Conciencia

 

 

Nathan se dirigió hacia el norte y descubrió lugares tan maravillosos como en otras partes del país. Después de algunos días, llegó a Cairns, una ciudad ubicada bajo los trópicos. Conoció a Jack, un joven rubio, proveniente de Vancouver, que había estudiado biología en Canadá. Tras haber finalizado sus estudios, le habían contratado poco después en una compañía farmacéutica, pero su trabajo no le ofrecía muchas satisfacciones. Jack siempre había soñado con vivir en Australia. Dos años antes, con suficiente dinero ahorrado, pudo cumplir su sueño y fue a vivir a Cairns. En Australia, tomó la decisión de ampliar sus horizontes a nivel profesional. Compró un catamarán y, desde ese momento, ofrecía viajes por la Gran Barrera Coralina. Nathan y Jack se conocieron en la terraza de un bar. Hablaron sobre la belleza de la naturaleza, también sobre el cambio climático y sus posibles consecuencias si no cambiamos nuestra mentalidad de manera radical. Los dos hombres simpatizaron desde el primer momento. Jack invitó a Nathan a dar una vuelta en el Mar del Coral al día siguiente. Le dijo que le acompañarían dos jóvenes rumanas, dos hermanas, Mihaela y Ioana. A bordo del catamarán, los cuatro jóvenes charlaron para conocerse un poco más. Las jóvenes eran de cabello castaño y ojos de color verde almendra. Mihaela vivía en Irlanda y trabajaba en Dublín. Confesó que su trabajo no le aportaba mayor placer. Ioana, su hermana más pequeña, estudiaba psicología en Bucarest. Tenía talento y le iba bien en sus estudios. Las dos hermanas acababan de ir de viaje con sus padres a Nueva Zelanda para visitar a unos amigos. Al dejar Auckland, viajaron diez días hacia la costa este de Australia. El catamarán llegó al Mar del Coral y Nathan se sumergió en el agua. Mihaela y Ioana le siguieron mientras que Jack se quedaba a bordo. Nathan y las jóvenes admiraron los corales, rodeados por bancos de peces multicolores. La belleza que Nathan estaba descubriendo le confirmaba una vez más cuán hermosa era la naturaleza tanto en la superficie como bajo el agua. Quiso adentrarse en la profundidad del mar, pero no quería que sus amigos se preocuparan. Mihaela y Ioana ya habían vuelto a la superficie, cuando Nathan decidió salir también del agua. Un poco más tarde, llegaron a una isla. Los jóvenes se sentaron bajo los árboles. Jack sirvió unas suculentas ensaladas.
─ Había oído hablar de la belleza de los corales, dijo Nathan, y he leído mucho sobre este tema, pero lo que he visto bajo el agua va más allá de la imaginación.
─ Aquí todo es tan hermoso, dijo Mihaela, de una belleza indescriptible.
─ ¿La belleza te sigue impresionando, Jack? dijo Ioana.
─ Sí. No sólo disfruto de la belleza de la naturaleza, sino también del placer que los huéspedes que tengo a bordo puedan experimentar.
Después de comer, Mihaela y Ioana dieron un paseo por la isla, mientras que Nathan y Jack se acomodaron para charlar. Jack le confesó a Nathan que la conversación mantenida la noche anterior le había hecho reflexionar y que le habían surgido varias preguntas.
─ Nathan, dijo, me has explicado que si he soñado con venir aquí, no ha sido por casualidad, sino que mi presencia aquí tiene un motivo profundo.
─ Todo tiene un motivo profundo, no sólo los sueños.
─ También estoy convencido de ello, pero ¿qué significa en mi caso concreto?
─ Para saberlo, deberás preguntarte sobre las fases importantes de tu vida y las respuestas que hallarás te permitirán encontrar semejanzas entre los diferentes momentos que has vivido.
Nathan se puso de pie, miró a Jack en los ojos y le hizo entender que lo que iba a decir a continuación era de suma importancia.
─ Jack, ¿qué te ha interesado siempre?
─ Todo lo referente a la naturaleza, la vida sobre la tierra y las relaciones entre todos los seres vivos.
─ ¿Cuál es el lugar con el que has soñado siempre desde niño?
─ El lugar en el que ahora vivo.
─ ¿Qué es lo que más te preocupa hoy en día?
