Elección

 

 

Nathan tenía ahora dieciocho años. Estaba en compañía de Y Chao y de Laura, dos compañeros de clase. Y Chao había llegado a Bélgica hacía tres años con algunos miembros de su familia. Por razones políticas, habían huido de Phnom Penh, la capital de Camboya. Y Chao era muy inteligente. En pocos meses había aprendido a hablar francés con soltura y sus resultados escolares eran excelentes. Laura tenía el cabello largo y negro. Era de ascendencia griega. Su padre era originario de Tesalónica y su madre de la isla de Naxos. Era muy servicial. Nathan le decía a menudo que sería una madre estupenda. Nathan, Laura e Y Chao estaban sentados en una terraza del centro de Bruselas. Su conversación giraba en torno a la manera de elegir bien. Hablaban de los estudios que querían iniciar. Sus opiniones diferían y discutían animadamente.
Mauro, que pasaba por ahí por casualidad, vio a Nathan y a sus amigos y se acercó a saludarles. Laura e Y Chao estaban encantados de verle. En efecto, dentro del círculo de amistades de Nathan, Mauro era bastante apreciado e incluso admirado. Mauro saludó a los jóvenes y vio sobre la mesa unos folletos que mostraban los diferentes tipos de estudios posibles. Adivinó enseguida de qué estaban hablando los jóvenes.
─ Veo que tenéis una discusión animada.
─ Hablamos de elegir unos estudios, respondió Y Chao. No es fácil elegir ahora una profesión que deberemos ejercer toda nuestra vida.
─ Sí, efectivamente, hay mucho que hablar al respecto.
Y Chao continuó:
─ Intento explicar que, para elegir la profesión adecuada, debemos conocer aquello para lo que estamos más capacitados. Solo así podremos cursar unos estudios que nos permitan ejercer esa profesión de forma placentera.
Laura estaba deseando presentar su punto de vista a Mauro:
─ Yo decía que primero debemos hacer un análisis para determinar dónde hay demanda y cuál será la evolución de la situación cuando hayamos acabado nuestros estudios.
Mauro se giró hacia Nathan y este también dio su opinión:
─ Creo que nuestra elección debe depender de lo que deseamos hacer y no tanto de lo que somos capaces de hacer o no.
─ Os estáis planteando preguntas con mucho sentido, afirmó Mauro. En mi opinión, todos los criterios que acabáis de citar merecen ser tenidos en cuenta.
─ ¿Y cuáles son los criterios más importantes? preguntó Y Chao.
Mauro se dio cuenta de que lo que más le importaba a Y Chao era saber quién de ellos tenía razón. Mauro tenía una reunión pero, después de dudar un poco, decidió posponerla y dijo:
─ Voy a pedir unas bebidas.
Entró dentro del establecimiento para pedir cuatro tés. Conociendo a su padre, Nathan adivinó su intención: esta ocasión era lo suficientemente importante como para dedicarle algo de tiempo.
─ Mi padre tiene la costumbre de darle a las preguntas una perspectiva más amplia y sus respuestas pueden parecer a veces enigmáticas.
─ ¿Qué quieres decir? preguntó Laura.
─ A veces puedes tener la impresión de que sus respuestas no tienen nada que ver con las preguntas que le has hecho. Pero después de cierto tiempo, entiendes a dónde quiere llegar. A veces las cosas se vuelven tan claras, que las preguntas se dan respuesta a si mismas.
─ Tengo ganas de verlo, dijo Y Chao.
─ Ya nos hemos dado cuenta de tu tendencia a abordar los temas desde un punto de vista filosófico, dijo Laura, divertida. ¡Ahora vamos a saber si tu padre tiene algo que ver en ello!
Mauro regresó y tomó asiento junto a los jóvenes. Les avisó:
─ Antes de empezar, no esperéis que yo os diga cuáles son los estudios a los que podéis optar. Sois vosotros los que deberéis elegir.
El camarero trajo una tetera y vasos. Mauro sirvió el té.
─ No debéis despreciar ninguno de los criterios que habéis enumerado. Vuestra elección no sería satisfactoria.
─ Entonces, ¿en qué debemos basar nuestra elección?
─ Empecemos por el principio. Noto cierta tensión en vosotros. No debería ser así. Es mejor empezar por reflexionar un momento sobre la extraordinaria suerte que tenéis de poder seguir estudiando.
─ ¡Es lo que Nathan ha intentado explicarnos! dijo la joven.
─ Formáis parte de aquellos que en gran medida pueden decidir por sí mismos su futuro, y el de otras personas también. En sí mismo ya es algo fabuloso, y no todo el mundo tiene esa suerte.
─ Pero hay que reconocer que hemos trabajado mucho para llegar hasta aquí, afirmó Y Chao.
