Imaginación
Cuando Nathan llegó a “Sentimienta”, Catalina estaba dando un curso a un grupo de bailarines extranjeros. Como era habitual, todos se entregaban en cuerpo y alma al baile. La coreógrafa insistía en la importancia de los movimientos naturales, pero el placer del baile debía primar ante todo, decía.
Al ver aparecer a Nathan, Catalina les dio a los bailarines un descanso.
─ ¿Qué tal te ha ido el viaje?
─ Bien. Ha sido muy enriquecedor.
─ ¿Adónde has ido?
─ Tras explorar la costa del Yucatán, me dirigí más al sur. La naturaleza allí es magnífica. Hay muchos lugares extraordinarios. Incluso subí al Tajumulco en Guatemala. Allí, tuve una experiencia impresionante.
Catalina se moría de curiosidad. Tras pedirle a una de sus bailarinas que la remplazara, se aseó rápidamente y se fue con Nathan al centro de la ciudad.
─ Cuéntame esa experiencia.
─ En lo alto de la montaña, encontré a un sabio indio.
─ ¿Aquel que posee el conocimiento profundo?
─ ¿Le conoces? preguntó Nathan.
─ De oídas, pero no personalmente.
─ ¿Has conocido a un sabio alguna vez?
─ Me ha pasado dos veces, y las dos en la cordillera de los Andes. El primer encuentro fue en Chile.
─ Me encantaría que me contaras primero tu experiencia.
─ Estaba estudiando en Santiago, y durante las vacaciones me fui a hacer una expedición con unos amigos a la sierra. En el camino nos encontramos con un pueblo escondido, a una gran altitud. Me acuerdo que, desde allí, se podía ver incluso el Aconcagua, que se encuentra en Argentina.
─ ¿Y qué hicisteis?
─ El sabio del que te he hablado vivía allí totalmente solo. Me acuerdo que a todo el mundo le pareció bastante extraño. Aún más nos sorprendió el hecho de que este anciano de pelo blanco que vivía en aquel lugar recóndito tuviera los ojos azules. No parecía en absoluto un típico chileno, y hablaba el español con acento.
─ ¿Qué pasó?
─ Al verme, me hizo señas para que me acercase a él, y me dijo que tenía que volver sola a verle porque tenía información importante que darme.
─ ¿Y volviste?
─ No inmediatamente. Lo que pasaba era que tenía miedo, pero un sueño que tuve me hizo cambiar de opinión. Unas semanas después fui sola al pueblo y pasé un día entero con él. Tenía, en efecto, una información muy importante que darme. Fue el primero que me habló de mis excepcionales dones.
─ Ya veo.
─ ¿Y dónde encontraste al segundo sabio? continuó Nathan.
─ Fue en Ecuador, durante mi viaje a Sudamérica. Me alojaba en casa de una amiga en Esmeraldas. Es una ciudad que está en la costa norte de Ecuador. Allí me hablaron de una mujer llena de sabiduría. Para encontrarla, había que escalar el volcán Chimborazo, la montaña más alta de Ecuador.
─ Y, ¿fuisteis, tú y tu amiga?
─ Estaba intrigada por esas historias. Cuando decidí salir a la búsqueda de aquella mujer, mi amiga decidió acompañarme. Desde la infancia, le habían apasionado las historias que se contaban sobre aquella mujer, y quería saber si realmente existía o si se trataba simplemente de un mito.
─ Quizá su misión era llevarte a aquella mujer.
─ Ya se me había ocurrido esta idea. Empezamos el camino juntos, pero aún me acuerdo lo difícil que fue. No estoy muy segura de si lo hubiera logrado de estar sola.
─ Entonces, ¿era real aquella mujer?
─ Al final logramos encontrarla. Este encuentro fue el más conmovedor de todos los que he vivido hasta ahora.
─ ¿Qué fue lo que pasó para hacerte decir esto?
─ Cuando escuchaba las palabras de aquella anciana, me sentía como si estuviera escuchando al conocimiento mismo. Ella me respondía a todas las preguntas que yo me hacía en lo más profundo de mi ser. A veces, lo que me decía me parecía increíble, pero entonces me decía que yo le daba más importancia a la ilusión del conocimiento verdadero que a este conocimiento por sí mismo.
─ ¿Puedes darme un ejemplo?
─ Por ejemplo, me dio las gracias por haber venido a visitarla al lugar más elevado del mundo. Yo le respondí que el Chimoborazo no era la montaña más alta del mundo, que las cimas más altas se encontraban en el Himalaya. Y entonces fue cuando me respondió: "Aprende a poner las cosas dentro de su contexto".
─ ¿Qué quería decir?
─ Sólo lo comprendí un poco más tarde. Dicen que el Everest es la cumbre más alta del mundo porque se mide la altitud desde el nivel del mar. Pero el Chimborazo, por su situación en el globo terrestre, es la cumbre más alejada del centro de la tierra. Es el punto de la tierra más cercano al sol. Pero eso no es lo principal. Es la profunda sabiduría del mensaje lo que me ha marcado. Es eso lo que tiene más importancia para mí.
Esto le confirmaba a Nathan que se podían encontrar sabios en cualquier lugar de la Tierra.
─ Cuéntame ahora lo que has aprendido del sabio indio, le pidió Catalina.
─ Me ha enseñado a entrar en contacto con el conocimiento profundo a través del silencio.
