Deseo profundo
Nathan y Qiao llegaron a Melbourne al mediodía. Su encuentro con Yeshe no sería sino al día siguiente. Los dos hombres se hospedaron en un hotel en el barrio de Fitzroy y luego tomaron el tranvía para conocer la ciudad. Los parques tenían un diseño increíble. Nathan también admiró la belleza de las casas y de otros edificios. A la noche siguiente, Nathan y Qiao fueron a casa de Yeshe. Qiao estaba feliz y nervioso a la vez. Él había organizado el encuentro entre Nathan y Yeshe. Se figuraba que este encuentro tendría una gran importancia. Una dama amable les recibió y les condujo a una sala pequeña y acogedora en la que había grandes cojines en lugar de sillas. Les llevó té y les anunció la llegada de Yeshe. Qiao sirvió tres tazas y esperó a Yeshe para beber. Llegó con un libro debajo del brazo. Tenía el pelo negro y llevaba una barba finamente cortada. Era un hombre delgado y apuesto. Qiao y Nathan se pusieron en pie y le agradecieron por haber reservado un tiempo libre para recibirles. Pero, algo raro sucedió. En lugar de darles la bienvenida, Yeshe permaneció en silencio observando a Nathan. Sin despegar los ojos del joven, se sentó en silencio en frente de sus huéspedes. Nathan y Qiao estaban un poco incómodos. Para romper el hielo, Nathan agradeció nuevamente a Yeshe por haberles invitado y dijo que deseaba conocer su doctrina. Yeshe siguió observando a Nathan. Por fin, se disculpó por mostrarse desconcertado aun sin dar ninguna explicación. Al rato, respondió a Nathan como si nada.
─ Mi filosofía radica en ¡“la verdad de las verdades”!
Sin embargo, se podía ver que algo le intrigaba. Nathan y Qiao intercambiaron miradas: el comportamiento de Yeshe les parecía raro. De todas formas, puesto que no comentaba lo que le sucedía, Nathan decidió no darle mayor importancia. El joven simplemente siguió la conversación.
─ “La verdad de las verdades”... ¿De dónde proviene el nombre de su doctrina?
Yeshe se repuso de su estado de enajenación. Durante la siguiente conversación, demostró que conocía profundamente el saber antiguo sobre el que se fundaba su filosofía.
─ Para empezar, dijo, percibimos el mundo a través de nuestros sentidos. Se trata del mundo basado en la experiencia. Pero, más allá de este plano existe un mundo al que no podemos acceder directamente, ya que se halla oculto en el mundo de la experiencia. “La verdad de las verdades” es una doctrina que nos enseña a desvelar ese mundo.
─ ¿Qué dice esa doctrina sobre la existencia del hombre? preguntó Nathan.
─ Estamos en la tierra para evolucionar en el plano espiritual. Sólo podremos conseguirlo si manejamos nuestros bajos instintos animales y nuestra inclinación hacia el materialismo.
─ ¿Es esto válido para cada uno de nosotros? preguntó Nathan.
─ Somos libres de elegir el curso de nuestra vida, pero “la verdad de las verdades” nos enseña que aquél que no se dedique a su crecimiento espiritual se hunde en la irracionalidad y en el materialismo.
─ Y, ¿cuál es el destino de quienes se encuentran en la búsqueda de su crecimiento espiritual?
─ Se liberan cada vez más de sus bajos instintos y de su inclinación hacia el materialismo. Vuelven a la esencia que se halla en lo más profundo de nosotros. Regresan a su estado puro.
─ ¿Su estado puro?
─ El estado puro es el momento en el que el sufrimiento se disipa por completo. Al vencer el sufrimiento somos capaces de sentir el fluir puro de nuestra Conciencia superior.
Nathan tomó su tiempo para reflexionar sobre lo que decía Yeshe.
─ ¿Cómo ocurre tal evolución espiritual? ¿Cómo se alcanza el estado puro?
─ Orientando nuestros pensamientos hacia la dirección correcta.
Qiao quiso agregar algo:
─ La mayoría de las personas no presta mucha atención a sus pensamientos. Por ello hay tanto sufrimiento en el mundo.
Por el momento, Nathan había recibido confirmación de lo que ya sabía. La explicación era diferente, pero su contenido era el mismo. Confiaba entonces en la doctrina de Yeshe. Sabía que si formulaba las preguntas adecuadas, un nuevo conocimiento aparecería:
─ En el mundo entero es fácil comprobar que la gente puede hacer lo mejor, pero también lo peor. ¿Qué dice “la verdad de las verdades” al respecto?
─ El universo nos da el valor para cambiar lo que podemos cambiar. Asimismo, nos da la serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar y la sabiduría para poder distinguir entre los dos momentos. Como ya he dicho antes, somos libres de elegir lo que hacemos con los dones del universo.
─ Ante el gran sufrimiento que existe en el mundo, me pregunto, dijo Qiao, si esta libertad es en verdad algo bueno.
─ Si no tuviéramos la libertad de elección, respondió Yeshe, estaríamos de antemano condenados a seguir nuestras inclinaciones primitivas y nuestra tendencia al materialismo... Nuestra existencia tendría poco sentido.
