Despertar

 

 

Al encontrarse nuevamente con Melvin, Nathan le contó los asombrosos momentos que había vivido y le describió los impresionantes lugares que había visitado. Le contó que había visto selvas de un verde profundo, bordeadas por playas de un blanco de ensueño. Le comentó también que había podido constatar que aunque la mayoría de los habitantes no poseía muchas riquezas, no se privaban de irradiar una alegría de vivir que comunicaban a través de su música y sus bailes sensuales. También le habían impresionado las personas valiosas que había conocido y la belleza de la naturaleza que había descubierto. También le dijo que, en varias ocasiones, había sufrido contratiempos y se había enfrentado a cambios imprevistos. Sin embargo pudo notar que, cada vez, conocía gente que tendría una importancia especial tanto para él como para aquellos que había conocido.
─ Cuando viajas por Brasil, dijo Melvin, no se puede tener un plan muy estricto, es mejor dejarse guiar por lo que te encuentras en el camino.
─ Gracias a estos encuentros, pude descubrir cosas nuevas. Lo que más me ha impactado en este país es la superstición tan arraigada de sus habitantes.
─ Para entender mejor la influencia de la superstición en Brasil, no es necesario irse tan lejos. Hay ejemplos de sobra aquí en Salvador.
Esa noche, gracias a Melvin, Nathan descubriría muchas creencias espirituales y muchos rituales mágicos. En diferentes lugares de la ciudad, se podían ver tiendas y puestos de mercado que ofrecían una gran gama de amuletos, de hierbas mágicas y de filtros, todo tipo de artículos elaborados para hechizar o para inspirar declaraciones de amor. Por otro lado, Nathan descubrió una colección de polvos para uso medicinal junto a caparazones de tortuga, pieles de serpiente y otros artículos exóticos de supuestas propiedades sobrenaturales.
─ Muchos de estos charlatanes sólo atraen la desgracia en la vida de los demás, dijo Melvin. Predican una falsa sabiduría que les permite ganar la consideración de los demás y los sitúa en una posición de poder.
─ ¿Cómo puedes diferenciar las personas sinceras de los charlatanes?
─ Quienes tienen malas intenciones se sirven de la hipocresía para ocultar su verdadero yo. Podemos identificarlas de distintas maneras y estar atentos a algunos indicios que les traicionan, como sus ojos, por ejemplo.
Nathan y Melvin llegaron a una plaza en la que la gente, sentada en el suelo, presenciaba una ceremonia. Melvin le sugirió a Nathan que se quedaran un rato para observarla. A Nathan le pareció bien y los dos hombres se sentaron en el suelo. La ceremonia era extremadamente teatral. El hombre que cumplía el ritual echaba mucho humo y no cesaba de gritar. A Nathan el espectáculo le pareció aburrido, pero lo que le intrigaba era la seriedad con la que los espectadores observaban a ese hombre. Nathan tuvo la misma impresión de cuando hubo asistido a la congregación espiritual a la que había ido con Songo. Ahí también, muchas personas del público creían en las fuerzas del hombre que lideraba el ritual. Pasados unos minutos, Nathan le dijo a Melvin que se trataba de un show banal y que deseaba marcharse. Melvin notó la irritación de Nathan ante la farsa que estaban presenciando. Los dos amigos se pusieron de pie para marcharse. Todos los presentes les miraron atónitos porque acababan de llegar y ya se iban. Para el hombre que cumplía el ritual, su partida no pasó inadvertida. Entonces, se produjo una situación totalmente inesperada. El hombre, al ver su credibilidad puesta en duda, interrumpió el ritual y le exigió a Nathan que volviera a tomar asiento. Nathan se detuvo un momento y agradeciendo al hombre, le hizo entender claramente que se marchaba. El hombre insistió.
─ Quédate, gritó el hombre, ¡porque tú también debes ser purificado!
Todos se volvieron hacia Nathan. Melvin se quedó tranquilo a su lado. Nathan supo que no se hallaba en aquella situación por casualidad. Respondió con tono fuerte al hombre que cumplía el ritual.
