Inspiración

 

 

Después de desayunar, Adnán y Nathan se fueron a casa de un amigo de Adnán, Zobeir. Por el camino, Adnán explicó que este hombre, que vivía en Suecia, donde tenía un negocio floreciente, había trabajado mucho antes de volver a Marruecos y llevar una vida más tranquila en Oued Laou. Había encontrado un lugar agradable donde vivía con su pareja. Para ganarse la vida, alquilaban cabañas de madera en la playa a los turistas. Zobeir se alegraba de volver a ver a Adnán y acogió a Nathan calurosamente. Nathan le transmitió su admiración por su decisión de cambiar de vida. Adnán explicó enseguida a Zobeir que se iba a bucear con Nathan y su amigo cogió del cobertizo dos gafas de bucear y dos pares de aletas. Les deseó que se divirtieran. “Os invito a comer cuando volváis”, les dijo. Adnán y Nathan le dieron las gracias y se fueron a la orilla del mar. El sol estaba empezando su recorrido por el cielo y sus reflejos jugaban sobre la superficie del agua en la luz de la aurora. Los dos jóvenes se sentaron sobre la arena y miraban cómo se levantaba el astro. Cada uno aprovechaba al máximo esos momentos mágicos que compartían con una contemplación muda. Un poco más tarde, Adnán se levantó y se dirigió a Nathan:
─ ¿A que la fuerza del silencio es fantástica?
Nathan asintió.
Adnán entró en el agua con las aletas y se puso las gafas de bucear. Nathan se adentró también en el mar. Adnán nadaba rápidamente, había tomado la delantera. De repente, se giró y le hizo una señal a Nathan para que se reuniera con él. Nathan le alcanzaría rapidamente.
─ ¿Estás preparado para ir a descubrir nuevos tesoros? preguntó Adnán.
─ Sólo vivimos para descubrir tesoros, el resto del tiempo sólo es una forma de espera, respondió Nathan.
Nathan y Adnán inspiraron profundamente y se sumergieron. Adnán descendió como una flecha mientras que Nathan nadaba más lentamente hacia el fondo para que no pudiera sospechar que tenía un don especial. Nathan reconoció el dominio que tenía Adnán bajo el agua. Como él, Adnán era capaz de pasar mucho tiempo en la tranquilidad y el silencio del mundo submarino. Se sumergían los dos algunos minutos. Aunque no le faltaba oxígeno, Nathan volvía a ascender siempre con Adnán. Permanecieron mucho tiempo en el agua, después Adnán se sentó sobre una roca para descansar. Nathan se sentó junto a él.
Adnán se había dado cuenta de la facilidad con la que Nathan se desplazaba cuando se sumergía.
─ ¡Nadas como un pez!
─ Siempre me ha gustado bucear, es una de mis actividades favoritas, explicó Nathan. No encuentro tanta inspiración en otro sitio como en el agua.
─ Yo también he aprendido a desarrollar la potencia de mi inspiración bajo el agua.
─ ¿Es posible desarrollar la inspiración? se extrañó Nathan.
─ Sí, estando receptivos a las imágenes que nuestro inconsciente recibe.
Recibir imágenes… Eso era algo nuevo para Nathan.
─ Esas imágenes, ¿quién o qué las envía?
─ Se trata de ideas que nos alcanzan a partir de la fuerza creadora en el momento en que puede resultarnos útil entenderlas. Pueden ser visibles, como en un sueño, pero pueden también llegar hasta nosotros en forma de pensamiento.
─ ¿Son enviadas con una finalidad determinada?
─ Llegan hasta nosotros para hacernos entender mejor el sentido profundo de los acontecimientos. Al seguir desarrollando la potencia de nuestra inspiración, podemos tomar más conciencia de que nada nos ocurre fortuitamente. En efecto, la fuerza creadora envía a nuestro inconsciente todo lo que nos permite tener la inteligencia de las cosas.