─ No lo dudo en absoluto, concede Mauro, pero como tú bien sabes, hay mucha gente que trabaja todavía más y que, sin embargo, no tiene tanta influencia sobre su futuro.
Y Chao se dio cuenta de que Mauro debía de estar haciendo alusión a las condiciones de vida que reinaban en su país. Había podido constatar por sí mismo que allí muy poca gente tiene la misma suerte que él.
─ Ante todo tenéis que ser conscientes de vuestra situación privilegiada, prosiguió Mauro. Es vuestra prioridad, por el momento.
─ ¿En qué medida eso puede ayudarnos en nuestra elección?
─ Al tomar conciencia de la suerte que tenéis, dejaréis que la alegría se imponga sobre la tensión que sentís. Esa alegría se convertirá en el hilo conductor que os ayudará a hacer una buena elección.
─ ¿Debemos elegir una profesión que nos aporte alegría? preguntó Y Chao.
─ Si eliges la alegría de verdad, seguramente aparecerá. De todas maneras, tenéis que seguir acumulando conocimientos para poder hacer una elección racional. Todos los criterios que habéis comentado antes son igualmente importantes.
─ Pero, en concreto, ¿cómo debemos actuar? insistió Y Chao.
─ Yo os aconsejaría mirar muy bien a vuestro alrededor durante los próximos días y preguntar a las personas que conocéis sobre sus actividades. Podéis aprender mucho.
─ ¿Quiere que averigüemos quién es feliz en su trabajo? preguntó Y Chao.
─ Aprenderéis mucho sobre vosotros mismos explicó Mauro.
─ ¿En qué nos tenemos que fijar sobre todo? preguntó Laura.
─ Vas a aprender la manera en que quieres vivir, le respondió Mauro. Lo verás con claridad si sabes cómo no quieres vivir.
─ Quiero hacer algo que me permita ganar mucho dinero, afirmó Y Chao.
Mauro le advierte:
─ ¡Ten cuidado de no pasarte la vida buscando un tesoro y dejando de lado el otro, que es la vida! No tiene que ser la retribución económica la que te motive sino el trabajo en sí.
─ Sin embargo, creo que si uno trabaja, replicó Y Chao, es para obtener una remuneración.
Laura confirma:
─ La mayoría de la gente que conozco trabaja, sobre todo, por dinero.
─ ¿La mayoría siempre tiene razón? le preguntó Mauro.
─ No, es verdad. ¿Pero qué debemos entender?
Mauro bebió un sorbo de té e inspiró profundamente. Nathan escuchaba con atención y se fijaba sobre todo en la manera en que Mauro lograba transmitir sus ideas. Había notado que su padre llevaba la conversación hacia los temas que quería que se tuvieran en cuenta.
─ Para responder a tu pregunta, Laura, debo hablar de nuestra percepción de la realidad.
─ Soy toda oídos, respondió la joven.
─ Reflexionemos un instante sobre el significado de la palabra “retribución”. Sabéis que a uno se le paga por su trabajo cuando ha acabado de hacerlo y que, por lo tanto, forma parte ya del pasado.
─ Eso es evidente, dijo Y Chao.
─ El futuro se caracteriza por no formar parte de la realidad, continuó Mauro.
─ Sin embargo, ¡el futuro existe realmente! exclamó Laura.
─ Por supuesto, un día existirá de verdad pero, hoy por hoy, el futuro solo se desarrolla en nuestra imaginación.
Laura e Y Chao miraron a Nathan. Estaba claro que ya habían hablado de este tema.
─ Ocurre lo mismo con el pasado, siguió Mauro. Lo que ya ha pasado existe dentro de nuestra memoria y, por consiguiente, forma parte de nuestra imaginación.
Laura e Y Chao asintieron con la cabeza, indicando que habían seguido el razonamiento.
─ Por lo tanto, podemos decir que sólo lo que ocurre en el presente sucede de verdad, concluyó Mauro.
De nuevo, Laura e Y Chao estaban de acuerdo. Mauro continuó:
─ Curiosamente, la mayoría de gente se deja influenciar por las ideas que conserva del pasado o por las esperanzas que tiene puestas en el futuro, sin prestar prácticamente ninguna atención a lo que pasa en el presente.
Mauro bebió un sorbo de té y dejó a Laura y a Y Chao tiempo para que profundizaran en su mensaje. Nathan les ayuda un poco confirmando lo que acaban de oír:
─ Muchos no se dan cuenta de que la realidad no tiene lugar más que en el presente.
─ ¿Quiere eso decir que solo el presente tiene importancia? se extrañó Laura.
Mauro miró a Laura a los ojos.
─ ¿Has hecho algo en algún momento que no fuese en el presente?
─ No, es imposible.