─ ¿Cómo podemos entender nuestra evolución espiritual?
─ Si entendemos que vivimos según la ley del karma, que indica que cada acto, además de provocar consecuencias directas en el mundo de la experiencia, también produce una consecuencia interior que determina siempre nuestras experiencias futuras.
Nathan conocía la ley universal de causa-efecto y ya sabía que, tarde o temprano, siempre se cosecha lo que se ha sembrado. Yeshe prosiguió:
─ Si consideramos esta ley, podremos comprender de manera exacta hasta qué punto somos responsables de nuestras experiencias futuras y comprenderemos nuestra evolución espiritual.
─ ¿Cómo explica “la verdad de las verdades” que haya gente interesada en la espiritualidad y otra que prefiera fundirse en la masa?
─ Cada uno de nosotros tenemos necesidades interiores que podemos satisfacer de distintas formas. Todo dependerá de nuestro comportamiento y de nuestros actos. “La verdad de las verdades” hace la distinción de cuatro necesidades y nos enseña cómo manejarlas si queremos seguir el camino espiritual.
─ Yeshe abrió entonces el libro que había traído consigo. Cuando encontró la página que buscaba, empezó a enumerar las necesidades interiores. Levantó el pulgar para anunciar la primera necesidad. Nathan y Qiao escuchaban atentamente.
─ La primera necesidad es la necesidad de unicidad. Cada uno de nosotros necesita diferenciarse de los demás. Aquél que busca satisfacer esta necesidad a través de la espiritualidad lo hará en función del bien de los demás y no perjudicándoles. Podrá lograrlo mediante la profundización de sus relaciones, irradiando y transmitiendo a los demás su energía positiva.
Yeshe anunció la segunda necesidad levantando el índice.
─ La segunda necesidad es la necesidad de unidad. Cada uno de nosotros siente la necesidad de unirse a algo mucho más grande. Aquél que busca satisfacer esta necesidad a través de la espiritualidad, será consciente de que la espiritualidad no trata sólo de lo espiritual, sino que abarca todo.
Para anunciar la tercera necesidad, Yeshe levantó el dedo dedo corazón.
─ La tercera necesidad es la necesidad de realización personal. Cada uno de nosotros siente la necesidad de ser útil de manera creativa. Aquél que busca satisfacer esta necesidad a través de la espiritualidad, buscará su creatividad profunda para que la inteligencia consciente del orden universal se exprese a través de él.
Yeshe levantó entonces el dedo anular.
─ La cuarta necesidad es la necesidad de reconciliación. Cada uno de nosotros siente la necesidad de conocer su lugar en el mundo a nivel emocional. Aquél que busca satisfacer esta necesidad a través de la espiritualidad tratará de alcanzar la pureza mental, la iluminación y la unificación para fundar su vida sobre el amor creador.
Nathan reflexionó un momento sobre estas cuatro necesidades espirituales.
─ Al satisfacer correctamente las necesidades existenciales, agregó Yeshe, nos acercamos a nuestra esencia profunda y evolucionamos hacia la dirección del estado puro.
─ ¿Cómo podemos saber si lo hacemos correctamente? preguntó Qiao.
─ Si analizamos la naturaleza de nuestras aspiraciones, respondió Yeshe. Nuestros sentimientos impulsan nuestras aspiraciones.
─ Y, ¿qué determina nuestras aspiraciones? insistió Qiao.
─ Nuestros pensamientos profundos. Se trata de los pensamientos más importantes porque influyen en nuestra vida.
─ Y, ¿Qué determina nuestros pensamientos profundos? preguntó Nathan.
Yeshe miró a Nathan fijamente.
─ Nuestra voluntad profunda determina tales pensamientos.
Nathan estaba intrigado.
─ Nuestra voluntad profunda es nuestra esencia, nuestra auténtica realidad. Gracias a ésta podemos crear algo que no existía antes.
Yeshe se dirigió ahora a Nathan:
─ Has emprendido muy pronto el camino para alcanzar tu voluntad profunda, para satisfacer tu elemento natural, Nathan.
De las palabras de Yeshe se desprendía una fuerza impresionante. Nathan sintió lo mismo cuando Sanah le había hablado de la magnitud de su misión. Yeshe acababa de enseñarle a Nathan algo totalmente fundamental. Nathan ya sabía lo importante que era verificar los sentimientos subyacentes de cada pensamiento. Sabía lo que se hallaba en la base de los sentimientos: algo que estaba vinculado directamente a nuestra naturaleza, nuestra voluntad profunda. Nathan se levantó, tomó las manos de Yeshe y le dio las gracias:
─ Gracias por estas sabias palabras.
─ El honor no es para mí, sino para aquél que las entiende y las acepta.
Nathan se despidió de Yeshe y se marchó de la sala mientras que Qiao se quedó un rato más con su anfitrión. Quería saber por qué se había mostrado de esa manera tan rara al ver a Nathan.
─ Me han dicho que tienes un don, le dijo a Yeshe, un don que te permite comprender la particularidad de cada uno de nosotros. ¿Es por eso que te sorprendiste al ver a Nathan?