Nathan se dio cuenta de que Adnán se refería a la misma fuente que Mauro, Simón o Pablo para determinar sus actos. La única diferencia es que Adnán hablaba de “fuerza creadora” para designar esa fuerza interior. Nathan ahora entendía también que los que son conscientes de esta fuerza podían darle un nombre diferente según el camino seguido para llegar a esa toma de conciencia. Pero finalmente, para él, cada uno de ellos hablaba de la fuerza de la intuición. Adnán se levantó y se dispuso a volver a bucear. ─ ¡Volvamos a impregnarnos de otras imágenes! lanzó Nathan sonriendo.
Nathan lo estaba pasando muy bien. Al mismo tiempo, aprendía a abrir su mente a nuevas ideas. A partir de ahora desarrollaría muy deprisa la fuerza de su inspiración.
Una noche de la semana siguiente, Adnán se llevó a Nathan a un bar de Tetuán donde se tocaba una música hipnótica. Adnán explicó que esta música tenía el poder de llegar hasta nuestros sentimientos más profundos. Adnán pidió, como casi siempre, un te a la menta, su bebida favorita. Nathan estaba encantado con la música y con el nuevo mundo que se abría ante él. A Adnán también le pasaba lo mismo.
─ Se dice que estos sonidos pueden provocar la nostalgia de lo desconocido.
─ A mi padre, que procede de Andalucía, le gusta mucho la música de este tipo que se encuentra en su país y tengo la impresión de reconocer algunos de esos sonidos típicos en la música que estamos escuchando ahora.
─ En efecto, tienes buen oído porque tocan instrumentos que se utilizan también en la música andaluza.
Nathan se acordaba de que el día de su llegada a Tánger, Adnán le había dicho que vería muchos parecidos entre sus culturas.
─ Desde mi llegada a Marruecos, he aprendido muchas cosas, confesó Nathan.
─ Como decías tú mismo, vivimos únicamente para descubrir tesoros, el resto del tiempo no es más que una forma de espera.
─ Según tú, ¿cuáles son los tesoros de la tierra que tienen más valor?
Adnán no respondió enseguida y miró a Nathan como si esperara esa pregunta y se hubiese preparado para ese momento. En cuanto a Nathan, tenía la intuición de que Adnán quería confiarle informaciones importantes.
─ Los tesoros más preciados son los ángeles, respondió Adnán.
Nathan no entiendía bien a dónde quería ir a parar Adnán.
─ ¿Los ángeles?
Adnán asintió con la cabeza. Nathan especificó su pregunta:
─ Hablaba de tesoros terrestres.
Pero Adnán insistió:
─ Ocurre que hay ángeles que nos visitan.
Nathan miraba a Adnán sin decir palabra. Estaba claro que Adnán creía en lo que decía.
─ ¿Cómo se les reconoce?
─ Los ángeles siempre son abiertos y afectuosos, tanto si estan con gente que conocen como si no. Es su modo de sacar lo mejor que hay en el ser humano.
─ ¿Actúan así para cambiar a la gente?
─ Los ángeles no intentan influir en su interlocutor ni tampoco cambiarle. No esperan nada a cambio de su actitud.
─ ¿No buscan en absoluto su interés?
─ Los ángeles tienen una alegría de vivir desbordante sin que eso les suponga ningún esfuerzo. ¡Está en su propia naturaleza!
Las palabras de Adnán hicieron reflexionar a Nathan. Una cuestión preocupante le vino a la mente:
─ ¿Por qué se encuentran entre nosotros?
─ Cuando adoptan forma humana, están aquí para realizar una misión. Cuando la han cumplido, desaparecen.
─ Tengo la sensación de que me cuentas esto por algo.
─ En efecto. Todas las personas excepcionales lo saben desde la noche de los tiempos.
Nathan estaba intrigado. Se preguntaba qué más sabía Adnán de las personas que se salen de lo común e intentaba informarse:
─ ¿Cuáles son las personas excepcionales?
─ Las que son capaces de realizar actos excepcionales.
─ ¿Conoces alguna?
Adnán miró a Nathan y sonrió.
─ ¡Tú, entre otros, Nathan, eres alguien excepcional!