─ No, gracias ya he visto suficiente.
Al hombre le impresionó que Nathan le hubiese levantado la voz.
─ No tienes por qué gritar tan fuerte, le dijo.
─ Discúlpame, pensé que no oías bien porque no parabas de gritar.
A algunos les costó contener la risa. El hombre mostró claramente su desacuerdo. A Nathan le era indiferente y le seguía hablando.
─ Dime algo, ¿de qué debería ser purificado?
─ De tus pecados, le respondió el hombre.
─ ¿He oído bien? replicó Nathan.
Nathan miró al público sentado en el suelo y le habló en su mejor portugués.
─ ¿Este hombre afirma que es capaz de purificarme de mis pecados?
Luego, se dirigió al hombre que realizaba el ritual.
─ ¿Es lo que quieres hacer creer a la gente? le preguntó.
El hombre espetó:
─ ¿Acaso no sabes que estamos en la tierra para sufrir y así purificarnos de nuestros pecados?
Nathan volvió a observar a la audiencia. No dijo nada y al cabo les dijo:
─ Oíd bien lo que voy a deciros y esto vale para todos los presentes aquí. ¡Nadie está en la tierra para sufrir! Y, ¡Nadie es capaz de purificarnos, salvo nosotros mismos! ¡Cada uno de nosotros vive para ser mejor persona y para vivir la verdadera felicidad!
El hombre que llevaba el ritual quiso responder, pero no halló las palabras. Ninguna de sus ideas tenía tanta fuerza para sacarle de aquella situación embarazosa. Al verse perdido, decidió pasar a las amenazas:
─ ¿Tengo que convencerte de mis poderes? gritó enojado a la intención de Nathan.
Nathan se dirigió a él y le habló en tono calmado:
─ Tus poderes no tienen ningún secreto para mí. Se basan en el miedo. Te dedicas a servirte del miedo para atraer la desgracia en aquellos que creen en ti. Pero debes saber que serás la primera víctima del miedo, porque no te dejará tan fácilmente.
El hombre se quedó sin palabras. Parecía haber perdido el habla. Nathan había vuelto el miedo contra él. El falso mago se había puesto ahora muy nervioso. Nathan proseguía tranquilo:
─ Ahora que lo sabes, ya no tienes excusas. Recuerda entonces que, por tus actos y por tus intenciones, ¡Cada momento puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte!
Después de estas palabras, Nathan se marchó. Regresó a casa con Melvin por las oscuras calles de Salvador. Todos los asistentes al ritual quedaron atónitos. Algunos, incluso siguieron a Nathan y a Melvin de lejos. Algunos adolescentes les alcanzaron para informarles que el falso mago había liado el petate y se había ido. Nathan no pronunció palabra. Melvin dejó que decidiera el momento para romper el silencio. Pasados unos minutos, ya solos, Nathan dijo:
─ Esta situación me ha irritado. No podía controlar mis sentimientos.
─ Nuestras fuerzas están íntimamente vinculadas a nuestras debilidades. Juntas mantienen el equilibrio de la persona que somos realmente. Tu enfado demuestra el hombre que eres, Nathan.
─ ¿El hombre que soy?
─ Odias la injusticia. Te compadeces de la situación de quienes se dejan mistificar y su desdichada suerte te enfada. Pero también ha sido este enfado que te ha impulsado a comportarte como lo has hecho. Ha hecho que desafiaras y obligaras a ese hombre a que hablara contigo.
Para Nathan, esta interpretación era totalmente nueva y aclaraba más las cosas. Entonces se dio cuenta de que podemos abrigar sentimientos negativos que nos incitan a hacer el bien.
─ Tienes razón, ha sido mi enfado el que me llevó a reaccionar de esa manera.
─ Es muy importante ser consciente de uno mismo, sobre todo en este caso en particular. Debemos siempre estar atentos ante nuestros sentimientos negativos y hacer que nunca nos sorprendan. Para ello, debemos siempre tomarnos nuestro tiempo para escoger nuestra reacción.
Nathan quedó sumergido en sus pensamientos y permaneció en silencio hasta que hubieron llegado a casa de Melvin.
