Estado Puro
Unos días más tarde, Nathan y Qiao llegaron en avión a Kunming, la capital de la provincia de Yunnan. Se dirigieron al centro de la ciudad y escogieron un hotel. Descansaron antes de ir a ver las colinas del oeste, llamadas Xishan. Desde allí, tenían una vista sorprendente de «la ciudad de la eterna primavera». Luego dieron un paseo por el centro. La noche empezaba a caer. Aunque Nathan no pudo percibir ninguna diferencia evidente en comparación a lo que ya había visto en otras partes, sentía que el modo de vida en esta ciudad era otro. El joven sabía que un nuevo mundo se abriría ante él. Al día siguiente, los dos hombres pasaron el día entero en el parque del Lago Verde. Qiao le contó a Nathan que los habitantes de Kunming iban a ese parque a descansar, tanto los jóvenes como los no tan jóvenes. Una multitud de gente se movía por los templos y alrededor de los hermosos estanques. Al día siguiente, Nathan y Qiao se despertaron pronto en la mañana para coger un tren hacia Dali. La línea ferroviaria atravesaba el paisaje de valles y montañas. Cuando llegaron, Nathan y Qiao primero reservaron el hotel y luego fueron a visitar el centro de la ciudad. Al día siguiente pasearon por el lago Erhai. Qiao contó la historia de la provincia de Yunnan, en la que vivían numerosas y diferentes culturas. Al otro día, cogieron un bus hacia Lijiang y llegaron en la noche. Se hospedaron en un hotel. La mañana siguiente, Qiao, pleno de energía, guío a Nathan por las tortuosas callejuelas pavimentadas con adoquines. Qiao estaba conmovido por volver a esta ciudad que tan bien conocía. A Nathan le recordaba Brujas, ciudad que siempre le gustaba visitar. En China, les atraía el cálido ambiente que emanaban las múltiples casas de madera a lo largo de los canales fluviales. Al caer la noche, Qiao y Nathan fueron a acostarse, ya que debían despertarse pronto al día siguiente para ir al monasterio. Al alba, Qiao y Nathan cogieron un bus hasta la falda de la montaña de nieves eternas, Yulong, donde se hallaba situado el monasterio. Después de una ardua subida, algunos monjes recibieron con brazos abiertos a Qiao y a Nathan. Al ver sus cabezas al rape y sus largos hábitos, a Nathan le recordaban a Zack, el amigo que había visitado en Nueva York. Los monjes de este monasterio eran conocidos por su hospitalidad e hicieron todo lo posible para no deshonrar su reputación. Se presentaron ante sus visitantes, luego les mostraron donde vivían y donde meditaban. Después de esta visita, los monjes condujeron a sus huéspedes a una gran sala y se sentaron en el suelo al fondo de la estancia. Los dos hombres siguieron su ejemplo. Nathan siguió el ritual con atención mientras que Qiao le explicaba lo que sucedía. Mientras tanto, varias decenas de monjes entraron en la sala. Al final, cientos de monjes esperaban pacientemente la entrada del maestro Shuang. Qiao estaba bastante nervioso. El viejo maestro entró y se sentó en una silla. Luego, pidió a sus invitados que cerraran los ojos y que respiraran profundamente. Qiao traducía en voz baja para Nathan y luego hizo lo que Shuang había pedido. En lugar de seguir su ejemplo, Nathan se puso de pie. El maestro lo notó enseguida. Se miraron y Nathan decidió acercarse a él. Qiao había notado que Nathan se había puesto de pie, abrió los ojos y se levantó para estar al lado de su amigo. Sin embargo, no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo y, en voz baja, le pidió a Nathan que le explicara lo que estaba haciendo, pero Nathan seguía caminando en medio de los monjes como si no le hubiese oído. Cuando los dos llegaron ante el viejo maestro, Shuang les saludó inclinando la cabeza. Nathan y Qiao, a su vez, besaron su frente en señal de respeto. Shuang se dirigió a Nathan. Hablaba en mandarín. Qiao traducía.