Nathan sabía ahora que también Adnán le consideraba alguien excepcional. ¿Adnán ya lo sabía antes de su llegada a Marruecos?¿O es que se ha dado cuenta desde que se conocen?
─ ¿Sobre qué te basas para decir eso? preguntó Nathan.
─ Me has sido envíado para que pudiera presentarte a tu ángel,
respondió Adnán.
─ ¿Se te ha pedido eso? se extrañó Nathan.
─ Sí, en cierto modo, respondió Adnán.
Nathan se quedó sin voz. Miró a Adnán y se tomó tiempo para impregnarse de sus palabras. Adnán también le consideraba alguien excepcional, lo que era extraordinario ya en sí mismo, pero aún le había confíado algo más extraño. Le había hablado de la existencia de ángeles sobre la tierra que tenían la misma apariencia que los seres humanos. Personas con una abundante alegría de vivir y que tienen por misión acompañar a aquellos que se salen de lo común. Nathan aún tenía otra pregunta:
─ Adnán, ¿eres tú... un excepcional?
─ Tengo el don de interpretar los mensajes escondidos.
─ ¿Has encontrado algún ángel?
─ Me ocurrió por primera vez hace años cuando conocí a Sanah, Laila y su marido.
─ ¿Laila, la señora que vive contigo?
Sí, respondió Adnán y contó toda la historia. Laila y su marido vivían antes en Targuist, una pequeña ciudad del Rif marroquí pero después se mudaron para ir a vivir a uno de los bonitos barrios de Tetuán. En aquella época, su círculo de amistades estaba constituido casi exclusivamente por gente rica. Sanah estaba en una escuela privada e iba a clases de música. Pero, después del fallecimiento de su marido, Laila empezó a tener dificultades económicas. Tuvo que dejar el barrio y se fue a vivir al centro. Aún me acuerdo del día en que se trasladó. Se encontró en un tugurio con paredes mal hechas y sin cocina ni instalaciones sanitarias. Imagínate el cambio que eso debió de suponer para Laila. Había intentado dejar su habitación lo más presentable posible pero cuando llegué, no pudo evitar ponerse a llorar. Le preocupaba, sobre todo, Sanah que aún no había visto la nueva vivienda. Me acuerdo que Sanah tenía siete años. Era el primer día de la escuela a la que ahora tenía que asistir y Laila se preguntaba con inquietud cómo reaccionaría Sanah a todos estos cambios, si no sería algo demasiado fuerte para ella. Yo hacía todo lo que podía por animarla. Le dije que tenía que ser valiente; secó sus lágrimas y me pidió que esperara con ella a que Sanah volviera de la escuela.
Aún hoy, me alegro de haberme quedado porque viví un momento de inestimable valor cuando Sanah abrió la puerta con su cartera en la espalda. Su madre estaba sentada en una silla, se mostraba valiente, intentando esconder su ansiedad lo mejor que podía. Sanah echó un vistazo al interior, se puso a reír al ver a su madre y al verme a mí, y luego tomó impulso para hacer la rueda, cayendo en los brazos de su madre y diciendo: “¡Eres la mamá más buena del mundo!”. Todavía me enociona recordarlo… Laila ya no retenía sus lágrimas, pero esta vez, lloraba de felicidad. En un instante, su tristeza se había transformado en alegría. Me daba cuenta de que había sido testigo de un milagro. Sanah también ha cambiado la vida de personas de su entorno de una manera impresionante. Tiene una alegría de vivir desbordante y siempre es abierta y afectuosa cuando está con otra gente.
Nathan se sentía conmovido por la historia que Adnán acababa de contar. Pero que la mujer fuera un ángel… su escepticismo no se disipó.
─ Has despertado mi curiosidad, dijo.
─ El mes que viene, Sanah vendrá de visita, podrás darte cuenta por ti mismo.
