Esencia

 

 

El avión aterrizó durante la mañana en Atenas. Nathan llamó a Laura por teléfono para informarle de su llegada y le dijo que se quedaría dos días en la capital antes de ir a su casa. Reservó una habitación en un hostal en Plaka, un barrio del centro. Pasó todo el día en el casco viejo de la ciudad para admirar los monumentos históricos. Al día siguiente, decidió escalar la cima del Areópago, la colina que ofrece un magnífico panorama de Atenas. Cansado por la escalada y agobiado por el calor, buscó un rincón a la sombra para descansar. Unos instantes más tarde se quedó dormido. Al despertarse, pudo comprobar que una joven se encontraba sentada a su lado. Se volvió hacia él, sonrió gentilmente y siguió admirando el panorama. Nathan se incorporó y se dirigió a ella en inglés.
─ ¿Hace mucho que estás aquí?
Acomodó su larga y rizada cabellera negra a un lado y dijo sonriendo:
─ No mucho. ¡Cuando llegué estabas ocupado construyendo tu futuro!
La joven notó el asombro de Nathan y agregó, sin dejar de mostrar su hermosa sonrisa:
─ ¡Cuando dormimos, construimos nuestro futuro!
Nathan frotó sus ojos para tratar de despertar completamente. La joven se presentó:
─ Me llamo Rajiya.
─ Yo soy Nathan. ¿De dónde eres?
─ Vivo en Beirut, en la capital del Líbano, ¿y tú?
─ Me crié en Bélgica, en Bruselas, pero llevo viajando ya hace varios años.
Rajiya, que parecía intuir algo, miró a Nathan y le preguntó:
─ ¿Sabes ya hacia dónde te dirige tu camino?
─ Cada día dejo que mi luz decida por mí.
Rajiya y Nathan se miraron sonriendo. Los dos presentían que su encuentro no había sido por casualidad.
─ Tu camino es tan claro que tu luz ilumina el de los otros.
─ ¿Cómo lo sabes?
─ Me lo han revelado tus maravillosas palabras.
Nathan abrió aún más los ojos. Rajiya aclaró:
─ Hablo de los sentimientos que producen tus palabras.
─ ¿Cómo lo puedes percibir? preguntó Nathan.
─ Lo aprendí de mi padre que, a su vez, lo aprendió de su tío.
Rajiya miró a lo lejos antes de seguir:
─ Cumplo con la misión que me ha sido encomendada.
─ ¿Cómo lo haces exactamente? preguntó Nathan.
─ Escribo poemas.
─ ¿De qué tratan?
─ Sobre todo, de la paz.
Rajiya se acercó a Nathan y le explicó:
─ Me sirvo de las palabras para tratar de demostrar que si persistimos en desear poseer lo que le pertenece a otro, no podremos vivir en libertad.
─ ¿Crees que es posible la verdadera paz en la tierra?
─ Algún día, sin duda, cuando las personas sientan el deseo de tratar de alcanzar algo que es superior a ellos mismos.
Empezaba a atardecer en Atenas. Nathan y Rajiya descendieron del Areópago y fueron a cenar. Tomaron un taxi para dirigirse a una taberna a orillas del mar. Entre tanto, caía la noche. Se sentaron en una terraza agradablemente iluminada. Su conversación versó sobre el objetivo superior que perseguían ambos, luego Nathan le habló de su fascinación por los poetas y los músicos:
─ Siempre me ha fascinado cómo los poetas y los músicos puedan darle forma a la esencia de la vida.
─ Sí, en los músicos el corazón se comunica con la inteligencia. Pero me parece raro que hables de los músicos.
Rajiya calló un momento antes de continuar:
─ Fui hace poco a Estambul y oí hablar de un anciano que tenía poderes milagrosos. Curiosa por conocerlo, fui a buscarle. Y lo conocí. Predijo que mis textos serían puestos en música.
─ Un anciano que tiene poderes milagrosos... ¡Háblame de él!
─ Es un hombre extraordinario. Se llama Koan. Dicen que proviene de los Balcanes. Vive en Estambul.
