Comprensión

 

 

En un hermoso día de primavera, Nathan llegó a San Francisco. Deborah y Nigel fueron a recibirle. Los tres estaban muy contentos de volverse a ver. Nigel invitó a Nathan a quedarse en la residencia estudiantil dónde él vivía, en el campus de Berkeley. Una vez allí, le presentó a los demás compañeros de la residencia. A mediodía, Deborah y Jennifer vinieron a buscarle para mostrarle la ciudad. San Francisco desprendía un aire europeo con sus calles sinuosas y estrechas. Nathan estaba muy contento de poder estar en esta ciudad junto al mar y muy sorprendido por su gran diversidad multicultural.
Deborah le mencionó que en dos días conocería al profesor en una de sus conferencias. A lo que Nathan preguntó cuál sería el tema de la conferencia.
─ «La influencia de la tecnología moderna en el comportamiento humano», respondió Deborah.
Además, agregó que el profesor era su padrastro.Nathan no lo sabía. Se llamaba Vadim y provenía de Rusia, específicamente de San Petersburgo. Vadim había impartido clases durante años en su ciudad natal, luego se marchó a Estados Unidos y hacía ya unos años que vivía en este país. En San Francisco, conoció a la madre de Deborah. El lunes siguiente, Nathan conocería a Vadim, un hombre muy alto, con barba y de cabello gris. Tenía los ojos azules y una mirada penetrante. Vadim le dio la bienvenida y le agradeció haber respondido a su invitación. Hizo que el joven se acomodase y le dijo que deseaba conversar con el después de la conferencia. A lo largo de su ponencia, abordó el tema de una manera muy interesante. Utilizó muchos ejemplos para ilustrar los cambios radicales que producen los avances tecnológicos. Vadim explicó cómo afrontarlos. Las teorías de Vadim evocaban algunas afirmaciones que Nathan había oído en otra oportunidad. Por ejemplo, recordaba que su padre hablaba de la misma forma sobre la gran unidad del mundo. Cuando Vadim hablaba del universo, especificaba que no estaba conformado por una cantidad de elementos separados, sino por un conjunto en constante movimiento en el que todas sus partículas estaban relacionadas entre sí. En otra ocasión, al apuntar hacia cómo la tecnología manipulaba el interés de las personas y les apartaba cada vez más de sus necesidades reales, Nathan comparó las palabras de Vadim con las de Songo. Nathan siguió la conferencia muy atentamente y llegó a la conclusión de que Vadim estaba plenamente convencido de la existencia de una fuerza superior. Según su discurso, la ciencia no había podido explicar aún tal fuerza. Vadim la denominaba “La Cohesión Perfecta”. Nathan sabía que dentro de los círculos científicos muy pocos creían en la existencia de una fuerza superior. Tras la conferencia y al retirarse la mayoría de los asistentes, el profesor se acercó a Nathan y le preguntó si la conferencia había sido de su agrado. El joven respondió que había sido muy interesante, sobre todo por los ejemplos, que para él fueron muy reveladores. Vadim le mencionó si tenía alguna pregunta. Nathan aprovechó para preguntarle qué era lo que le llevaba a dar conferencias por todo el país.
─ A través de estas conferencias, muchas más personas se podrían interesar en el tema. Además, me permiten transmitir mi opinión a un gran número de ellas, respondió Vadim.
─ ¿En qué difiere tu visión de la mayoría de los científicos?
Vadim cogió dos sillas, una para Nathan y otra para él. Los dos tomaron asiento.
─ Muchos se dedican a dividir y definir, y piensan que de esta manera pueden explicarlo todo. Otros, en los que me incluyo, se embelesan ante el orden superior que reina en el universo. Esta sensación aumenta, considerablemente, a medida que nuestros conocimientos se profundizan.
─ ¿Qué admiras del orden superior?
─ La cohesión perfecta, Nathan. La cohesión perfecta de todos los elementos. ¡La manera en que cada elemento interactúa contínuamente con los demás!
─ ¿Cuál sería tu argumento contra quienes piensan que no existe ningún orden en el universo, ni cohesión, sino un inmenso caos?
─ Les sugeriría escuchar atentamente el ritmo de las estaciones o de las fases de la luna. Sólo así podrían percatarse del orden regular y perenne que rige el universo.