─ Bienvenido, me siento honrado por tu visita.
─ Es un honor estar ante vuestra presencia, respondió Nathan. Qiao me ha hablado de usted y me ha traído hasta aquí para que nos conociéramos.
Shuang miró al hombre que se hallaba al lado de Nathan y reconoció a su viejo alumno. El maestro bajó la cabeza para hacerle entender a Qiao que había hecho lo correcto. En la sala, los monjes se pusieron a charlar y los murmullos no cesaban de aumentar. Shuang pidió silencio. Cuando no se pudo oír ningún ruido, Shuang miró a Nathan largo rato y cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos, daba la impresión de que había entendido lo importante que sería ese joven para él.
─ Te voy a ayudar, le dijo.
Nathan no dijo nada y esperó a que Shuang le comunicara lo que tenía para él.
─ Ven a verme esta noche con Qiao, dijo el maestro. Te enseñaré cómo puedes escuchar tu voz interior para que puedas, igualmente, tomar Conciencia de la voz interior de los demás.
Después de estas palabras, los tres se despidieron inclinando la cabeza. Nathan y Qiao se marcharon ante la mirada curiosa de los monjes. Por la noche, regresaron al monasterio. Shuang les esperaba en una habitación amueblada con sencillez. Nathan y Qiao se sentaron frente a él. Así como en casa de Yeshe, les sirvieron té caliente. Qiao traducía la conversación.
─ Ya has recorrido un buen trecho, dijo Shuang a Nathan.
─ ¿Se refiere a mi viaje o a mi vida? preguntó Nathan.
─ ¿Cuál sería la diferencia? preguntó a su vez Shuang.
─ He tenido la ocasión de aprender varias filosofías.
─ ¿Serías capaz ahora de entender cómo nace cualquier verdad? preguntó Shuang.
─ Aprendí que cada verdad consistía en una idea. Ya sea exacta o no, tiene poca relevancia. Cualquier filosofía puede convertirse en una verdad si puede convencer a los hombres de su exactitud.
─ Tienes razón, así nace una verdad. Puede ser percibida según el estado de Conciencia del observador. Así, cada uno de nosotros tiene sus propias verdades y su propia percepción de la realidad. Pero he ahí donde se esconde el peligro.
Shuang tomó un sorbo de té.
─ Si consideramos nuestra percepción de la realidad como una certeza absoluta, podríamos correr el peligro de querer imponerla como tal a los demás. Así se produce todo mal.
Nathan escuchaba con mucha atención. Shuang siguió con calma:
─ Cada uno de nosotros debe preguntarse sobre las certezas que se ha creado a lo largo de su vida. Debe comprobar si sus opiniones pueden ser justificadas y si son adecuadas para guiar sus aspiraciones.
─ Para ello, cada uno de nosotros debería tener la voluntad de conocer verdaderamente su yo interior y el mundo de hoy, el mundo en el que vivimos.
─ En lo más profundo de nuestro ser, cada uno de nosotros tiene la intención de lograrlo. Sólo deberá elegir armarse de valor y tener disciplina. El valor de abordar las opiniones fundamentales y la disciplina de mostrarse abierto ante nuevos puntos de vista.
─ El valor y la disciplina, intervino Qiao, ¡la base de la plenitud!
Shuang mostró estar de acuerdo con una sonrisa.
─ Así es, la plenitud es uno de los regalos más hermosos que nos pueden obsequiar.
Nathan notó que Shuang no ocultaba que estaba contento de que su antiguo alumno retuviera aún esa información. El viejo maestro prosiguió:
─ Cada uno de nosotros necesita de una filosofía para no ir por la vida como un necio. Entonces se debe siempre osar poner en duda todas nuestras convicciones.
Shuang bebió otro sorbo de té y miró a Nathan directamente a los ojos. Nathan reconoció esa mirada, una mirada que anunciaba revelaciones importantes. Shuang tenía ese tono sabio que Nathan ya había oído en ocasiones anteriores. El joven se concentró y esperó pacientemente lo que Shuang iba a decirle.