─ ¿En qué es extraordinario?
─ Dice que vive según un dogma que no se puede expresar a través de las palabras. Por ello, usa raras metáforas. Le leí uno de mis poemas y dijo que la vida estaba más viva en él que en la realidad.
─ Un cumplido halagador.
─ Según él, tengo un don particular, al que llamó el «don de Bisharri».
─ ¿El don de Bisharri?
─ Bisharri es una pequeña ciudad ubicada en el norte del Líbano. Se trata de mi ciudad natal y Koan no podía saberlo.
Nathan sintió que a Rajiya le había asombrado su encuentro con el anciano. Dejó que la joven continuara.
─ Koan me dijo que, gracias a mi don, me emparentaba con Khalil Gibran.
─ ¿El poeta?
─ Sí. Koan me dijo que hace poco lo había conocido.
─ ¿Lo conoció? ¡Pero si Khalil Gibran ya no vive!
─ Efectivamente, le hice entender que era imposible que lo hubiese conocido, pero me respondió algo muy sorprendente.
Nathan era todo oídos.
─ ¡Me dijo que nada era imposible en los sueños y en las visiones!
Nathan se quedó absorto por un momento. No sabía qué pensar. Rajiya continuaba:
─ Le pregunté si había conocido a otra gente del pasado.
─ ¿Qué te respondió?
─ Me dijo textualmente: « ¡Gente del pasado y del futuro! »
Aunque le parecían inverosímiles las palabras de Rajiya, Nathan no dudó en su sinceridad. Sabía que debía de haber una explicación a todo lo que el hombre le había dicho y sólo había una manera de averiguarlo.
─ Quiero conocer a Koan. ¿Dónde lo puedo encontrar?
─ Vive alejado en la colina de Camlica, en la parte asiática de Estambul.
─ ¿Sabes la ubicación exacta?
─ Desde su casa, puede ver el mar fundirse con otro continente. Así me indicaron el camino.
Nathan había tomado su decisión. Después de visitar a Laura, iría a Estambul para conocer a Koan. Ya era más de medianoche cuando llevó a Rajiya a su hotel. Cuando se despidieron, Rajiya le pidió esperar un momento mientras iba a buscar una selección de poemas que quería obsequiarle.
─ ¿Son tus poemas?
Rajiya asintió.
─ Son sólo algunos, los que están traducidos al inglés. El original está en árabe.
Nathan ojeó la selección y tomó su tiempo para leer un poema. Pudo apreciar de inmediato la belleza que transmitían las palabras.
─ Sigue escribiendo, Rajiya. Siento que tus poemas tienen un rol esencial.
Rajiya observaba a Nathan con expectación.
─ Tus poemas permiten distinguir la belleza omnipresente.
─ Gracias, Nathan, me siento halagada.
─ Debes agradecértelo a ti misma, Rajiya, por exhibir tu talento.
─ ¡Algo me dice que al regalarte mis poemas, lo hago a la humanidad entera!
Nathan la abrazó y se separaron.
En la habitación del hotel, Nathan hojeó la selección de poemas de Rajiya. Pasó la noche entera leyendo cerca de la ventana bajo un hermoso cielo estrellado. Sin duda alguna Rajiya tenía un don especial. En la primera página, se podía leer: «Mis agradecimientos a Khalil, mi fuente de inspiración infinita»
Al día siguiente, Nathan tomó el tren hacia Salónica, ciudad ubicada al norte de Grecia. Llegado a su destino, descendió al andén, donde reconoció a Laura de inmediato. Se encontraba con su pareja y le saludó con la mano. Nathan se dirigió hacia la pareja. Vio que Laura estaba embarazada. Lo primero que hizo fue felicitarles. Abrazó a Laura y ésta le presentó al padre de su hijo. Se llamaba Zaim y procedía de Teherán, Irán.
Los jóvenes subieron al coche y se dirigieron al centro para hacer una primera visita a la ciudad. A Nathan le gustó el ambiente agradable que reinaba en las plazas y en toda Salónica. Laura y Zaim vivían en una casa solariega con mucha clase. Fueron al jardín que se encontraba en la parte posterior de la casa y se sentaron a la sombra.