─ Sin lugar a dudas, lo que el hombre le hace a la naturaleza.
─ Desde ayer, sé gracias a ti que el lugar en el que nos encontramos es, hoy en día, una de las regiones ideales para saber el estado de salud de la Tierra. ¿Qué bien, no?
─ Sí. Aquí el nivel del mar sube más rápidamente y los corales son los seres vivos más frágiles que existen en la Tierra. La más mínima perturbación les afecta.
Nathan volvió a tumbarse y miró el cielo.
─ Bueno, Jack, incluso la fragilidad de los corales tiene un motivo profundo.
Jack miró a Nathan sorprendido y dijo:
─ ¿Para prevenirnos sobre la posibilidad de una catástrofe?
Nathan afirmó con un gesto.
─ ¿Esto explicaría entonces por qué aquí el nivel del mar sube más rápidamente? preguntó nuevamente Jack.
Nathan asintió nuevamente y dijo:
─ Coge esas informaciones y asócialas con las fases importantes de tu vida, Jack. ¿Por qué te interesa la biología? ¿Por qué te has interesado precisamente en este campo? ¿Por qué sentías ese ferviente deseo de venir aquí?
Jack seguía en silencio.
─ De hecho, Jack, continuó Nathan, siempre has seguido el objetivo de tu vida y hoy, mejor que nadie, puedes ser el protector de la Gran Barrera Coralina. Desde aquí, podrás hacer que el mundo tome Conciencia sobre lo que más amas.
Jack miró al horizonte sin pronunciar palabra. Mihaela y Ioana volvían de su paseo y propusieron regresar al agua. Jack aún se hallaba sumido en sus pensamientos después de las palabras de Nathan y les dijo que no esperasen por él. Les alcanzaría más tarde. Mihaela y Ioana fueron a nadar mientras que Nathan seguía al lado de Jack. Luego, se unieron a las jóvenes y los cuatro juguetearon en el mar. Después de un rato, regresaron al catamarán y emprendieron su regreso. Durante su viaje, Nathan dijo que ése sería su último día en Cairns. Regresaría a Sídney al día siguiente. Mihaela dudó un poco y luego le preguntó a Nathan si podía aprovechar e ir a Sídney con él, porque debía tomar el avión en cuatro días para volver a Europa. Nathan respondió que jamás rechazaría tan agradable compañía. Cuando llegaron, bajaron de la embarcación y se despidieron de Jack. Mihaela y Ioana le agradecieron el tan maravilloso día y se subieron al autocaravana de Nathan. Nathan intercambió aún algunas palabras con Jack.
─ No has dicho mucho durante el camino de regreso, señaló Nathan.
─ Tus palabras le dieron un sentido a un gran número de acontecimientos que he vivido durante mi vida hasta ahora. Todo tiene un nuevo significado.
─ Eres realmente especial, Nathan. ¿Lo sabías?
─ Todos lo somos, Jack. Simplemente que no todos somos conscientes de ello.
Se abrazaron y se desearon buena suerte. Nathan subió al autocaravana y pasó por el hotel de Mihaela y Ioana para coger sus equipajes.
─ Hemos oído algo de vuestra conversación, dijo Mihaela. Por lo que pudimos oír, has podido compartir cosas importantes con Jack.
─ A veces, dijo Nathan, disponemos de todos los elementos para saber algo, pero sólo somos conscientes de ello cuando alguien no los indica.
Ioana quiso preguntarle de qué hablaban, pero Mihaela le hizo señas de que podría tratarse de algo personal. Al no querer pasar por indiscretas, no hicieron más preguntas. Pero Nathan se dio cuenta de su curiosidad.
─ Hablábamos del verdadero objetivo de nuestra vida. ¿Cuál es el vuestro? ¿Cuáles son vuestros sueños?
─ Estudio psicología y espero poder ejercer cuándo me gradúe, respondió Ioana.
─ ¿Y tú, Mihaela?
─ Tenía muchos sueños, pero ya no, respondió ésta.
─ Me parece algo pesimista de tu parte, dijo Nathan.
─ Mihaela sigue teniendo un sueño, intervino Ioana, un sueño que tiene desde hace tiempo.
─ Quisiera saber de qué se trata, dijo Nathan.
─ No, olvídalo, respondió Mihaela. La vida lo decidió de otra manera.
─ Mihaela ha querido siempre crear un gran orfanato, dijo Ioana.