Nathan intentó describir su visión del fuego del éxtasis con todo detalle.
─ Tuviste una visión de tu misión, le dijo Catalina cogiéndole el brazo.
Se quedó callada un momento, y después continuó:
─ ¿Sabes lo que significa?
Nathan sentía curiosidad por saber lo que iba a añadir.
─ Esto significa, dijo, que ahora estás en contacto directo con la fuerza creadora.
─ ¿Qué implica esto? preguntó Nathan.
─ Sabes que nuestra fuerza creadora nos ha enviado a la Tierra para que su voluntad pueda ser traducida en actos.
─ Sí, es esto en lo que consiste nuestro carácter excepcional.
─ Para realizar esta voluntad, debemos realizar un aprendizaje y entrar en contacto con nuestra esencia profunda.
─ ¿Y ahora, se ha acabado esta etapa?
Catalina asintió con la cabeza. Nathan se tomo un tiempo para pensar, y luego añadió:
─ Ahora entiendo mejor lo que pasó después.
─ ¿Qué pasó? preguntó Catalina, llena de curiosidad.
Nathan describió los eventos de Puerto Ángel. Catalina escuchó con atención.
─ Era una lección para hacerte comprender que tienes la capacidad de traducir en actos todas y cada una de tus verdaderas inspiraciones, le confió Catalina.
─ ¿Qué entiendes tú por inspiración verdadera? le preguntó Nathan.
─ Una intuición o un impulso espontáneo. Las inspiraciones verdaderas son siempre el producto de la imaginación y actúan sobre la voluntad.
─ ¿La voluntad que me ha empujado a hacer lo que hice en Puerto Ángel?
─ Sí. Tu imaginación ha inspirado tu voluntad. De la misma forma en la que mi imaginación me ha inspirado a crear mis melodías y coreografías.
Catalina y Nathan se miraron. Se sentían unidos y que compartían su carácter excepcional. Nathan era ahora capaz de reconocer los sentimientos que existían en todas las formas de creatividad. Veía las similitudes que existían entre creatividad y curación, que era de lo que hablaba Songo. Nathan comprendió igualmente que siempre era un flujo espontáneo de energía motriz lo que ponía en movimiento una voluntad inalterable.
Unos días más tarde, cuando Nathan y Catalina volvían del mercado, la señora de la limpieza le dijo a Nathan que había recibido una llamada telefónica de una tal Deborah desde San Francisco. Ella quería hablar con él y quería que Nathan la llamara. Cuando le devolvió la llamada, Deborah le dijo que le había hablado de él a su profesor y le había descrito el suceso de Puerto Ángel. Añadió que a su profesor le encantaría conocerle. Nathan respondió que se lo pensaría y que ya la llamaría. Cuando Nathan le contó a Catalina su conversación, ella le contestó que le daría pena que se fuera, pero también sabía que para llegar allí dónde quería estar, debía, primero, dejar el lugar dónde se encontraba en ese momento. Nathan decidió aceptar la invitación y le dio las gracias a Catalina. Primero volaría a Miami, donde pasaría algunos días en casa de Simón.
En el aeropuerto se despidió de Catalina, Lisa y Manuel, y les dio las gracias por los buenos momentos que habían pasado juntos.
─ ¡Gracias por todo! Voy a echaros de menos.
─ Nosotros también vamos a echarte de menos. Pero también nos alegra que sigas con tu búsqueda.
A Nathan le sorprendió el comentario de Catalina. Catalina se explicó:
─ Tuve un sueño en el que vi el día en el que nuestros caminos se separarían. Pronto, tu misión va a tomar forma de verdad.
─ ¿Qué más sabes?
─ Soñé con el Guía que se encierra en ti, y que se está despertando en este momento.
─ ¿Me hablas del guía interior, el que vive dentro de cada uno de nosotros?
Catalina puso la mano sobre la boca de Nathan para mostrarle que no podía decir más. Se abstuvo de hacer otras preguntas. Nathan abrazó a Manuel y le hizo entender que debía seguir cuidando de Lisa. Hizo lo mismo con Lisa. Después abrazó a Catalina y se dijeron adiós.
Nathan se sentó en el avión con dirección a Florida. Era la primera vez que había estado en Latinoamérica. Todavía le estaba dando vueltas a las últimas palabras de Catalina. Enseguida se quedó dormido hasta que aterrizó en Miami. Simón y su mujer le esperaban en el aeropuerto. Se alegraba de volver a verles. Simón tenía buen aspecto, vivir en un lugar soleado parecía sentarle bien. Durante los días siguientes, Simón y Nathan dieron agradables paseos. A Nathan le impresionó Miami. Muchos de los habitantes eran originarios de América Latina, lo que explicaba el ambiente alegre que reinaba en la ciudad. Nathan tenía buenos recuerdos de su visita a Key Biscayne. En la playa, Nathan le contó a Simón sus aventuras después de dejar París. A Simón le parecieron extraordinarias, pero no estaba verdaderamente sorprendido. Le dijo simplemente que ahora podía entender mejor los hechos extraños del pasado. Añadió que se le confiarían de nuevo muchos conocimientos y, como ahora estaba más preparado para reconocer la sabiduría del mundo, su visión sería todavía más profunda. Algunos días más tarde, Nathan dejó Miami para dirigirse a su nuevo destino. San Francisco, donde le esperaban Deborah y Nigel.