Mauro se gira hacia Y Chao.
─ ¿Has tenido alguna vez una experiencia en un momento que no fuese el presente?
─ Es absolutamente imposible.
Mauro miró al uno y al otro y les dijo:
─ Así es. Los pensamientos tienen lugar en un momento preciso, que es el presente.
─ ¿Y qué pasa entonces con la elaboración de planes para el futuro? se inquietó Laura.
─ En este caso también, le responde Mauro, no olvides que solo la planificación tiene lugar en el presente, no la ejecución.
─ Es evidente que toda nuestra vida se desarrolla únicamente en el presente, comentó Y Chao.
─ Mi padre quiere sobre todo insistir en el hecho de que la anticipación de una retribución no existe más que en nuestra imaginación.
Mauro insiste:
─ Cuanto más cuenta no damos de ello, más tomamos conciencia de la realidad.
─ Es verdad que mucha gente tiene miedo de lo que le pueda deparar el mañana, señaló Laura.
Mauro siguió con sus reflexiones:
─ Los lamentos y el miedo afectan a la imagen y a la confianza que uno tiene en sí mismo. Así nace la tensión de la que os hablaba antes. Esta tensión tiene una incidencia sobre todas nuestras elecciones. En cambio, cuando ya no sentimos esa tensión, somos menos influenciables y nos sentimos más seguros.
─ ¿Quiere decir eso que no podemos disfrutar por adelantado de algo que aún tiene que producirse?, preguntó Y Chao.
─ Tienes que saber que tu alegría se basa simplemente en un pensamiento. Un pensamiento que puede estar fundado sobre demasiadas esperanzas. El que se nutre de demasiadas esperanzas, se puede encontrar con frustraciones inevitables.
Mauro bebió un poco más de té y continuó:
─ Algunos han trabajado toda su vida por una retribución concreta, pero solo la han disfrutado los que verdaderamente amaban su trabajo. Los demás se quedarán con el sentimiento de haber perdido mucho tiempo.
Mauro tenía el don de convencer. Nathan estudiaba con atención la manera en que su padre transmitía sus mensajes y presentaba su opinión. El joven se fijaba en la mímica, en las palabras que eligía, en la voz e incluso en los momentos de silencio. No podría haber tenido mejor maestro. Laura intentaba saber cómo podría aplicar todas esas informaciones a su vida. Preguntó:
─ ¿Qué pasa con aquello que requiere mucho esfuerzo?
─ Sin esfuerzo, le dice Mauro, no obtienes más que cosas que no tienen gran importancia. Dicho esto, cuando tengas que esforzarte mucho, es necesario que encuentres satisfacción desde el momento en que inicias el camino que te lleva a tu objetivo. No puedes estar satisfecha sólo cuando hayas conseguido tu objetivo.
─ Sin embargo, alcanzar un objetivo puede hacer feliz, comentó Y Chao.
─ ¡Hacer feliz! ¿Cuál es tu definición de la felicidad? le pregunta Mauro.
─ La felicidad… Ahora mismo no sabría qué decir… ¿Qué es para usted?
─ Para mí, la felicidad consiste en desear siempre lo que es bueno en mi vida.
─ Eso está muy bien, opinó Laura. ¿Y para ti, Y Chao?
Después de lo que había oído, Y Chao dudaba que Mauro estuviera de acuerdo con su definición de la felicidad. Dudaba un poco, pero finalmente se arriesgó a hablar:
─ Para mí, la felicidad es hacer realidad mis sueños.
─ Los sueños son muy importantes.
Y Chao miró a Mauro. Le alegra su aprobación, pero el motivo de la misma se le escapa. Se extrañaba.
─ Sin embargo, los sueños se desarrollan también en nuestra imaginación.
─ Los sueños son mensajes que recibimos de nuestro ser interior para hacernos descubrir nuestra verdadera misión.
─ ¿Es eso verdad? preguntó Laura. ¡Lo encuentro fantástico!
Mauro intentó ser más preciso:
─ Para realizar un proyecto, primero hay que haber podido hacerse una idea de él.
─ ¿Incluso si sueño que voy a ser rico? preguntó Y Chao.
Mauro quería hacerle reflexionar:
─ ¿Qué entiendes por ser rico?
─ ¡Tener suficiente dinero para ser libre!
─ ¿Suficiente dinero?
Mauro se calló durante un instante para que hubiera un momento de silencio. Nathan sabía que su padre valoraba mucho los silencios y que, además, quería que Y Chao se diera cuenta de sus aspiraciones. Mauro prosiguió:
─ Los deseos no tienen límites. Crecen a medida que los alimentamos. Nunca pueden satisfacernos completamente. Eso solo lo podemos lograr por nosotros mismos.