─ Lo que explica muchas cosas, dijo Nathan.
─ ¿Qué quieres decir? preguntó Mihaela.
─ Tienes compasión, tanta como para poder influir en la vida de mucha gente.
─ Todas las personas que conocen bien a Mihaela coinciden en que tiene un gran corazón, confirmó Ioana.
Nathan aparcó la autocaravana a un lado de la calle, se volvió hacia Mihaela y le dijo:
─ Mihaela, si abandonas ese sueño que tienes desde siempre, sería como si te dejarás morir un poco. Eres consciente de lo que es realmente importante en tu vida, es decir, tu objetivo, ese deseo interior con el que has venido a la tierra.
─ ¿El deseo interior con el que he venido a la tierra?
─ Cada uno, desde que empieza a existir, es consciente del objetivo de su vida, respondió Nathan. Un deseo oculto en lo más profundo de nuestro ser que no nos abandona jamás.
─ ¿Te refieres a lo que debemos hacer en la vida? intervino Ioana.
─ No se trata de una obligación, respondió Nathan. Nosotros escogemos prestarle atención o no.
─ ¿Y quienes no descubren el objetivo de sus vidas? preguntó Ioana mientras Mihaela escuchaba con mucha atención.
─ Quiere decir que no prestan atención ni a las señales ni a su deseo interior. Persiguen objetivos fugaces que les hacen sentir algo de alegría, pero jamás les aportarán una verdadera satisfacción.
─ ¿Sería una elección determinante para nuestra felicidad? preguntó Mihaela.
─ Sí, Mihaela. Si conocemos nuestro deseo interior y tratamos de hacerlo realidad, estaremos viviendo plenamente nuestra vida.
─ ¿Qué debería hacer, en tu opinión? preguntó Mihaela.
─ Ya sabes cuál es tu meta en la vida. Y eso ya es algo extraordinario. Ahora sólo debes estar atenta a las señales.
─ ¿Señales? ¿De qué se trata? dijo Ioana.
─ Las señales transmiten mensajes que contribuyen a hacer realidad la meta de tu vida. Desde el momento en el que empiezas a prestarles atención se manifiestan cada vez con más frecuencia.
Nathan volvió a poner en marcha la autocaravana. Sus palabras habían impresionado a las jóvenes. Había hablado con tal convicción que ni Mihaela ni Ioana dudaron de sus palabras. Nathan y Mihaela condujeron por turnos hasta Sídney. El trayecto duró dos días. Al llegar, Nathan devolvió la autocaravana a la agencia de alquiler de coches. Decidió regresar al hotel donde se había hospedado. Mihaela y Ioana también reservaron una habitación. Nathan les prometió que la noche previa a su partida la pasaría con ellas. Al día siguiente, hacia el final de la tarde, Nathan hizo algunas compras. Qiao estaba encantado de volverle a ver. Nathan le preguntó cuándo tendría un tiempo libre para charlar. Qiao, entusiasta, respondió que su sobrino podría sustituirle en cualquier momento. Le llamó en ese momento y, una media hora más tarde, Nathan y él daban un paseo por Kings Cross, un barrio de Sídney conocido como el centro de la vida nocturna. Nathan quería saber un poco más sobre la vida de Qiao, quien le contó sobre su vida sin ningún problema. Hablaba del pasado con gran nostalgia.
─ Desde que decidí dejar mi país, siento que inconscientemente he escogido el exilio. ¿Es raro, no?
─ Cada sentimiento tiene su motivo. Cuéntame de tu vida en China.
─ Mi familia es de Shanghái, pero pasé la mayor parte de mi juventud en un monasterio cerca de Lijiang, una ciudad de la provincia de Yunnan, en el suroeste del país. Me acogieron como un joven monje y seguí la doctrina de un anciano maestro.
─ ¿De qué trataba la doctrina?
─ Nuestro maestro, ya en ese momento muy anciano, nos decía que al inicio de nuestra vida aún nos encontramos cerca de la Conciencia superior y que, a medida que crecemos, nuestros pensamientos se orientan hacia el mundo exterior.
Nathan escuchaba con gran interés.
─ Con el tiempo, nos identificamos con nuestro cuerpo, con lo que poseemos, con nuestra imagen, etc.
─ ¿Qué quería demostrarte tu maestro?