─ Has ido a visitar a Y Chao, dijo Laura. ¿Cómo está?
─ Entristecido por la muerte de su padre, pero ya ha recuperado el ánimo.
─ Cuando me lo encontré, regresaba a tomar el barco con el que había venido. Viajaba en crucero. Fue una rara casualidad encontrarlo aquí en Salónica.
─ Siempre debemos tratar de entender el sentido profundo de las casualidades.
Zaim se mostró de acuerdo.
─ Hafiz, el gran poeta persa, nos enseña que la casualidad tiene un significado profundo y siempre está impregnada de sabiduría.
─ Nuestro encuentro, el mío y el de Zaim, fue también por una rara casualidad.
─ Tengo curiosidad por escuchar cómo fue, dijo Nathan.
─ Me encontraba en Casandra, dijo Laura, una ciudad costera, no muy lejos de aquí. Mi abuelo tenía una casa en esa ciudad.
─ En ese entonces me encontraba de viaje en Grecia con unos amigos, dijo Zaim. Habíamos estado en Salónica y fuimos a Casandra para disfrutar de la playa y pasar la noche.
─ Había quedado con una amiga esa misma tarde, pero no pudo acudir a la cita, retomó Laura. Era una tarde agradable y quise ir a dar un paseo sola.
─ Recuerdo que estaba lleno de energía, siguió Zaim. Mis amigos prefirieron descansar y tomar una copa en la terraza y me fui a dar un paseo.
─ En un momento dado, los dos caminábamos en la playa en la misma dirección, dijo Laura. Zaim caminaba por el agua con sus sandalias en la mano.
─ Caminábamos más o menos a la misma altura, dijo Zaim.
─ Recuerdo que había una hermosa puesta de sol, dijo Laura. El agua, la arena, los árboles, todo se teñía de un rosa azulado. Era un espectáculo sublime.
─ Seguidamente, nos fijamos el uno en el otro, dijo Zaim, éramos los únicos en la playa. Parecía que caminásemos casi al mismo ritmo.
─ Seguimos caminando por un largo rato sin decir nada. De repente, sentimos una especie de conexión.
─ Es cierto, dijo Zaim, era una sensación muy agradable.
─ ¿Y cómo habéis hecho para conoceros? preguntó Nathan.
─ Es la experiencia más rara que jamás hayamos tenido, respondió Laura.
Nathan escuchaba con mucho interés. Zaim siguió relatando:
─ Caminábamos desde ya un largo rato, cuando de repente vimos un resplandor, pero no se trataba de un relámpago.
─ Era una brillante luz blanca, precisó. Se reflejó en el agua e iluminó todo a su paso.
─ Incluso nos cegó y nos miramos para saber si los dos habíamos visto lo mismo.
─ Sin embargo, no nos dijimos nada. Era como si supiéramos que acabábamos de presenciar algo extraordinario. Nos miramos por mucho tiempo fijamente a los ojos.
─ Cuanto más pasaba el tiempo, tanto más nos asegurábamos de haber presenciado algo excepcional, dijo Zaim. Teníamos la sensación de vivir un momento mágico que sólo estaba destinado a nosotros dos.
─ Zaim se acercó a mí y me preguntó si había visto la luz.
─ Laura me respondió que, más que verla, la había sentido.
Zaim y Laura callaron por un instante. Luego, Laura retomó el hilo de su relato:
─ Nos sentamos sobre la arena y admiramos los últimos rayos de sol. Fue así cómo nos conocimos, una tarde que será para siempre la más hermosa de mi vida.
Nathan los miró sin decir una palabra. Entonces, Laura le preguntó:
─ Nathan, tú entiendes este tipo de situaciones, ¿qué piensas de lo que nos sucedió?
Nathan seguía absorto en sus pensamientos. Su silencio incomodó un poco a Laura y a Zaim, pero esperaban pacientes su respuesta. Después de un rato, dijo:
─ ¿Ya sabéis si el bebé será un niño o una niña?