─ Tu naturaleza te ha impulsado siempre hacia la búsqueda de una filosofía, Nathan, y sabes que no podemos alcanzarla a través de la razón, sino sólo a través de la experiencia. Muy pronto, obtendrás el último saber.
─ ¿El último saber? preguntó Nathan.
─ El último saber es el estado puro, le indicó Qiao.
Nathan recordó que Yeshe también le había hablado del estado puro. Qiao sabía que esta información era muy importante para Nathan.
─ Varias personas que he conocido me han hablado del estado puro, dijo Nathan, también Yeshe, el hombre que le dijo a Qiao que me condujera a ti. ¿Qué más podrías decir al respecto, maestro Shuang?
─ El estado puro es el estado de la liberación, el estado en el que no se conoce el egoísmo, ni el mal, ni el temor. Es el estado en el que nos liberamos totalmente del ego.
Nathan y Qiao intercambiaron una mirada. Pensaron en la confusión que Yeshe sintió la primera vez que vio a Nathan. Sus miradas no pasaron desapercibidas para Shuang, quien agregó:
─ Sí, Nathan y los demás seres excepcionales no conocen el ego.
─ ¿Cómo es eso posible? preguntó Qiao.
─ Estos seres nacen sin ego por su misión superior.
─ ¿Cómo puede entonces Nathan enseñarnos a controlarlo? preguntó Qiao.
─ Al entender el verdadero motivo de la existencia del ego, Nathan descubrirá cómo podremos controlar el ego.
Qiao, así como Nathan, reflexionaron por un instante.
─ ¿Cómo se puede alcanzar el estado puro? preguntó Nathan.
Shuang colocó sus manos sobre Nathan. Le pidió a Qiao que tradujera con exactitud sus palabras.
─ El estado puro no se alcanza ni a través de la razón ni a través de la experiencia.
─ ¿Entonces, cómo? preguntó Nathan.
─ Para alcanzarlo, hay que confiar en lo absoluto.
─ Siempre he confiado en lo absoluto, respondió Nathan.
─ Pero, jamás has dejado el estado puro... como tampoco lo ha hecho ningún ser vivo.
Nathan y Qiao no entendieron lo que acababa de agregar Shuang.
─ Dices que Nathan pronto experimentará el saber último y ¿Ahora afirmas que ningún ser vivo jamás ha dejado ese estado?
─ Se trata precisamente de la razón de ser de cada vida, la energía profunda detrás de cualquier objetivo en la vida, el camino hacia la liberación. Estamos en la tierra para recordar que formamos parte del estado puro.
Las palabras de Shuang impresionaron sobremanera a Nathan.
─ Sigue ahora el camino que te indica tu confianza en lo absoluto y busca la serenidad y la sabiduría para podernos mostrar el camino hacia la liberación.
Con estas palabras, el viejo maestro se levantó y se despidió de Nathan y de Qiao.