─ El objetivo de sus palabras era incitarnos a volver a nuestra esencia profunda. Quería que entendiéramos que nos hacíamos una falsa imagen de la realidad y que, de esta manera, nos alejamos de nuestra esencia y, por consiguiente, de nuestra Conciencia superior.
Nathan asintió y señaló que compartía esta forma de ver las cosas. Cuanto más Qiao hablaba de esta doctrina, más se interesaba Nathan en ella. Qiao propuso entonces seguir la conversación al día siguiente en su casa. Nathan respondió que ya se había comprometido en pasar la velada con las dos amigas que había conocido en Cairns. Explicó que no podía postergarlo, porque las jóvenes regresarían a Europa al día siguiente. Qiao le dijo que invitara a las jóvenes de su parte. Agregó que su esposa prepararía una cena deliciosa para la ocasión. De regreso al hotel, Nathan pasó por la habitación de Mihaela y Ioana para hacerles llegar la invitación de Qiao. La recibieron encantadas. La noche siguiente, Nathan, Mihaela y Ioana se dirigieron a casa de Qiao y su esposa, Stephanie, una mujer menuda y delgada procedente de Perth, en la costa oeste de Australia. Estaba muy comprometida con lo social. Había ido varias veces a las regiones pobres y había participado en varios proyectos humanitarios. De todos los países que había visitado, China era el que más le había impactado. Ya había estado allí con Qiao en varias ocasiones y cada vez se sentia más fascinada por el país. Para la cena había preparado un plato típico chino. Por supuesto, durante la cena hablaron sobre China.
─ La cultura china, dijo Stephanie, apunta tanto a nuestro intelecto como a nuestra fantasía. China es, de verdad, un país cautivador.
─ Cuando nos sumergimos en la magia de nuestra cultura, prosiguió Qiao, tenemos experiencias interiores realmente únicas.
─ ¿A qué te refieres con experiencias interiores? dijo Ioana.
─ Las experiencias que hacen que nos enfrentemos con nosotros mismos, respondió Stephanie. En China, aprendí a reflexionar sobre lo que me sucedía y así pude aprender mucho sobre mí misma.
Qiao y Stephanie hablaron largo rato y apasionadamente sobre su experiencia en China. Se podía ver el encanto que este país producía en ellos. Después de cenar, Stephanie recogió la mesa junto con Mihaela y Ioana. Continuaron su charla en la cocina. Qiao invitó a Nathan al salón. Siguieron su conversación con una taza de té.
─ Ayer, dijo Qiao, quería hablarte de un hombre encomiable que conocí no hace mucho. Su nombre es Yeshe. Viene de Lhasa, en el Tíbet. Ahora vive en Melbourne y da clases de meditación.
─ Un hombre excepcional, dices. ¿Qué es lo que lo hace excepcional? preguntó Nathan.
─ Mantuve una larga conversación con él y comprendí que la visión que tiene de la vida se basa en el mismo saber antiguo de mi viejo maestro.
Nathan dejó que Qiao prosiguiera.
─ Supe por un amigo que Yeshe era el líder de un movimiento, cuyos seguidores no cesan de aumentar, incluso más allá de las fronteras de China.
A Nathan le interesaba cada vez más el antiguo saber del que hablaba Qiao.
─ ¿Qué más podrías decirme sobre este antiguo saber?
─ La clave que nos da es que el hombre no dirige el mundo, sino que le rigen las fuerzas que influyen en nuestra vida.
─ ¿A cuáles fuerzas te refieres?
─ Mi viejo maestro las denominaba las fuerzas de la luz y las fuerzas de las tinieblas. Las fuerzas de la luz imponen orden en el caos, mientras que las fuerzas de las tinieblas son destructivas. Estas dos fuerzas influyen en nuestros comportamientos.
Lo que decía Qiao despertaba la curiosidad en Nathan que, intuitivamente, sentía que esa información no le llegaba por casualidad.
─ ¿Cómo explicas el éxito del movimiento de Yeshe?
Qiao pensó por un instante.
─ Creo que hay que considerar un aspecto muy importante. Según el saber antiguo del que hablamos, las fuerzas superiores rigen el mundo y no el hombre, como te dije antes. Entonces, este saber no da lugar a la noción de pecado.
─ Por supuesto, este planteamiento es muy atractivo para muchas personas porque les libera del sentimiento de culpa. Pero, ¿qué dice ese saber sobre los actos que perjudican a los demás?