Laura y Zaim se miraron sin entender. Ninguno de los dos entendía por qué Nathan hacía esa pregunta.
─ Es un niño, dijo Laura.
Nathan sonrió como si le hubiesen confirmado lo que pensaba.
─ Habéis vivido una experiencia espiritual, dijo. Ese momento os ha unido de por vida.
─ ¿Qué quieres decir? preguntó Zaim lleno de curiosidad.
─ Estábais predestinados a recibir este regalo.
─ ¿Un regalo? preguntó Laura.
─ ¿De quién? preguntó Zaim.
─ ¡Del Sol, claro está!
─ ¿Cómo…? preguntó Laura antes de que Nathan la interrumpiera.
─ Por ahora es inútil preguntar, puesto que la vida de vuestro hijo lo aclarará todo.
Zaim tomó a Laura de la mano. Las palabras de Nathan les habían impresionado enormemente. No se esperaban esta respuesta. Sin embargo, Nathan les había confirmado lo que pensaban inconscientemente. Sabían que algo especial les había reunido, pero ahora sentían una nueva responsabilidad. Nathan se percató de ello y les dijo:
─ Que sepáis que el sol no os ha elegido sin motivo alguno. Tanto el uno como el otro, habéis estado siempre impregnados de un amor ilimitado, de la fuerza esencial para que se os diera este regalo.
Nathan pensó que en ese momento era mejor dejar a la joven pareja a solas. Se preparó para dar un paseo. Zaim seguía sumido en sus pensamientos. Laura le pidió a Nathan que regresara a cenar con ellos. Cuando Nathan volvió de su paseo, Zaim preparaba la mesa. Laura había asado pescado fresco. La cena fue suculenta. Después de cenar, Zaim fue a la despensa a buscar una botella envuelta en un paño, la sacó y la puso sobre la mesa. Laura llenó las copas y dijo:
─ Esta bebida se llama “Mede”, ha sido elaborada por el abuelo de Zaim.
─ Esta bebida se prepara desde hace siglos, comentó Zaim. Tiene propiedades curativas en caso de heridas y para otras dolencias. Podría incluso procurarnos sabiduría.
Zaim olfateó el aroma del licor y lo encontro muy agradable.
Laura dijo:
─ Zaim tiene la costumbre de oler todo.
─ Los aromas actúan directamente sobre nuestras emociones, explicó Zaim. Pueden impregnar directamente nuestros recuerdos y hacernos recordar incluso el momento más recóndito.
Nathan también olfateó en su copa antes de decir lo siguiente:
─ Lo que vivimos en el plano emocional siempre está relacionado con nuestros recuerdos.
Zaim alzó su copa y dijo:
─ En nuestra tierra, los espíritus más conscientes de entre nosotros, al beber este brebaje pueden ver claramente las energías universales.
No les llevó mucho tiempo acabarla y abrir una segunda botella a la que Laura elogió de manera especial. Caía la noche y la conversación continuó hasta casi entrado el amanecer. En un momento dado, Zaim miró a Laura.
─ ¿Quieres decirme algo? preguntó Laura.
─ Sí, dijo Zaim. Estaba pensando en un nombre para nuestro hijo. ¿Qué te parece Kiran?
─ Es un nombre muy hermoso, respondió Laura.
─ ¿Qué significa «Kiran»? preguntó Nathan.
─ Es un nombre persa que significa «luz del sol».
Laura sonrió y besó a Zaim. Nathan levantó su copa y dijo:
─ ¡Este último brindis por Kiran!
Durante los días siguientes, Nathan y sus amigos visitaron la región montañosa del interior del país. En sus paseos, Nathan pudo admirar los torrentes y las caídas de agua y quedó fascinado.
En la mañana cuando partió de Grecia hacia Turquía, Nathan agradeció a Laura y a Zaim por su hospitalidad y les deseó buena suerte en su futura misión, luego tomó el tren. Esperaba ansiosamente su encuentro con Koan.