─ Todos conocen tales fenómenos, pero para muchos no son suficientes como para percibir la cohesión perfecta.
─ Ciertamente. Esto sucede con quienes aceptan exclusivamente a la razón como única fuente de conocimiento.
─ ¿No es lo que sucede con la mayoría de los científicos?
─ Sí, sin embargo, es el caso de muchos otros que ignoran que la razón no podrá jamás por sí sola explicar los principios del universo. Se trata de científicos que se basan únicamente en pruebas matemáticas y rechazan todo conocimiento que no encaje en su lógica.
Durante la conversación, Nathan comprendió por qué muchos científicos permanecen ciegos ante la existencia de un universo superior a la simple suma de sus elementos. Habían aprendido a aceptar exclusivamente lo que existe en el mundo físico.
Mientras tanto, otros asistentes de la conferencia se acercaron al profesor para intercambiar unas palabras con él. Nathan notó que a Vadim le costaba convencer a los científicos. De igual modo, se percató de que Vadim era una persona muy fuera de lo común. Probablemente era uno de esos pocos científicos que sabía que, para hallar respuestas a las grandes preguntas de la vida, había que apartarse de la lógica que, por lo general, rige el mundo físico. Al finalizar su charla con los demás asistentes, Vadim le invitó a cenar. Nathan estaba ahora convencido de que San Francisco había sido su mejor opción al elegirla como siguiente etapa de su viaje. Entraron en un restaurante acogedor de Mission District. Tomaron asiento y pidieron la cena. Durante la cena, Vadim describió elocuentemente la ciudad que lo había hechizado. Aparte de San Petersburgo, que consideraba su patria, Vadim había visitado muchas ciudades, pero San Francisco había sido la única que le había cautivado. San Francisco era una ciudad portuaria que, durante toda su historia, había seducido a personas de todas las culturas. Vadim elogiaba mucho esta ciudad que poseía un encanto innato y que había seguido siempre su propio camino, en la que un gran público apreciaba a los artistas y donde emergían los movimientos a favor de la libertad de expresión.
─ Su encanto, prosiguió Vadim, proviene sobre todo de la variedad de sus barrios. Algunos son de estilo victoriano, otros, situados en pendientes empinadas, ofrecen una vista impresionante de la bahía. Debido al gran número de colinas, cada barrio en sí, parece una pequeña ciudad con carácter propio.
Después de cenar, Nathan volvió al tema tratado tras la conferencia.
─ Hablabas de quienes sólo se basan en pruebas matemáticas y rechazan todo conocimiento que no encaje en su lógica. Quisiera saber, ¿cómo defines este conocimiento?
─ Es todo aquello que se encuentra más allá del mundo físico.
─ ¿Cómo abordan los científicos lo que no se puede comprobar en el mundo físico?
─ Muchos de ellos afirman que si algo existe, se puede cuantificar; por lo tanto, probar. Sin embargo, el problema surge cuando se hallan ante fenómenos que no se pueden cuantificar, fenómenos cuya existencia no se puede negar, pero que no forman parte del mundo de la ciencia.
Nathan notó que Vadim, al hablar de los fenómenos que no pertenecían al mundo físico, mantenía su discurso intencionadamente vago. Nathan intuía en términos generales lo que el profesor quería decir, aunque debía de tener sus razones para no hablar aún de manera explícita.
─ A pesar de todo, ¿cómo podemos aprender a entender mejor estos fenómenos? preguntó Nathan.
─ Cualquier persona puede sentirlos, por tanto, puede entenderlos. Pero no podemos recurrir a nuestra lógica racional para lograrlo.
─ ¿Pueden entenderse algunas cosas sólo gracias a la intuición?
Vadim asintió. Hubo un momento de silencio.
─ ¿La ciencia no debe asegurar cierto equilibrio a nuestro pensamiento? preguntó Nathan.
─ Nada es constante, Nathan. Lo que consideramos constante, yace en lo que aceptamos como explicación para poder entender lo inexplicable.
Nathan lo relacionó con lo que su padre le había explicado sobre la certeza que muchos de nosotros anhelamos.
─ Si las cosas no pueden ser constantes, ¿su carácter inmutable no consistiría entonces en una ilusión?