Durante las semanas siguientes, la curiosidad de Nathan no haría más que crecer. Por fin llegó el día en que los dos hombres irían a buscar a la hija de Laila a Casablanca. Como habían llegado muy pronto al aeropuerto, se fueron a tomar algo a una cafetería. Nathan se sumergió en la lectura de un periódico. Adnán le propuso esperar mientras iba a buscar a Sanah. Al llegar al vestíbulo de llegadas, reconoció enseguida a la joven con su larga cabellera ondulada. Le estaba diciendo adiós a una señora mayor. Se acercó a ella y el reencuentro fue caluroso. Adnán y Sanah eran como hermanos, así que siempre era una gran alegría para ellos volver a verse. Después de varios abrazos, Adnán ayudó a Sanah a llevar su equipaje.
─ He venido con alguien que…
Adnán no tuvo tiempo de terminar la frase. Sanah le interrumpió con un gesto de la mano:
─ ¡Ya lo sé!
Adnán no dijo nada más y se dirigieron hacia la cafetería donde se encontraba Nathan. Adnán les presentó. Sanah y Nathan intercambiaron una mirada profunda sin decir nada. Sanah cogío las manos de Nathan. Sin dejar de mirarle, se dirigió a Adnán:
─ ¡Gracias, Adnán!
Nathan estaba un poco sorprendido. Sanah se lo explicó tranquilamente:
─ Le he dado las gracias a Adnán porque ha estado muy atento.
Nathan no entendía nada y se volvió hacia Adnán.
─ ¿De qué habla Sanah?
─ De lo que he visto en sueños, respondió Adnán.
Nathan volvió a mirar a Sanah.
─ Entonces, ¿me conoces?
Sanah miraba las manos de Nathan.
─ Un poco más cada instante.
─ ¿Qué sabes de mí?
─ Hay en ti un profundo deseo que espera ser cumplido.
En ese momento, soltó las manos de Nathan.
─ ¿Qué profundo deseo y cómo puedes saber eso? preguntó el joven.
─ Acabas de confiármelo ahora mismo, respondió Sanah.
Pero Nathan sabía que no había dicho nada en absoluto. Adnán intentó ayudarle:
─ Sanah quiere decir que se lo has confíado de manera inconsciente.
─ ¿Lo has sabido al cogerme las manos? le preguntó Nathan a Sanah.
─ Tocarse es la forma de comunicación más fundamental, respondió Sanah.
─ ¿Qué has aprendido exactamente? preguntó Nathan.
─ Que la mística y los aspectos escondidos de la realidad te invocan intensamente, desveló Sanah.
─ ¿Cuáles son los aspectos escondidos de la realidad? preguntó Nathan.
─ Los conocerás más en el sur, anunció Sanah.
Luego se volvió, cogió su equipaje y tomó la dirección de la salida. Nathan miraba a Adnán totalmente sorprendido.
─ ¿En el sur? repitió.
Adnán hizo un gesto de impotencia para indicar que no sabía más que él. Los hombres siguieron a Sanah que ya se había alejado un poco.
─ ¿Sabes a qué se refiere Sanah cuando habla de los aspectos escondidos de la realidad? preguntó Nathan, lleno de curiosidad.
─ Ten paciencia. Puedes estar seguro de que, en este momento, ella sabe más de ti que tú mismo, afirmó Adnán para tranquilizar a Nathan.
En el coche, Adnán les dijo que no les acompañaría.
─ Vale, dijo Sanah. ¡Ya has hecho mucho! Nosotros tomaremos el autobús hacia Marrakech. Nos veremos más tarde.
Adnán dejó a Sanah y a Nathan en la parada del autobús y les dijo adiós. Nathan se preguntaba qué era lo que estaba pasando exactamente pero confíaba en Adnán. Además, tenía la intuición de que Sanah también tendría una gran importancia en su vida. El trayecto en autobús hasta Marrakech duraría varias horas. Nathan, que ya había reflexionado mucho, aprovechó la ocasión para pedirle a Sanah más información.
─ ¿Cuál es en realidad la diferencia esencial entre los hombres?
─ La manera en la que son conscientes del objetivo de su vida.
─ ¿Tiene cada persona un objetivo en la vida?
─ Sí, y todo el mundo tiene la capacidad de tomar conciencia del objetivo de su vida.
─ ¿Cómo se distingue entonces a alguien excepcional?