─ Gracias, Melvin. Hoy he aprendido algo importante.
─ Yo también quiero agradecerte en nombre de todos los presentes. Hemos presenciado un gran ejemplo de valentía y pasión.
Todos los días, Nathan y Melvin pasaban juntos mucho tiempo. Los dos hombres estaban encantados con su mutua presencia y conversaban durante horas. Melvin y Nathan recibieron una invitación de Adriana, la madre del hijo de Melvin, Claudio, que tenía dos años. Melvin y Adriana jamás vivieron juntos, pero siembre habían mantenido una buena relación. Melvin no quería comprometerse y Adriana lo había aceptado. Claudio y ella vivían en Puerto Seguro, una ciudad agradable al sur del estado de Bahía. Cuando los dos hombres llegaron a la casa de Adriana, Nathan pudo constatar de inmediato que ella y Melvin habían formado una verdadera amistad. Nathan y Melvin se quedaron en su casa una semana. Lo que había ocurrido en Salvador con el falso mago había impresionado sobremanera a Nathan. Con Melvin, trató de comprender cómo las falsas creencias religiosas podían alejar a la gente de la verdadera espiritualidad. Hablaban de ello mientras paseaban por la hermosa ciudad de Arraial d’Ajuda.
─ Es una pena que la espiritualidad de muchos se resuma en recitar fórmulas aprendidas. Así se pierde el sentido profundo de la espiritualidad y se olvida de qué se trata en realidad.
─ Como ya sabes, existen varios grados de Conciencia. Muchas personas deben primero tomar Conciencia de sus sentimientos más íntimos antes de poder aventurarse en una exploración espiritual más profunda.
─ Pero por sus creencias religiosas, les cuesta comprender la verdadera espiritualidad, que no es dada por la razón, sino por nuestra intuición.
─ Debemos considerar que muchos se encuentran en una etapa en la que creen lo que quieren creer y niegan lo que prefieren ignorar, a pesar de los hechos.
─ Ignoran entonces los conocimientos reales que, sin embargo, son capaces de adquirir.
─ Pero en mucha gente, las creencias sustituyen a los conocimientos reales.
─ Y sus opiniones personales, a su vez, sustituyen a sus creencias.
Ahora las cosas aparecían mucho más claras ante los ojos de Nathan.
─ Entiendo mejor, dijo, por qué tanta gente está tan convencida de verdades inventadas y contadas por otros.
─ A menudo, les son inculcadas desde la niñez, antes incluso de que hayan podido adquirir suficientes conocimientos, o de adultos, si han desfallecido en algún momento de su búsqueda espiritual.
Nathan volvió a recordar la congregación supuestamente espiritual a la que había asistido en Sudáfrica.
─ El poder del adoctrinamiento ya no es un enigma, dijo Nathan. Comprendo que el hombre sea capaz de imaginar un futuro lejano y que su imaginación se vea distorsionada por el miedo.
─ Y, a su vez, el miedo incontrolado causa temor, dijo Melvin, como, por ejemplo, temor a lo desconocido, temor a errar o temor a perder.
─ El temor es una emoción peligrosa que nos hace perder realmente todas nuestras capacidades, dijo Nathan. Para evadirlo, muchos prefieren oír a quienes les ofrecen un plan ideal en el que seres superiores todopoderosos rigen el mundo.
─ Con tales ideas, la gente tiende a hacer grandes sacrificios, prosiguió Melvin. Si se cumplen sus deseos, se mostrarán agradecidos con los seres que se han inventado y, en caso contrario, mantendrán la idea de que los caminos de esos seres superiores son inexplicables.
─ Para ellos, cualquier acontecimiento confirma la autenticidad de sus creencias, concluyó Nathan.
─ A veces me pregunto si no son más felices gracias a estos dioses imaginarios. ¿Tú que crees, Nathan?
Nathan se tomó su tiempo para pensar.
─ Les han enseñado que para satisfacer a sus dioses, deben mostrar un comportamiento intachable. Pero al no lograrlo, provoca un sentimiento de culpa. Para ser felices, deben primero liberarse de ese sentimiento de culpa que les ha sido impuesto.
