El cambio que se impone

 

 

En mi discurso resalto que mucha gente de buena intención se compromete en campos muy específicos. Luchan por un mundo mejor siguiendo una causa determinada, una ideología, una religión o un movimiento cualquiera, a menudo comprometidos con la lucha contra el adversario para ellos responsable de todos los males de la sociedad.

 

Por supuesto que dedicar nuestra vida a la religiosidad tiene un sentido, aunque dicho sentido no concuerde con la realidad actual. Ciertamente puede ser útil definir las verdaderas fuerzas de este mundo y determinar sus funciones, pero no podemos olvidar que toda civilización tiene una finalidad, su declive se producirá de forma natural e inevitable. Efectivamente, podemos defender los derechos de los animales, pero es un hecho que todos seremos vegetarianos algún día. Además, es muy probable que debamos invertir en los problemas ecológicos, aunque los hechos demuestren que la energía nuclear ya se disuelve en el pasado y que nos dirigimos a la energía solar.

 

Lejos de mí queda la idea de renegar de todas estas buenas causas y podría nombrar muchas más. Sin embargo, personalmente intento discernir lo que pudiera ser considerado como el compromiso más indispensable al plantearme la siguiente pregunta: ¿Existe una verdadera causa por la que el hombre se sienta impulsado a defender? Sería un reto que podría involucrar a toda la humanidad.

 

Para responder a esta pregunta, deberíamos definir el peligro principal de la humanidad en su conjunto y determinar el factor común uniendo todos los grandes problemas que conoce nuestro mundo actual. Aunque la pregunta pueda parecer difícil, la respuesta lo es mucho menos sin duda alguna. El peligro común de toda la especie humana es la mentalidad individualista.

 

El reto principal de la especie humana es pues: ¿cómo liberarnos de la mentalidad individualista? ¿Podemos replantearnos todas nuestras ideas de pertenencia, sin incluir la idea de pertenecer a la especie humana?

 

Es de vital importancia que nos remitamos a la idea principal de que debemos proteger toda la especie humana. Y que seamos conscientes de que para lograrlo deberemos deshacernos de nuestra mentalidad egoísta y de nuestros comportamientos competitivos.

 

Debemos suprimir toda forma de nacionalismo y de tribalismo ya que sólo refuerzan el sentimiento individualista. Igualmente debemos desintoxicarnos de la mentalidad materialista reinante en el mundo actual, la acumulación material presente en todas partes. Debemos revisar nuestros sistemas educativos, en los que se enseña la competitividad, en los que se acentúan las desigualdades e involucrar activamente a las generaciones futuras o al pueblo del mañana, como prefiero siempre denominarlo.

 

Precisamente debemos comprometernos en esta lucha a nivel local, nacional y planetario y lograr que nuestros esfuerzos sean de gran utilidad. Sólo de cómo trataremos el individualismo, bajo sus múltiples formas, podremos vivir el verdadero cambio. Cualquier otro cambio será sólo temporal, sin que surja una verdadera evolución.