─ Por tres características excepcionales.
Nathan se preguntaba qué es lo que iba a decir Sanah.
─ Alguien excepcional no necesita descubrir que tiene un objetivo en la vida porque siempre ha sido consciente de ello.
Nathan se reconocía en esas palabras: siempre había sido consciente de ello. Sanah continuó:
─ Alguien excepcional goza de una protección fuera de lo común, que es su capacidad de distinguir entre el conocimiento verdadero y la mentira.
Nathan entendía mejor ahora por qué la gente apreciaba su opinión tan a menudo.
─ ¿Y cuál es la tercera característica? preguntó.
─ Es la más importante. A partir de ahora, iluminará tu camino continuamente. El objetivo de la vida de una persona excepcional comporta una misión superior.
Nathan volvió a pensar en su viaje a la India con Simón. Se acordaba del hombre que había conocido en Bombay, en el distrito de Colaba, y que le dijo que tenía una misión superior…
─ ¿Qué es una misión superior?
─ Es una misión que está directamente relacionada con un elemento natural, o una energía superior, respondió Sanah. Alguien excepcional actúa, en cierto modo, como un mensajero.
Nathan siempre había sido consciente de su íntima relación con su elemento natural pero ser un mensajero era algo que le resultaba muy extraño.
─ ¿Consigue alguien expcepcional siempre llevar a cabo su misión superior?
─ Más allá de la toma de conciencia, cada persona goza de libre albedrío. La suma de las elecciones efectuadas a lo largo de la vida determina el éxito de esa misión superior. Y eso sirve para todas las personas, sean excepcionales o no.
Nathan se tomó un tiempo para reflexionar.
─ ¿Conoces mi objetivo último? preguntó.
Sanah le miraba fijamente a los ojos poniéndole la mano en el corazón.
─ Has de saber que tu misión superior va a influir a la humanidad entera de una manera nunca vista hasta ahora.
Una influencia nunca vista hasta ahora… Esas palabras llegaron hasta Nathan como si su elemento natural se le manifestara para mostrarle la importancia de su misión.
─ Sanah, nadie me lo había dicho tan explícitamente y sin embargo, es como si en el fondo de mí, lo hubiera sabido siempre, le confesó.
─ El conocimiento verdadero se halla dentro de nosotros, observó Sanah.
─ He conocido a menudo personas que estaban convencidas de que yo tenía algo excepcional…
─ Las personas que tienen un nivel de conciencia superior son, en efecto, capaces de sentir esas características.
Sanah vio que Nathan había obtenido suficiente información por el momento.
─ Descansa, Nathan, para que tu inconsciente pueda digerirlo todo. Aún hay muchas cosas que te esperan.
─ De acuerdo, Sanah, pero todavía una cosa más. ¿Existen también personas que tengan un nivel de conciencia aún más elevado que las personas excepcionales?
Sanah comprendió que Nathan estaba hablando de ella y le sonrió.
─ ¡Todos hemos venido a la tierra con una misión que hemos escogido nosotros mismos!
Nathan cerró los ojos mientras sus pensamientos volaban hacia lo que le esperaba. Cuando el autobús estaba a punto de llegar a Marrakech, Sanah le despertó. Nathan miró por la ventana y sucumbió enseguida al encanto de la ciudad rosa. Bajaron y entraron en la parte vieja de la ciudad. Nathan no hizo preguntas. Sabía que podía confiar en Sanah. Apreciaba el lugar donde se encontraba: un laberinto de callejuelas, cada una más bonita que la anterior. El tiempo parecía haberse detenido en aquel lugar. Sanah se detuvo ante una pequeña casa antigua y llamó a la puerta. Una joven vino a abrir. Intercambiaron algunas palabras y Sanah le hizo una señal a Nathan para que les siguiera al interior. Nathan quedó maravillado por la belleza del interior del riad…sus balcones y la fuente en el centro de un patio arbolado a cielo abierto rodeado de columnas y arcos…Sanah propuso descansar antes de la cena en la terraza del tejado. La joven que les había abierto le mostró a Nathan la habitación en la que podía descansar.