Destino

 

 

Durante la segunda semana de su estancia en la costa este, Nathan y Nigel emprendieron un viaje de varios días. Nigel se fascinaba cada vez más de la visión profunda que tenía Nathan de la vida. Los dos jóvenes comenzaron su visita por Boston, una ciudad de casas pintorescas y de gran riqueza histórica. Más tarde, se dirigieron a Canadá para visitar sus grandes ciudades. Hicieron una parada en Toronto, la ciudad más grande del país, con sus altos edificios de cristal. Luego, fueron a Quebec y visitaron Montreal. El casco histórico de la ciudad fue lo que más les gustó a Nathan y Nigel. En uno de los cafés del “Barrio Antiguo”, Nathan y Nigel charlaron un rato sobre la vida que llevaba Zack. Luego, cambiaron de tema y hablaron sobre algo que preocupaba a Nigel. Deseaba saber la opinión de Nathan sobre la libertad de la que todos disponemos para elegir nuestro camino en la vida.
─ ¿En qué medida somos dueños de nuestro destino? preguntó.
Nathan comprendió que la pregunta era muy importante para Nigel y el valor que su respuesta pudiera tener ante los ojos de su amigo.
─ Para ello, hay que saber primero qué es el destino; segundo, qué es el libre albedrío; y luego aprender a diferenciar entre las situaciones producidas por el destino y las que ocurren por nuestras propias elecciones.
Nigel escuchaba atentamente.
─ Lo que quieres saber en realidad es hasta dónde llegan las fuerzas que nos empujan y dónde comienza nuestro libre albedrío. Empecemos por el destino.
Nathan tomó un sorbo de café.
─ Lo que sentimos como destino es la expresión de un orden universal, dijo.
─ ¿Un orden universal? preguntó Nigel.
─ Hay distintos nombres para denominar el orden universal. El profesor Vadim lo llama “la cohesión perfecta”.
Nigel relacionó los dos términos y supo perfectamente a qué se refería Nathan.
─ Según el profesor, la cohesión perfecta se encuentra en cada ser vivo, dijo Nigel.
─ Este orden, prosiguió Nathan, consiste en el conjunto de todos los principios creadores que rigen la vida y la evolución en el universo entero. Junto con la cohesión perfecta, formamos una unidad en la que cada uno de nosotros tiene un lugar.
─ ¿Cómo podemos descubrir o reconocer nuestro lugar dentro del orden universal?
─ Observando nuestras facultades innatas como nuestra naturaleza, nuestros genes, nuestro carácter, etc. Todas ellas son expresiones de nuestro destino.
La conversación cautivaba a Nigel.
─ ¿Qué sucede con el libre albedrío?
Nathan tomó otro sorbo de café antes de responder.
─ Dentro del orden del que te hablo, creamos nuestra propia existencia. No lo hacemos solos, sino con los demás. Influimos en los demás y viceversa por medio de nuestras elecciones, así como de las ocasiones que aprovechamos y de las que no.
─ ¿Estas elecciones están relacionadas con nuestro destino?
─ La manera en que manejamos nuestro lugar exclusivo dentro del orden universal es la esencia misma del libre albedrío. El pensamiento interviene justo en ese momento, agregó Nathan.
─ ¡Mucho más interesante!
─ En cada momento del día, se nos presentan una infinidad de elecciones. Las elecciones conllevan consecuencias y así, cualquier decisión tomada en el pasado determinará nuestro futuro.
─ Entonces, ¿qué nos inclina a tomar una decisión en lugar de otra?
─ Al pensar detenidamente antes de tomar una decisión, siempre nos inclinamos a sopesar las consecuencias que ésta pueda tener. Cada quien actúa en función de su comprensión de las cosas, que sólo se obtiene a partir de las experiencias vividas.
─ En Central Park, hablaste sobre la importancia de descubrir la verdadera fuente de nuestro pensamiento y de nuestros sentimientos.
─ Recuerdas muy bien lo que dije. De hecho, debemos saber que somos siempre nosotros mismos quienes decidimos los sentimientos que asociamos al pensamiento.
Nigel reflexionó un rato antes de formular su pregunta.
─ ¿Los pensamientos no están ya relacionados con un sentimiento específico?
─ Esa es la impresión que muchas veces tenemos; sin embargo, recuerda que todos tenemos la capacidad de escoger cuáles sentimientos asociamos con el pensamiento. Cuanto más consciente seas de ello, mejor comprenderás las cosas. Tus elecciones serán más apropiadas y al final tus actos te harán más feliz.