─ Estar satisfechos… ¿Se puede llegar a estarlo? preguntó Y Chao.
─ Sí, responde Mauro, y añade, dándose cuenta de que la verdadera riqueza no consiste en poseer más, sino en saber dominar nuestras apetencias.
Mauro terminó su vaso de té y dijo a los jóvenes que debía marcharse. Pagó la cuenta y se preparó para marcharse.
─ Espero haber contribuido un poco en vuestras decisiones a la hora de elegir vuestros estudios.
─ Sabe, le confía Y Chao, tengo la impresión de que lo que he aprendido hoy me servirá también más allá de la elección de mis estudios.
Laura estaba muy impresionada por la conversación. Planteó una última pregunta:
─ ¿Qué estudios tenemos que seguir para adquirir su sabiduría?
Mauro sonrió.
─ La sabiduría nos la dan las lecciones que nos impone la vida de manera inesperada.
Mauro se despidió deseando a Laura y a Y Chao que hicieran las elecciones adecuadas. Después de que se hubiera ido Mauro, Nathan y sus amigos charlaron un poco más sobre lo que se había hablado. Nathan constató que su padre había ejercido un gran impacto sobre sus amigos.
Para Nathan, la continuación de sus estudios no era una prioridad por el momento. Quería, como su padre, explorar el mundo todo cuanto le fuera posible. Su sed de descubrir otras personas, otras culturas y otros países no había hecho más que acentuarse con el tiempo. Mauro sospechaba que Nathan se iría pronto. Sufría con la idea de estar separado de su hijo pero sabía que era necesario para su evolución. Él mismo le había inculcado que la experiencia es el factor primordial de adquisición de conocimientos. Mauro pensaba que su hijo era capaz de hacer grandes cosas. Esta impresión habitaba también en el joven con una intensidad creciente.
A finales de verano, llegó el gran día. Nathan había decidido partir hacia Francia para buscar trabajo. Mauro no estaba preocupado. Su hijo había adquirido suficiente madurez y estaba preparado para este viaje. Pero, la víspera de su partida, volvió a insistir: Nathan no debería nunca perder la confianza en sí mismo.
─ Cada vez que te encuentres con un obstáculo, reflexiona para ver si es verdaderamente necesario franquearlo porque hay obstáculos que nos apartan de nuestro camino para nada.
─ ¿Seré capaz de superar todos los obstáculos con los que me voy a encontrar?
─ Si duda, entonces te arriesgarás a no conseguirlo. Dile a tu mente que no encontrarás nunca un obstáculo sin tener la fuerza necesaria para superarlo.
─ ¿Y mi confianza no acabará por desaparecer?
─ Al contrario, ¡cada vez que salvamos un obstáculo, nuestra fuerza interior crece!
─ ¿Cómo sabré si todavía estoy en el buen camino o si estoy intentando sortear obstáculos para nada?
─ ¡Déjate aconsejar por tus dos guías de referencia y vigila que no se duerman! Cuanto más les respondas, mejor te guiarán.
─ ¿Mis dos guías de referencia?
─ Están junto a ti en forma de preguntas.
─ ¿Preguntas a las cuales tengo que responder y que me guiarán?
─ El primer guía te pide que te plantees la siguiente pregunta: ¿qué vive en mí? explica Mauro.
Nathan responde:
─ Es la pregunta más importante para la que espero encontrar un día una respuesta.
Su padre continuó:
─ El segundo guía te hace esta pregunta: ¿qué es lo que puede enriquecer mi vida?
─ ¡Acabas de citar las dos preguntas más esenciales!
─ Estos guías conocen mejor que nadie el camino que debes seguir. Cuando un pensamiento, una conversación o una experiencia respondan a tus guías, estos podrán ayudarte a hacer un buen trecho del camino hacia el objetivo de tu vida.
─ ¿Decías que existe un riesgo de que se adormezcan?
─ Eso puede suceder si tus pensamientos, tus conversaciones y tus experiencias no les aportan más respuestas.
Nathan entiendió perfectamente el mensaje de su padre.
─ ¿Todo el mundo puede alcanzar el objetivo de su vida? preguntó.
─ Todos los que desarrollen suficientemente su fuerza interior podrán hacerlo.
Intercambiaron una mirada; se entiendíeron sin hablar. Nathan volvió a tomar la palabra:
─ Quisiera decirte otra cosa importante, una profunda convicción.
Mauro escuchaba con atención.
─ Estoy seguro de que jamás habría podido tener un padre mejor que tú. Tu motivación, tus conocimientos, tu comportamiento y, sobre todo, tu amor… Todo esto me servirá de apoyo para todo lo que pueda realizar en mi vida.
Mauro estaba visiblemente emocionado por esas sinceras palabras y abrazó a su hijo.