─ Según mi maestro y también según Yeshe, el mal no existe. ¡Sólo existe el “bien” y el “menos bien”!
Nathan, cada vez más interesado, deseó poder conocer a Yeshe. Qiao dijo estar totalmente dispuesto a ir a Melbourne los próximos días para visitar a Yeshe. Ioana entró en la habitación para darle a Nathan una noticia importante. Stephanie trabajaba para una importante organización internacional, de la cual era fundadora, y llevaba varios proyectos humanitarios alrededor del mundo. Mientras charlaban, Ioana le había dicho a Stephanie que el sueño de Mihaela era el de fundar un orfanato, preferiblemente en Rumania. Por casualidad, Stephanie conocía bien a uno de los miembros directivos de tal organización humanitaria, una mujer que disponía de la experiencia necesaria y de los medios requeridos para llevar a cabo proyectos de este tipo. Stephanie le propuso ayudar a Mihaela para que presentase la propuesta del proyecto. Qiao se puso de pie y fue a buscar dos botellas para festejar la noticia. Nathan fue a ver a Mihaela en la cocina. Stephanie se volvió para ir al salón. Mihaela lloraba de alegría y abrazó a Nathan. Quiso decir algo, pero Nathan le puso su mano sobre la boca, porque en un momento similar lo mejor era mantener silencio. Se unieron a los demás en el salón. La velada terminó de forma alegre. Los jóvenes regresaron al hotel en taxi. Mihaela y Ioana acompañaron a Nathan a su habitación. Ioana dijo que estaba cansada, agradeció a Nathan por esos días maravillosos que habían pasado juntos y luego fue a su habitación. Nathan se sentó sobre la cama y Mihaela se acostó al lado de él con una mano detrás de la nuca y la otra sobre su vientre mientras fijaba en el joven una mirada seductora. Nathan comprendió enseguida lo que quería. La joven se acercó a él y le tomó la mano. Cuando Mihaela posó sus labios sobre los de Nathan, éste recordó a Sophie con tal fuerza que tuvo la impresión de sentir su presencia en la habitación. Apartó a Mihaela de él y se disculpó por no haberle dicho que ya estaba con alguien. Mihaela le dejó de inmediato, sin ocultar su decepción. Nathan le dijo:
─ Es mi culpa. No debí haber dejado que las cosas llegasen tan lejos.
─ ¿Podemos al menos ser amigos?
─ Pero, ya somos amigos, Mihaela.
Nathan la acompañó hasta la puerta de su habitación.
─ Mihaela, eres una hermosa mujer y, sobre todo, eres bella por dentro. Si no estuviera con alguien, sin duda vería nuestra relación de otra manera.
Estas palabras de consuelo hicieron que unas lágrimas se asomaran en los ojos de la joven.
─ ¿Cómo podré encontrar jamás a alguien como tú? Compararé siempre a los hombres contigo...
Nathan le puso la mano nuevamente sobre la boca.
─ En este momento, todo parece confuso, no puedes pensar con claridad.
Después de estas palabras, Nathan le dio un beso inocente en la mejilla. Mihaela sonrió y le acarició dulcemente la mejilla.
─ Sea quien sea, esa mujer tiene de verdad mucha suerte de tenerte.
Se disculpó y fue a su habitación. Nathan cerró la puerta. Se sentía incómodo por esta situación. Debió haber sido más claro en sus intenciones desde el primer momento. Se reprochó por su ingenuidad y se sintió culpable del daño que había causado.
Al día siguiente, tomó el desayuno con las dos jóvenes. Aprovechó el momento cuando Ioana estaba en otra habitación, para preguntarle a Mihaela cómo se sentía. Dijo que él le había mostrado una sinceridad honorable, pero que temía que su amistad se viese afectada. Nathan le dijo que no veía ninguna razón para que eso ocurriera. Le recordó que en tan poco tiempo habían creado grandes lazos de amistad. Le pidió además que le tuviese al tanto sobre la evolución del proyecto que se pondría en marcha gracias a la ayuda de Stephanie. Después de desayunar, Nathan acompañó a Mihaela y a Ioana al aeropuerto. Unos días más tarde, Nathan se encontraba de nuevo en el aeropuerto, esta vez con Qiao. Viajarían a Melbourne.