─ ¿Qué te han dicho sobre mí?
─ Que puedes ver el ego de la gente.
Yeshe no lo confirmó, pero tampoco lo negó.
─ ¿Qué quieres saber? le preguntó a Qiao.
─ ¿Qué has visto en Nathan?
Yeshe se acercó a Qiao y le miró fijamente a los ojos.
─ Es la primera vez en mi vida que conozco a alguien al que no puedo ver su ego.
Qiao estaba atónito.
─ ¿Qué quieres decir?
─ ¡Tengo la sensación de que Nathan nació sin ego! Si eso es verdad, Nathan no puede diferenciar su propio bienestar del de los demás. Entonces no sentiría ni ansia de poder ni apetito material.
─ ¿Qué más sabes?
─ Nathan acaba de franquear la novena puerta.
─ ¿Hablas de las puertas que conducen al estado puro?
Yeshe asintió con la cabeza y prosiguió:
─ Muy pronto, Nathan buscará las últimas dos puertas que lo separan aún de la última gran puerta, la puerta del estado puro.
─ ¿La décima y undécima puerta? ¿La Calma y la Sabiduría?
Yeshe se sorprendió del conocimiento de Qiao y afirmó que se refería a eso exactamente.
─ ¿Qué sucederá entonces cuando Nathan alcance el estado puro? preguntó Qiao, ansioso por saber la respuesta.
Yeshe no dijo nada y lo miró como si dudara sobre la respuesta que iba a darle. Al final, respondió:
─ Nadie puede decir lo que sucederá exactamente, pero lo cierto es que Nathan posee la empatía suficiente como para aliviar al mundo entero de su sufrimiento.
─ ¿Sabes que eso es exactamente lo que pensé cuando lo vi por primera vez? dijo Qiao.
─ Eres más que un simple espectador. Desde vuestro primer encuentro, has desempeñado un papel importante.
─ ¿Cuál papel?
─ Ahora debes conducir a Nathan hacia la fuente en la que tú mismo has saciado tu sed de conocimiento.
─ ¿Dónde?
─ Donde has aprendido tus conocimientos más importantes.
─ ¿Hablas de mi viejo maestro Shuang?
─ Shuang podrá darle a Nathan nuevas explicaciones sobre el camino a seguir para alcanzar el estado puro.
Yeshe y Qiao se despidieron. Qiao deseó buen viaje a Yeshe, luego salió de la habitación, pensativo. Nathan se le acercó.
─ ¿Qué sucede? le preguntó a Qiao.
─ Yeshe me ha dicho que eres excepcional.
─ ¿Qué ha dicho? ¿Es por eso que se quedó sin decir nada al verme?
Qiao miró a Nathan y puso sus manos sobre los hombros del joven.
─ Yeshe tiene un don. Ya había oído hablar sobre eso, pero quería saberlo de primera mano.
─ ¿Cuál don? preguntó Nathan.
─ Puede ver el ego de las personas.
Nathan pensó antes de preguntar lo siguiente:
─ ¿Es por eso que me analizaba con la mirada?
Qiao asintió con la cabeza.
─ ¿Qué ha visto? preguntó Nathan.
Qiao dudó en proseguir.
─ En ti hay algo peculiar.
Nathan deseaba saber más y Qiao prosiguió:
─ Eres la primera persona a la que no puede ver su ego.
Nathan no dijo nada y dio algunos pasos. Qiao trataba de explicarle lo que Yeshe le había revelado. Le preguntó al joven:
─ ¿Qué explicación le ves a esto, Nathan?
Nathan no respondió e hizo otra pregunta:
─ ¿Qué ha dicho además de esto?
─ Yeshe me dijo que, cuando hayas adquirido suficiente serenidad y sabiduría, estarás listo para hacer algo realmente excepcional.
Qiao miró a Nathan con curiosidad con la esperanza de obtener más información. Pero Nathan preguntó nuevamente:
─ ¿Ha dicho Yeshe algo más?
─ Me dijo que tenía que conducirte hasta Shuang.
─ ¿Quién es Shuang?
─ Mi viejo maestro de Lijiang.
Nathan y Qiao tomaron un taxi y regresaron al hotel. Nathan agradeció a Qiao por la información que le había dado. Cuando llegaron, Nathan le dijo a Qiao que necesitaba estar solo para poder reflexionar. En su habitación, empezó a ordenar sus pensamientos. Mientras tanto, siguió escribiendo su libro. Se fue a la cama al asomarse los primeros rayos de sol. Nathan se despertó con el ferviente deseo de seguir su viaje. Qiao también hablaba de viajar. Los dos supieron que no tardarían en ir a China. En su vuelo de regreso a Sídney, Qiao le contó sobre los buenos recuerdos de su vida en el monasterio de Lijiang. Desde hacía tiempo crecía su deseo por volver algún día, pero las circunstancias aún no se lo habían permitido.
─ Todo lo que recordamos, le dijo a Nathan, tiene un motivo profundo. Nos compete a nosotros descubrir tal motivo. Así podremos saber mejor qué cambios debemos hacer en nuestra vida para descubrir nuestra verdadera meta.