JUNIO 2014

 

 

Neeme Kross - Narva / Estonia


Al observar la sociedad que me rodea me planteo lo siguiente: ¿Cómo se puede explicar que el hombre, un ser espiritual, haya podido deteriorarse y convertirse en un simple ser consumista?

 

El ser humano busca constantemente la felicidad, pero muchas veces sólo a través de breves momentos de diversión, momentos de alegrías fugaces que no le brindan esa satisfacción duradera que tanto busca. Nos hemos perdido un poco en estándares de vida cada vez más elevados. Hoy en día dependemos de los fuertes estímulos de nuestros sentidos, unos más dependientes de otros por supuesto. De forma paradójica, este exceso de estímulos hace que nuestros sentidos sean cada vez menos sensibles y que aumente el deseo de experimentar sensaciones fuertes. Lamentablemente hoy en día el ser humano se ha convertido en un ser muy dependiente de sus necesidades materiales, necesidades creadas por él mismo y que en gran medida no nos permiten saborear las cosas simples de la vida.

 


 

Clarissa de Conceicao - Florianópolis / Brasil


¿Cómo debemos actuar ante personas cercanas que nos hacen sentir tristes y nos decepcionan? ¿Debemos dejar de amarlos?

 

Es imposible dejar de amar a las personas. No tenemos ningún tipo de control sobre tales sentimientos. Lo único que podemos medianamente controlar es nuestra actitud y por tanto cómo influimos en sus vidas. Podemos mantener, cambiar o dejar de influirles, esto dependerá de las elecciones que tomemos. Lo que sigue al cambio de nuestra actitud es algo que nadie puede predecir.

 


 

Zouber Ermilate - Bruselas / Bélgica


¿Cuál es para usted el objetivo último de la humanidad?

 

Siempre manteniendo nuestra individualidad, ya que es ésta la que nos hace humanos, definitivamente nuestro objetivo último es el de ser conscientes de nuestra divinidad. Ver a través de la experiencia individual que es el paso por esta dimensión podremos ser finalmente todos universales. Lograr ser conscientes de que estamos todos constituidos por elementos que provienen de la madre de todas las energías, el Amor, esa fuerza que nos mantiene y nos une a todos, una unidad que sobrepasa toda división. Darse cuenta de que cuando "sintamos" amor, en cualquiera de sus formas, sólo seguimos el curso de nuestra naturaleza profunda. Al perseguir este objetivo último lograremos acabar con toda forma de división. Con ello acabarán nuestros miedos, nuestro constante deseo de controlar y permitirá liberar toda la energía que actualmente emplea toda la humanidad en sus relaciones conflictivas.