─ Así es. Una forma de energía que influye en nuestra Conciencia hace que todo nos parezca constante, de modo que las cosas aparenten ser inamovibles, como sucede con la tierra.
 Era ya tarde cuando finalizaron la conversación. Nathan estaba complacido con la tertulia y convencido, más que nunca, de que había encontrado en Vadim a una persona inteligente y cautivadora.
─ Tu manera de ver y explicar las cosas es nueva para mí, dijo, es muy interesante.
─ Sabes, tu conocimiento también me ha cautivado. Estoy convencido de que seremos muy importantes el uno para el otro.
En los días siguientes, Nathan asistió a las clases de Vadim con Deborah y Nigel. El científico hablaba con humor, entusiasmo y optimismo. Como profesor, tenía cierta autoridad sobre los estudiantes, pero esto no le impedía establecer un contacto abierto con ellos. Esta clase versaba sobre la contaminación y los daños causados al medio ambiente. El profesor indicó el peligro que representaban las tecnologías modernas y resaltó la importancia de la ecología. Comparó el comportamiento del hombre moderno con el de las células cancerígenas que abundan en un organismo. Según Vadim, la solución era definir determinadas normas morales y éticas que condujeran los avances científicos y las tecnologías hacia el camino correcto.
Durante las clases, Nathan se impresionaba de la gran habilidad que tenía Vadim de captar con exactitud el nivel de sus alumnos u oyentes y poder adaptar sus palabras a su público. Nathan comprendió cuán valiosa era esta destreza. Días después, Vadim debía presentar su ponencia en un congreso científico en Houston, Tejas. Invitó a Nathan a acompañarle. Deborah también asistiría. Estaba muy interesada en estas reuniones. Para la ocasión, la joven vistió un traje clásico. Con sus largos cabellos dorados sujetos en un peinado original, aparentaba una persona adulta. Por su apariencia, nadie diría que se tratara de una cría. Deborah y Nathan conocieron a varios científicos, todos expertos de un área específica. En el congreso, Nathan notó que, al parecer, Deborah había aprendido mucho de Vadim. Vadim disertó en esta ocasión sobre las diferentes energías que influyen en nosotros. Demostró cómo, por medio de tales energías, cada uno de nosotros puede influir en los demás. Nathan retuvo muy bien algunos pasajes, como en el que Vadim explicaba que todo lo que podemos experimentar como seres humanos, formaba parte de un campo energético que podemos sentir y observar sólo con la intuición. Agregó que proyectamos nuestra energía al orientar nuestro pensamiento hacia una dirección. Entonces, demostró que podemos influir en las energías y aumentar el ritmo de las coincidencias que se producen en nuestras vidas. Nathan sabía que lo que decía Vadim coincidía con lo que él mismo había experimentado recientemente sobre el funcionamiento de la energía portadora. Nathan estaba encantado con las explicaciones de Vadim, pues le ayudaban a entender mejor el ser humano y su esencia. Vadim señaló que, en realidad, la esencia del ser humano no se encuentra aislada, sino que forma parte del todo. De hecho, al mencionar “todo”, Vadim se refería precisamente al universo entero. Precisó que sólo existía una esencia. Para explicarlo, Vadim tomó como ejemplo el proceso que se inicia tras el embarazo. Afirmó que un embrión no tenía identidad propia. Vivía en el útero durante nueve meses en perfecta simbiosis con su madre. Cuando el bebé nace, se le da un nombre. De tanto oírlo, el pequeño se identifica con su nombre y se empieza a ver como individuo, con una identidad propia. Posteriormente, el niño busca saber quién es en verdad y, tanto su entorno como la sociedad, provocan que aumente su curiosidad. En todo sistema social, a cada individuo se le asigna una función que, además, determina su lugar en la jerarquía. El peligro aparece cuando nos identificamos con nuestra función social, al dejamos manipular por nuestro entorno, en lugar de intentar saber quiénes somos en verdad como seres humanos. En esta conferencia, Nathan comprendió el mecanismo del condicionamiento. Recordó las palabras de Pablo. Decía que nos podíamos liberar si éramos conscientes del pensamiento que proviene de lo más profundo de nuestro ser. Así, podremos obedecer a la voluntad más auténtica que hay en nosotros. Vadim sabía cómo dirigirse a un público escéptico para hacerle entender un tema complejo. Nathan lo supo por el orden en que Vadim presentaba sus teorías. Sin embargo, algunos científicos fueron a verle después de la conferencia para intercambiar algunas palabras, lo cual no implicaba que compartieran totalmente su punto de vista. Nathan y Deborah notaron que se habían acercado al profesor, sobre todo, para defender sus propias opiniones.
