda nuestra atención, estaremos viviendo la vida del alma.