Al regresar al hotel, los dos hombres hablaron aún un rato de lo que habían captado de las palabras de Shuang. Veían ahora con claridad que la voluntad profunda de cada uno era la misma que nos conducía al estado puro, que no era otra cosa que la Conciencia de sabernos parte de un todo. Al día siguiente, Nathan y Qiao pasearon por Lijiang. Se sentaron sobre el césped cerca de una plaza en la que se respiraba un clima agradable y en la que los niños jugaban gritando de felicidad. Apenas se acababan de sentar y un hombre vino corriendo hacia ellos. Todavía casi sin aliento, se dirigió a Nathan. Nathan le pidió a Qiao que le tradujera lo que el hombre decía. Qiao respondió que el hombre hablaba en vietnamita, un idioma que él desconocía. Lo único que pudo entender fue que el hombre se llamaba Ngai. Entonces, el hombre empezó a duras penas a hablar en inglés. Lo que Nathan y Qiao pudieron entender era que vivía en Hanói y que insistía que Nathan fuese con él a esa ciudad. Los jóvenes le preguntaron el motivo y el hombre respondió que tenía una amiga en Hanói que se encontraba muy enferma. Nathan le pidió a Qiao que buscara a alguien que hablara vietnamita. Mientras tanto, Nathan y Ngai se quedaron juntos. Nathan lo observó y trató de saber a través de su intuición si las intenciones de aquel hombre eran sinceras. Poco a poco, pudo entender claramente que se trataba de una señal. Cuando Qiao regresó, junto con una mujer que entendía vietnamita, Nathan ya tenía el presentimiento de que iría a Hanói. La mujer tradujo las palabras de Ngai. Efectivamente, tenía una gran amiga en Hanói que se encontraba gravemente enferma. Su tía lo había encomendado la misión de buscar a Quan y de volver a casa con él. Qiao, que no parecía confiar totalmente en el hombre, indicó que el nombre de Nathan no era Quan. Ngai hizo oídos sordos a esta observación; estaba completamente convencido de que Nathan era el hombre que buscaba. Qiao le preguntó en qué se basaba para creer eso y Ngai respondió que lo intuía. Qiao dijo que eso no explicaba nada. También para Nathan todo esto era un misterio. Sin embargo, pensaba que Ngai decía la verdad. Nadie agregó nada más. A un cierto punto, la mujer que hacía de intérprete tuvo una idea. Explicó el significado del nombre Quan. En vietnamita, significaba «agua». Nathan no dudó más y dijo que iría con Ngai a Hanói. Ngai le agradeció varias veces, pero agregó que el tiempo apremiaba. Nathan le dio la dirección de su hotel y le dijo que le esperaría al día siguiente. Ngai, satisfecho por haber logrado su cometido, dio la gracias de nuevo a Nathan, a Qiao y también a la mujer intérprete y acto seguido se marchó. Qiao no parecía muy contento con el giro que tomaron los acontecimientos.
─ ¿No sabes nada de este hombre y vas a ir con él?
─ Este hombre transmitía confianza, eso significa que sigue lo que le indica su corazón.
─ ¿Cómo puedes saber que tiene buenas intenciones?
─ No se necesita definir la bondad, Qiao, se puede reconocer.
Qiao sabía que Nathan sentía una profunda e infinita confianza en lo absoluto. Sabía que Nathan se dejaba guiar siempre por su confianza. De hecho, Qiao también sabía que algo le esperaba a Nathan en Hanói, pero esas últimas semanas, se había apegado tanto a él que su partida le causaba un poco de tristeza.
─ ¿Estás seguro de que quieres irte mañana?
Nathan se había dado cuenta de que a Qiao le costaba aceptar esta separación repentina.
─ ¿Por qué no ahora? Eso no haría sino postergar nuestra despedida.
Después de un largo silencio, Nathan prosiguió:
─ Qiao, me he dado cuenta de que eres más feliz ahora que estás en China.
─ No es nada difícil, la vida en mi tienda es monótona, no ocurre nada nuevo.
─ Cuando la vida es monótona no es culpa de la vida, sino de nuestra falta de imaginación. Nuestra imaginación nos permite escapar de la monotonía.
Qiao quiso decir algo, pero se sumió en sus pensamientos.
─ ¿No me quieres decir lo que piensas? preguntó Nathan.
Qiao dudó un poco, pero, al notar la mirada sincera de Nathan, confió en él y le dijo:
─ No sé cómo decírtelo.
─ Tómate tu tiempo para hablar, trataré de intuir tus pensamientos.
─ ¿Recuerdas nuestra primera charla con Pete? En un momento dado, dijo que tenía la sensación de haber perdido mucho tiempo en cosas inútiles.
─ Sí, lo recuerdo.
─ Verás, cuando veo a alguien como tú, como Yeshe o como Shuang, me siento pequeño. Me doy cuenta de que la vida me ha hecho conocer a guías extraordinarios y, ¿qué hago yo? Paso los días sin hacer nada importante.
Quiao estaba muy emocionado. Nathan permaneció callado para que Quiao continuara hablando.
─ Nathan, ¿Acaso descubriré algún día el verdadero objetivo de mi vida?
