Curiosidad
Alrededor de una hora después, Lucy bajó y despertó a los jóvenes. Cuando Nathan vio a la gitana que había abandonado la habitación y bajaba la escalera, se levantó y se acercó a ella para preguntarle:
─ ¿Ha podido hacer algo por ella?
─ El mal se ha ido. Ahora, el tiempo tiene que hacer su trabajo.
Esta afirmación le hizo a Nathan desconfiar.
Mientras, Lucy les contaba a Paul y a Charlie lo que había pasado en la habitación.
─ ¿Sabe de qué está enferma? preguntó Nathan a la gitana.
─ Eso tiene poca importancia, respondió ella.
La desconfianza de Nathan aumentó.
─ ¿Cómo sabe que el mal se ha ido? Quiso saber.
La gitana respondió:
─ ¡Lo que lleva a la recuperación no se encuentra en el cerebro sino en el corazón!
Las palabras de la gitana habían conseguido barrer la desconfianza de Nathan que respondió:
─ Quiero darle las gracias por segunda vez hoy, esta vez por la curación.
─ Mereces tanto agradecimiento como yo, le dijo ella.
─ ¿Por lo que he hecho? Se extrañó Nathan.
─ ¡Y porque que eres tú el que has traído el agua! explicó la gitana.
Nathan comprendió que esta mujer también veía un lazo entre el agua y él.
-¿Por qué dice eso? Le preguntó. ¿Qué quiere decir?
La gitana le miró con aire sorprendido.
─ ¿Aún no lo sabes?
─ ¿Qué debería saber?
─ Si aún no lo sabes, es que todavía no ha llegado el momento de que lo sepas.
Nathan no se había quedado satisfecho con la respuesta, pero sabía que la gitana no le contaría más cosas y no insistió. La historia del espíritu moro continuó intrigándole.
─ He oído decir que vive en la cueva de un espíritu moro.
La mujer tomó a Nathan por el brazo y se lo llevó aparte.
─ Para ti, esta historia no tiene importancia.
─ ¿Qué le hace pensar eso?
─ ¡Créeme!
Nathan intentaba comprender lo que había querido decir la gitana. ¿Esta historia no significaba nada para él? ¿Es que esta mujer buscaba sencillamente excitar su curiosidad? O al contrario, ¿tenía miedo de que se diera cuenta de que se trataba una superchería?
─ ¿Intenta mantener un misterio? le preguntó.
─ La realidad es en sí misma un misterio, respondió la mujer.
─ Entonces, cuénteme lo que sabe con seguridad, le pidió el joven.
─ La fuerza del misterio se perderá, respondió la mujer.
Nathan se tomó tiempo para reflexionar. La gitana le miraba sin decir nada. Nathan observó la tranquilidad que emanaba de ella. Debía de estar muy segura de sí misma.
─ Entiendo, dijo. Mientras las personas crean en el misterio, os reconocerán ciertos poderes.
─ Como te he dicho, para ti, esta historia no tiene importancia.
Nathan concluyó que la gitana debía su poder principalmente al hecho de que la gente la tomaba por más de lo que era. Confiaban en ella sin tener en cuenta la realidad.
Nathan reflexionó en voz alta:
─ Es como el pastor que confía ciégamente en mí porque ve en mí más de lo que soy en realidad.
La gitana sonreía.
─ ¿Estás seguro de que el pastor se equivoca?
Nathan se calló y reflexionó mientras la gitana añadía:
─ ¡El tiempo es el mejor consejero!
Se oyó la puerta que se abría en el piso superior. Todo el mundo se volvió hacia la escalera. Jessica apareció del brazo de la mujer del pastor. El viejo, emocionado, se precipitó a abrazar a su mujer.
Cuando estaban abajo, el pastor abrazó a Jessica, a Lucy y a la gitana. Levantó los brazos hacia el cielo:
─ ¡Estad seguros de que toda Granada sabrá que un milagro se ha producido aquí y ahora!
─ Si me volvéis a necesitar, dijo la gitana, no dudéis en venir a buscarme.
Se giró después hacia Nathan:
─ Tengo que irme ahora. Me alegro de haberte conocido, Nathan.
La curación de la mujer del pastor había desconcertado al joven, que se planteaba nuevas preguntas.
─ ¿A que puede atribuirse esta curación? le preguntó a la gitana.
─ A la esperanza de todos aquellos que hoy se han preocupado por su suerte, respondió.
─ ¿Eso es todo? se extrañó Nathan.
─ ¡Y a la fuerza del misterio! añadió la gitana.
Sonríó y abrazó a Nathan diciéndole:
─ Sigue viviendo con la misma curiosidad y tendrás una conciencia más amplia de la que tienes ahora, algo que el mundo necesita.
Antes de que Nathan hubiera podido entender lo que acababa de oír, la gitana ya había subido al coche. Paco, al ver que Nathan estaba desconcertado, se dirigió a él:
─ Veo que “La que lo sabe todo” te ha hablado. No sé lo que te ha dicho, pero quiero que sepas que no la llamamos “La que lo sabe todo” por nada.