Nigel sintió que las explicaciones de Nathan lo aclaraban todo. Luego, trató de entender qué sucedía en el momento de elegir. Nathan se mantuvo en silencio y observaba a los transeúntes pasar. Le dio tiempo al tiempo y esperó a que el mensaje llegara a su interlocutor.
─ Ahora entiendo mejor el origen del pensamiento, dijo Nigel un instante más tarde. También veo mejor lo que depende del destino y lo que depende del libre albedrío. De hecho, ahora entiendo mejor que nuestro destino depende, mayormente, de cómo aprendemos a sentir las cosas.
─ Podríamos decir que estamos destinados a ser libres, agregó Nathan.
Nathan y Nigel se marcharon del café y fueron andando al hotel. En el camino, Nigel hizo otra pregunta.
─ Me has dado informaciones muy claras y valiosas sobre lo que me preguntaba desde hace mucho tiempo. ¿Las respuestas te vinieron espontáneas?
Nathan sabía que Nigel trataba de comprender mejor la conversación entablada en Central Park. Con una sonrisa, Nathan respondió:
─ Digamos que logro formular cada vez mejor lo que siempre he sabido.
Después de visitar Montreal, Nathan y Nigel regresaron a Nueva York. Una vez en la ciudad, Zack les pidió que le acompañasen al día siguiente a un lugar. Les tenía una sorpresa preparada. Al día siguiente, fueron a un enorme centro comercial. Era sábado, el día más concurrido de la semana. Nathan y Nigel no sabían qué les esperaba. Mientras paseaban por el centro comercial, Zack gritó con orgullo.
─ ¡Miraos a vosotros mismos!
Nathan y Nigel miraron alrededor sin ver nada en especial.
─ ¿No veis nada? preguntó Zack.
─ ¿Qué deberíamos ver? preguntó Nigel.
Nathan alzó la mirada. Vio unas fotos gigantes de barrios marginales y retratos de los sin techo. Observó que también había unas inscripciones y citas muy legibles. Nigel las leyó en voz alta: “El lado oscuro de Nueva York”, “Nueva York actual”, “Aquí es dónde vivimos”
Nathan miró a Zack:
─ ¿Has organizado tú esta exposición? preguntó.
─ Este proyecto es fruto de la reflexión de un grupo de amigos y mía, sobre lo que tú dijiste, dijo Zack. Te lo debemos a ti, Nathan.
─ ¿Qué quieres decir? preguntó Nigel.
─ Nathan nos propuso hacernos dos preguntas: «¿A qué se parece el mundo ideal que deseo?» y «¿Qué puedo hacer al respecto para que se convierta en realidad?» Debatimos sobre el tema y así nació el proyecto. Se propusieron también otros proyectos.
Nathan permaneció en silencio. Estaba conmovido. Zack continuó:
─ Queríamos denunciar la injusticia de forma creativa. Esperamos que la gente al ver la miseria en la que viven algunas personas de su ciudad, pueda darse cuenta de la suerte que tienen. Quién sabe, quizás reaccionen y hagan algo para luchar contra esta injusticia.
─ ¿Cómo lograste organizar esta iniciativa en tan sólo unos días? preguntó Nigel.
─ De una forma increíble, respondió Zack. Varios fotógrafos, una agencia publicitaria y una empresa de servicios contribuyeron voluntariamente. Me ayudaron incluso a convencer a los encargados del centro comercial y...
Nathan se acercó a Zack y le dio un gran abrazo. Los dos tenían lágrimas en los ojos.
─ Como tú bien lo has dicho, Nathan, tomar Conciencia por un solo instante puede ser más valioso que la experiencia de toda una vida, dijo Zack conmovido.
─ ¡Eres íntegro, Zack, dijo Nathan, puro e íntegro!
Después de estas emotivas palabras, los tres amigos pasaron un rato en el centro comercial que hoy se convertía en una galería de fotos y eslóganes desgarradores. La mañana siguiente, Nigel y Nathan se despidieron de Zack en el aeropuerto de Nueva York. Zack le hizo una última pregunta a Nathan.
─ ¿Qué querías decir exactamente cuando me llamaste puro e íntegro?
Después de echarse la mochila a la espalda, Nathan le colocó una mano sobre el hombro.
─ Eres lo que piensas, Zack: ¡Eres auténtico!