─ Debes pensar en lo que es importante para ti y cuánto tiempo le dedicas realmente. Sólo así descubrirás tus talentos innatos y podrás intuir tus posibilidades.
─ Parece algo simple, pero no lo es.
Nathan le colocó un brazo alrededor de sus hombros y le mostró a los niños que jugaban en la plaza.
─ Recuerda lo que imaginabas cuando pensabas en tu futuro, Qiao. Luego, trata de descubrir cuáles son los obstáculos que te impiden convertir en realidad tus sueños.
─ ¿Y después qué?
─ Es la única manera para darle vida a tus sueños. Qiao, siento que aquí te espera una misión importante. Cuando te des cuenta y hagas lo que te digo, descubrirás la capacidad extraordinaria que tienes para cumplir esta tarea.
Qiao sintió la fuerza que trasmitían estas palabras.
─ Quizás venga a vivir algunos años aquí. A Stephanie le encantaría la idea de vivir aquí.
─ Sabes, Qiao, aunque podamos poseer todos los conocimientos, hay algo que trata de impedirnos seguir el objetivo de nuestra vida.
─ ¿De qué se trata?
─ De la costumbre de dejar todo para otro momento.
─ ¿La costumbre de dejar todo para otro momento?
─ Sí, es un sentimiento oculto que se encuentra acorazado por motivos aparentemente importantes.
─ Pero no puedo ahora.
─ Seguir el objetivo de nuestra vida exige dedicarse a ello de pleno, Qiao. Tu vida entera depende de lo que piensas ser. Tu vida dependerá también de tus anhelos.
Qiao supo nuevamente que Nathan estaba en lo correcto.
─ Tienes razón, paso mi vida aplazando mis anhelos profundos.
─ Hagas lo que hagas, trata de hacerlo con todo tu ser. De esta manera, tu nivel de Conciencia se profundizará más.
─ Aprendí de Shuang que, si queremos deshacernos de una mala costumbre, debemos buscar el verdadero momento. Así llama a los momentos en los que podemos hallar la fuerza para vencer estas costumbres.
─ Se trata de momentos en los que podemos obtener el valor y la fuerza moral necesarios para alcanzar nuestro objetivo.
Nathan y Qiao regresaron al hotel. Al día siguiente, Ngai llegó pronto en la mañana, con una mochila en su espalda. Nathan le invitó a tomar el desayuno. Qiao se sentó en la mesa, irradiaba alegría.
─ He decidido quedarme aquí, dijo, y ya le he dicho a Stephanie que nos mudaremos. Quiero establecerme en este lugar, hay suficientes proyectos humanitarios en los cuales participar. Sé que aquí seremos felices.
─ Buena elección, es aquí donde debes estar.
─ ¡Ya lo había dicho Yeshe! ¡Estoy tan agradecido con los dos!
─ Debes agradecértelo a ti mismo. El verdadero motivo de tu elección es el cambio que hubo en ti en tu manera de juzgarte y sobre lo que quieres llegar a ser.
─ Quédate tranquilo, a partir de ahora, trataré de que mis experiencias siempre se realicen según mi voluntad profunda.
Nathan y Qiao se dieron un abrazo y luego, Nathan se marchó del hotel junto con Ngai. Los dos hombres tenían ante ellos un gran viaje en autobús y en tren antes de tomar el avión con destino a Vietnam. Ya en ruta, Nathan se dio cuenta de que también en esta ocasión sus sentimientos habían determinado el curso de su viaje. Sin embargo, esta vez, las cosas sucedieron de una forma muy peculiar. Se preguntaba muchas cosas. ¿Cómo pudo Ngai estar tan convencido de que era él a quien buscaba? ¿Por qué lo había llamado Quan? ¿Y quién era esa amiga misteriosa que tenía en Hanói? No era fácil hablar de ello con Ngai. Pero Nathan había aprendido a reconocer las preguntas a las que no hallaría una respuesta inmediata, sino después de un tiempo. Se dejó invadir por el sueño mientras se decía a si mismo que en Vietnam las cosas serían mucho más claras.