─ Me da la impresión de que algunos tratan sólo de expresar su punto de vista sin interesarse en otras formas de ver las cosas, dijo Nathan.
─ Ya estoy acostumbrada, contestó Deborah. Muchos no se preocupan en tener la razón, sino que aparentan tenerla. Otros, incluso juzgan lo que no comprenden porque temen cambiar su manera de pensar.
─ ¿Cómo pretenden poder entender algún día la realidad del universo? dijo asombrado Nathan.
─ Vadim dice que, a menudo, muchos de los científicos tienen una opinión muy delimitada y argumentan en base a hipótesis, respondió Deborah.
Vadim, Deborah y Nathan entablaron una larga conversación durante el vuelo de regreso a San Francisco. Vadim pudo hacerse una idea de cuán perspicaz era su invitado. Le preguntó cómo había acumulado tanto conocimiento. Nathan le contó brevemente lo que había vivido. Al finalizar, Vadim y Deborah quedaron muy sorprendidos. Nathan quería saber lo que pensaban al respecto y la conferencia que Vadim acababa de dar era una buena ocasión.
─ Los trances que has vivido, explicó Vadim, te han llevado a ver tu entorno de otra manera. Estas experiencias nos permiten descubrir nuestro verdadero ser. Así, podemos sentirnos como cuando estábamos en el vientre materno, incluso como mucho antes.
─ ¿Cómo describe la ciencia el trance? preguntó Nathan.
─ La estructura de este fenómeno se encuentra al mismo nivel de la energía. De hecho, nuestra esencia consiste en una red de relaciones energéticas manipulables. Entramos en trance sólo cuando nos separamos de estas relaciones energéticas.
Nathan recordó las palabras de Rachid en el desierto. Éste también decía que todo estaba compuesto de energía y que todos los elementos estaban relacionados entre sí. Afirmaba que el trance nos permitía observar de otra forma las energías presentes en el universo. Al cavilar un poco más, Nathan notó que también correspondía con lo que decía su padre sobre el funcionamiento de las energías y con lo que le habían explicado Songo y Catalina.
─ ¿Cómo entendiste el funcionamiento oculto de las energías? preguntó Nathan a Vadim.
─ Aprendiendo a pensar de forma intuitiva. Así pude comprender que la imagen que tenemos de nosotros mismos, se produce a partir de las relaciones con los demás. Nuestro mundo está más sometido a las leyes de la energía que a las de la física.
Nathan se sorprendió al comprobar que un científico eminente hubiese llegado a las mismas conclusiones que las personas con las que contaba en su vida y con las que contaría siempre. De hecho, Vadim también entendía que el verdadero conocimiento se obtenía por medio de nuestra intuición. Seguidamente, Nathan preguntó:
─ ¿Qué importancia tiene la intuición para ti?
─ Actualmente, nos enfrentamos a cantidades enormes de información. Sólo nuestra intuición puede guiarnos y calmar nuestro pensamiento.
─ Es una aseveración sorprendente, viniendo de un científico, replicó Nathan.
Deborah interfirió:
─ Vadim dice que, en la historia de la ciencia, todo gran descubrimiento contiene un elemento irracional relacionado con la intuición creadora.
Vadim sonrió y guardó silencio.
De vuelta a San Francisco, Vadim habló de una reunión que se celebraba una vez al mes en una segunda residencia en Carmel, una pequeña ciudad costera al sur de San Francisco. En aquella reunión participaban científicos de renombre, incluido Vadim. Le propuso a Nathan que asistiera a la siguiente reunión. Más tarde, Nathan supo a través de Deborah que Vadim le había confesado, después de la conferencia de Houston, que nunca había conocido a una persona tan extraordinaria como él. Deborah le pidió que diese más detalles. Entonces, Vadim le respondió que Nathan tenía un don de liderazgo sorprendente. Deborah agregó que Vadim no era hombre de elogios y que Nathan podía estar convencido de que su padrastro decía la verdad.