─ Exactamente. No pueden ser felices porque les han enseñado que viven en el pecado. La idea constante de que son pecadores provoca en ellos una suerte de fatalismo. ¿Qué podría liberarles?
─ No son sus pecados en sí los que les hacen desdichados, sino cómo ellos los ven. Sólo el conocimiento podrá liberarles de tal sentimiento de culpa y les permitirá conocer la verdadera felicidad.
─ Tienes razón, sólo el conocimiento puede despertarles y liberarles.
─ Tal conocimiento consiste en comprender la esencia de nuestra existencia en la tierra, prosiguió Nathan, a saber, evolucionar poco a poco y ser consciente de que formamos parte de un todo.
Melvin estaba cautivado por lo que decía Nathan. Cada vez se impresionaba más de lo que sabía el joven.
─ ¿Cómo ves tú el universo, Nathan? le preguntó.
─ Cuando pienso en el universo, siento una sensación de unidad. Es como si entrase en contacto con el universo en mí mismo. Veo más intensamente cómo cada elemento forma parte de un todo y soy consciente de que la tierra y cada ser vivo forman también parte de mí.
Melvin miró a Nathan con admiración. Recordó el momento en el que se conocieron. Lo que veía entonces, se manifestaba ahora en su totalidad. Nathan era realmente extraordinario.
─ Además de tus dones naturales, dijo Melvin, también tienes talento de líder.
Nathan escuchaba, embelesado.
─ Eres capaz de comprender rápidamente las necesidades de los demás. No te cuesta desterrar rivalidades y sabes, mejor que nadie, captar y mantener la atención de los demás. Por eso, eres capaz de guiar a los demás, con tus discursos, a entender mejor el mundo que les rodea y a demostrar sus capacidades.
Nathan agradeció a Melvin por el cumplido.
─ Tuve, a menudo, la dicha de estar acompañado de excelentes maestros de los que pude seguir el ejemplo, respondió Nathan.
Antes de regresar a Salvador, Nathan hizo una excursión más con Melvin, Adriana y Claudio. Llegaron a las islas de Abrolhos en catamarán desde Caravelas. Durante el viaje, tuvieron la suerte de poder admirar un banco de ballenas.
Cuando Nathan regresaba a Salvador con Melvin, supo que Sophie iría a San Francisco el mes siguiente. En su viaje a Estados Unidos, Nathan le había dicho que Nueva York y California ofrecían un sinfín de posibilidades a los artistas. Le había dado los contactos de Jennifer y le había dicho que seguramente sería muy interesante para ella ir a verla. Sophie siguió sus consejos y se puso en contacto con Jennifer. Se entendieron muy bien desde el primer momento y Jennifer invitó a Sophie. Sophie iría primero a Nueva York, donde se reuniría con varios galeristas. Le dijo a Nathan que le echaba de menos y que quisiera volverle a ver. Nathan le dijo que también él la echaba de menos y que quería verla, por ello, le propuso realizar un viaje juntos a Brasil. A Sophie le pareció una excelente idea y le contó entusiasmada que el año pasado había conocido a una artista brasileña, Uiara, que vivía en Belo Horizonte. Uiara la había invitado varias veces pasar por su casa. Nathan pensó un instante y respondió que, cuando estuvieran juntos a Brasil, podrían ciertamente pasar por Belo Horizonte. Nathan le comunicó a Melvin que se quedaría más tiempo en Brasil y le dijo que vendría también Sophie. Al saber la noticia, Melvin se contentó de que Nathan estuviera más tiempo en su casa. Durante las semanas siguientes, Nathan acompañó a Melvin a las conferencias que daba en todo los estados al noroeste de Brasil. Así como antes hiciera Vadim, Melvin preguntó a Nathan si le podía ayudar a preparar los textos de sus ponencias. Las semanas pasaban y Nathan aprendía muchísimas cosas. Su fascinación por Brasil aumentaba cada vez más y se alegraba en pensar que exploraría el resto del país junto a Sophie.