─ ¡Gracias por todo, Paco!
─ Somos nosotros quienes te damos las gracias, Nathan.
Mientras el coche se alejaba, Nathan se dio cuenta de que su misión aquí había terminado y anunció al pastor que sus amigos y él tenían que seguir su camino. El pastor le propuso quedarse un día más.
─ Tengo que ir en busca de otras personas, afirmó Nathan.
─ Comprendo, respondió el pastor. Sería egoísta por mi parte querer retenerte por más tiempo.
Los jóvenes se despidieron del pastor y de su mujer. Esta les regaló una cesta con vino, aceite, almendras y pastelitos. Charlie y Jessica tomaron de nuevo asiento en el coche de Nathan. Por el camino, hablaron de los acontecimientos de la jornada. Después de un momento, guardaron silencio. Nathan estaba sumido en sus pensamientos. Estaba pensando en las últimas palabras de la gitana: “Sigue viviendo con la misma curiosidad y tendrás una conciencia más amplia de la que posees, ¡una conciencia que el mundo necesita!”
Era ya tarde cuando llegaron a Granada. Después de encontrar aparcamiento para los coches, decidieron dar una vuelta por el centro. Durante su paseo, llegaron a la colina del Albaicín, un barrio que se remonta a la época musulmana. A Nathan le encantaba el ambiente del barrio. Paul propuso pararse en algún sitio para comer. No lejos de allí, había una bonita plaza y se sentaron en una terraza. En una de las mesas contiguas, un hombre estaba ocupado mirando fotos. Nathan reconoció las casas típicas del barrio del Albaicín y le pidió al hombre si podía echar un vistazo a las fotos. El hombre se llamaba Antonio. Nathan le presentó al resto del grupo. Antonio era el responsable de la renovación de las viviendas en la colina del Albaicín. Se encargaba de devolverlas a su estado original. Ya había convertido algunas en hoteles con encanto. Cuando Antonio se enteró de que los jóvenes iban a pasar la noche en la caravana, les invitó espontáneamente a alojarse en una vivienda del Albaicín. Después de la cena, los jóvenes siguieron al hombre que les enseñaría sus habitaciones para pasar la noche. Dormirían en un maravilloso decorado.
Al día siguiente a mediodía, los dos vehículos llegaron a Tarifa y se metieron por típicas callejuelas estrechas. Las casas encaladas, así como el ambiente cordial, le recordaban a Nathan el pueblo de Mojácar. Con entusiasmo, Charlie y Jessica mostraron a Nathan el camino que llevaba a la propiedad donde vivían. Los miembros de la comunidad se alojaban en casas construídas alrededor de un patio. Algunos de ellos vinieron a su encuentro. La joven pareja presentó a Nathan a sus compañeros que le dieron una calurosa bienvenida. Como sabía varias lenguas, el joven habló con bastantes de ellos en su propia lengua. Después de esta breve toma de contacto, una encantadora joven, Maite, condujo a Nathan a su habitación. Hablaban en español.
─ ¿Te vas a quedar con nosotros por una temporada? preguntó Maite.
─ Tengo la impresión de que me voy a quedar algún tiempo, respondió Nathan sonriendo.
─ Sean cuales sean los motivos de tu estancia entre nosotros, aseguró Maite, haremos que te resulte lo más agradable posible.
Al igual que le pasó cuando conoció a sus nuevos amigos a la salida de Cartagena, Nathan sintió también aquí esa amistad sincera.
─ ¿Hace mucho que estás aquí? preguntó Nathan a la joven.
─ Vengo de Barcelona, llegué aquí hace algunos meses, respondió ella.
─ ¿Vuelves a menudo a Barcelona?
─ Mi casa está ahora aquí.
Nathan sintió que se trataba de un tema delicado para ella. Le dijo:
─ ¡Uno se siente en casa donde se siente comprendido!
Maite sonríó.
─ He oído decir que viajas desde hace tiempo, le dijo al joven. ¡Ese sería mi sueño!
─ Entonces, ¡ya estás viajando! respondió Nathan.
Se rieron.
─ ¿Sabes cuándo vendrá Pablo? preguntó Nathan.
─ ¿Conoces a Pablo? preguntó Maite.
─ Todavía no le conozco, respondió Nathan.
─ Volverá de los Países Bajos dentro de unos días, le informa Maite.
Durante los días siguientes, Nathan habló con muchos miembros de la comunidad y descubrió lo que tenían en común. La mayor parte de ellos había sufrido alguna decepción y alimentaba ahora el mismo sueño de un mundo mejor. Algunos tenían ideas muy vagas sobre ese mundo mejor, mientras que otros, tenían ideas muy concretas. Nathan hablaba con unos y otros. Lo que más le llamaba la atención era la confianza que todos tenían en Pablo. Cuanto más oía hablar de este hombre, más le intrigaba el personaje. Esperaba con impaciencia poder conocerle.