El lugar del libre albedrío

 

 

Las leyes del universo, desde la ley principal de causa-efecto hasta las leyes físicas más elementales, se aplican imparcialmente a cada uno de nosotros. Ningún ser puede librarse de ellas. Sin embargo, está en nuestra relación personal con lo Divino lo que nos diferencia y lo que crea nuestra verdadera unicidad.

 

Es inútil preocuparse de las leyes generales y de los ciclos regulares del orden universal. Tales fuerzas se ocupan de ellas mismas. Lo que es realmente importante es saber cómo nosotros encarnamos las leyes del universo. Para ello basta con examinar de qué manera usamos nuestro poder de elección.

 

No cabe duda de que cada elección que hagamos conlleva una consecuencia. Se trata de una verdad universal o, en otras palabras, una verdad que existe en cualquier lugar, en todo momento y para cada uno de nosotros.

 

De igual manera no cabe duda de que tenemos la oportunidad de influir en la calidad de las consecuencias en nuestra vida, al ser más conscientes de la naturaleza de nuestras intenciones. Precisamente el hecho de que todos somos libres de determinar nuestras propias intenciones es prueba fehaciente de que todos tenemos una relación profundamente íntima con lo divino.