En San Francisco, Nathan contactó con Deborah y Vadim para anunciarles que estaba de vuelta. Vadim invitó a cenar a Nathan en su casa de North Beach. Mientras cenaban, Nathan habló de su viaje a Nueva York. Vadim, Deborah y su madre escuchaban con atención. Al terminar de cenar, Vadim invitó a Nathan a quedarse en su casa. Deseaba pasar más tiempo con él durante las próximas semanas y esperaba que Nathan deseara lo mismo. El joven aceptó con mucho gusto la invitación. Vadim debía marcharse en ese momento, pero se reservaba la noche siguiente para charlar con Nathan.
Nathan y Deborah fueron al balcón. Hacía mucho calor; sin embargo, el clima de San Francisco era muy agradable. La madre de Deborah acababa de destapar una botella de vino de la región y ofreció de beber a los jóvenes. Esa noche, Deborah abrió su corazón a Nathan. Quizás había sido, en parte, gracias al vino.
─ Hace unos años, Zack y yo tuvimos una relación que duró varios años, dijo. Le había pedido a Nigel que no te dijera nada, no quería que esto te influyera.
─ Entiendo, dijo Nathan. Continúa.
─ Zack era el hombre de mi vida y seguiría siéndolo siempre, pero cuando se marchó a Nueva York rompió conmigo.
─ ¿Sabes cuál fue el motivo? preguntó Nathan.
─ Su carrera le absorbía y prefería que no nos viéramos más.
─ ¿Nunca quisiste volverlo a ver?
─ Me pidió que le olvidase. Lo intenté. Sin embargo, él se casó.
Nathan pudo entender por su voz que a Deborah le dolía hablar de esos recuerdos.
─ Cuando supe que Zack había caído en coma, quise ir a verle. Entonces fui a Nueva York con Nigel y pasé una noche entera a su lado. Despertó del coma unas semanas más tarde.
─ ¿Qué sucedió cuando despertó?
─ Sentí una emoción indescriptible, una inmensa alegría.
─ ¿Fuiste a visitarle después?
─ Una vez salido del hospital, se había convertido en un alcohólico y Nigel me aconsejó no ir a verle. Me dijo que se enfadaba con todo el mundo, sobre todo, con su esposa.
─ ¿Estás triste por no haberle ido a visitar?
Deborah no dijo nada por un momento.
─ En el fondo, sabía que no era una buena idea irle a ver en ese momento. Le vi más tarde cuando vivía en Los Ángeles, pero nadie lo sabe.
─ ¿Por qué?
─ Ni siquiera sé si Zack se acuerda. Fue un día muy extraño. No creo que me haya reconocido.
─ Seguramente fue muy duro para ti.
─ ¡Estaba tan cambiado! Tenía otro aspecto. Llevaba el pelo al rape y hablaba de forma incoherente. Era muy difícil conversar con él. Creo que nunca me he sentido tan triste como ese día.
Nathan veía cómo el hermoso atardecer caía sobre la ciudad. Pensaba en lo que le acababa de contar Deborah y trataba de ver claramente la situación.
─ ¿En qué piensas, Nathan? le preguntó Deborah.
Nathan siguió ensimismado en su reflexión.
─ Zack ha renacido, respondió de repente.
─ ¿Ha renacido?
─ La forma de vida que llevaba le había alejado demasiado de lo más profundo de su ser. Después del accidente y sus problemas con el alcohol, recibió una ayuda espiritual.
Deborah escuchó con mucha atención.
─ Lo que experimentó podría compararse con una experiencia cercana a la muerte, explicó Nathan.
Deborah dijo que también lo había pensado.
─ Deborah, si te sirve de consuelo debes de saber que Zack es más feliz ahora que antes.
─ ¿Incluso más feliz que cuando estábamos juntos? preguntó.
Nathan miró a Deborah a los ojos.
─ Sólo ahora, Zack podría amarte de verdad.
Las palabras parecían liberar a Deborah del dolor que había sentido durante todo aquel tiempo. Nathan notó cómo sus ojos se colmaban de lágrimas. Acercó su silla y puso el brazo sobre sus hombros como abrazándola.
─ Tus lágrimas demuestran que ahora puedes ver esos momentos de otra manera, dijo a la joven. Déjalas derramarse libremente y así permitirán que en tu corazón se alberguen nuevos sentimientos.
Deborah se sentía bien en compañía de Nathan y supo la suerte que había tenido de conocerle.
─ Gracias por lo que has hecho por mí… y por Zack.
─ Es mi forma de agradecer tu invitación, Deborah. Gracias a ti, pude conocer personas formidables en un espléndido país.