Misión

 

 

Nathan despertó de un sueño profundo cuando el barco atracó en Laem Ngop. Desembarcó y tomó un autobús hacia la ciudad de Trat. Primero buscó un hotel y después vagó por las calles, cansado por los últimos acontecimientos. Pasó tres veces por la misma calle. Las primeras dos veces, la calle se hallaba desierta, pero la tercera vez, la policía y un grupo de curiosos se encontraban agolpados ante una casa. Curioso, Nathan se acercó y preguntó qué sucedía. Una mujer respondió en inglés que acababan de hallar un hombre que se había suicidado. Nathan pensó que había pasado tres veces por ese lugar y sabía que no había sido por casualidad. Le pidió a la mujer que le acompañase al interior para saber un poco más sobre lo sucedido. Entraron juntos en la casa. Dos agentes se ocupaban en examinar los papeles del difunto. Nathan preguntó si podía echarles un vistazo. La mujer tradujo para los agentes sus palabras. No veían mayor inconveniente. Según los papeles, el hombre era de Camboya. Vivía en Phnom Penh, pero desde hacía varios meses se encontraba en Trat. Había una carta escrita en khmer dentro de un sobre con una dirección en Camboya. Nathan deseaba leer el contenido de la carta. La mujer no sabía khmer, pero uno de los agentes podía leer en esa lengua. Primero, leyó la carta en silencio y luego la resumió en tailandés. La mujer se la tradujo a Nathan en inglés. Se trataba de una carta de despedida escrita por el difunto para su hijo, que parecía haberle abandonado a su suerte. De repente, pudo entreverse una foto en el sobre. Uno de los agentes la sacó. Nathan pidió verla. Se quedó de una pieza cuando se la entregaron. Pidió que le leyeran en voz alta el nombre de la persona a quien estaba dirigida la carta. Se trataba exactamente de quien pensaba. Tanto el nombre como la foto del hijo del difunto no dejaban lugar a dudas: se trataba de Y Chao, uno de sus compañeros de curso en Bruselas. Nathan estaba convencido de que su próximo destino sería Camboya. Le pidió al agente que le hiciera una copia de la carta y le prometió que se la entregaría él mismo al destinatario. Al día siguiente, Nathan tomó el autobús hacia la frontera con Camboya, luego un minibús que le llevaría hasta Phnom Penh. Nathan pudo notar enseguida que Camboya era mucho más pobre que Tailandia. Las calles estaban sin asfaltar y los vehículos parecía que fueran a partirse en dos de un momento a otro. A Nathan le había llamado la atención sobre todo la cantidad de niños que mendigaban por las calles. En la capital, Nathan tomó un taxi, mostró la dirección que aparecía en el sobre al chófer y éste le condujo a un edificio comercial ubicado en la zona de negocios de la ciudad. Nathan se quedó boquiabierto. Esperaba llegar a una simple vivienda, pero el chófer del taxi le había llevado al sitio correcto, era exactamente ese el lugar. Nathan entró y le preguntó a la recepcionista si podía ver a Y Chao. La recepcionista le preguntó si tenía una cita con él. Nathan le dijo que no tenía concertada ninguna cita, pero que tenía que comunicarle a Y Chao una noticia importante sobre su padre. La recepcionista realizó varias llamadas. Luego, informó a Nathan de que Y Chao había ido a su residencia en Kampot, una ciudad costera, a varias horas de Phnom Penh. Nathan preguntó cuándo volvería Y Chao y la recepcionista le respondió que no lo sabía, ya que se trataba del director de la empresa. Nathan viajó al día siguiente a Kampot y llegó al finalizar la tarde. Se informó aquí y allá y pudo saber que Y Chao era un hombre de negocios exitoso. La mayoría de las personas sabía cómo llegar a su residencia. Nathan la encontró rápidamente. La imponente casa era de estilo colonial. Llamó a la puerta y una criada le recibió. Nathan pidió ver a Y Chao. La criada se apartó para dejarle entrar. La mujer le preguntó su nombre y el motivo de su visita. Nathan respondió que era un amigo y que tenía que darle un mensaje personal. La criada volvió unos instantes más tarde para buscar a Nathan. Abrió una puerta e indicó a Nathan que entrase. Nathan entró en un gran despacho y vio a Y Chao con un traje hecho a medida. Y Chao reconoció a Nathan y dijo:
─ ¡Qué agradable sorpresa! ¡Qué contento estoy de verte!
Nathan sólo pensaba en una cosa, el momento adecuado para anunciarle a Y Chao la muerte de su padre.
─ ¿Cómo me has encontrado? preguntó Y Chao.
─ Eso no tiene mayor importancia, respondió Nathan. ¡Lo que importa es el motivo por el que nuestros caminos se han cruzado nuevamente!
─ Veo que sigues siendo tan perspicaz como siempre.
Y Chao se sentó en uno de los grandes sofás e invitó a Nathan a que tomase asiento a su lado. Le pidió a la criada que les trajera café.
─ A veces la vida es muy curiosa. Hará algunas semanas, hice un crucero por el Mediterráneo Y ¿Adivina con quién coincidí en Grecia? ¡Con Laura! Me dijo que había conocido a alguien, el amor de su vida... Me preguntó por ti.
─ Me alegro por ella. Quizás vaya a visitarle. ¿Y tú, qué tal?
─ Las cosas me van bien, Nathan.
Extendió el brazo hacia un gran letrero en el que se leía: “Para vivir de forma verdadera y no contentarse con soportar los acontecimientos, hay que ser emprendedor.”
─ Junto a algunos socios extranjeros, tengo algunos edificios en la capital. Además, tengo acciones en varios proyectos inmobiliarios importantes. Para alguien que no tenía nada, estoy orgulloso de lo que he logrado.
─ ¿Cuáles son tus planes de futuro?
─ Las cosas van progresando y, dentro de algunos años, me convertiré en uno de los agentes inmobiliarios más importantes de la ciudad.
Nathan miró a Y Chao sin decir palabra, luego le preguntó:
─ ¿Cómo van las cosas en tu vida privada, Y Chao?
─ Me divorcié hace poco... pero ahora estoy mejor. ¿Por qué lo preguntas?
─ ¡Te he hecho tres veces la misma pregunta!
Nathan sacó la carta de su bolsillo y la colocó sobre la mesa. Y Chao la cogió.
─ ¡Es de mi padre! dijo, sorprendido.
Nathan no respondió y dejó que Y Chao pudiera leerla con tiempo. Cuando acabó de leer la carta, cabizbajo, Y Chao no dijo nada por algunos minutos.
─ Seguí mi vida sin pensar en él y sin dedicarle tiempo a mi mujer. Mi única preocupación era alcanzar el éxito en el plano financiero.
Y Chao tenía los ojos llenos de lágrimas. Nathan se compadeció y se acercó a su amigo.
─ ¿Por qué has sido tú el que me ha traído esta carta? preguntó Y Chao.
─ Más bien deberías preguntarte: « ¿Cómo hallé esta carta? » Una serie de acontecimientos han coincidido para que lográsemos este encuentro.
─ Me enseñaste que todo tiene un motivo. ¿Cuál es el motivo de lo que está sucediendo ahora?
─ Nos hemos reunido para entender mejor nuestros sentimientos y sentir nuevamente que somos más conscientes de la fuente inagotable que se halla en nosotros.
─ “Hablas de nuestro saber interior.”
Nathan asintió con la cabeza y dijo:
─ Cuanto más conscientes seamos de esta fuente, tanto más se aclarará nuestra forma de pensar y nuestro objetivo en la vida será cada vez más evidente.
─ Pero, ya incluso antes eras consciente de esta fuente, ¿no?
─ No te sorprendería si te dijera que hay sentimientos que desconozco. Gracias a ti, puedo aprender a verlo claro y seguir avanzando.
Y Chao había conocido muy bien a Nathan cuando iban juntos a clase y sabía que su amigo nunca o muy raramente se había enfrentado a sentimientos de dolor. Le preguntó:
─ Exactamente ¿A qué te refieres con “avanzar”?
─ Hace un momento hablabas de evolución, pero los únicos avances importantes en nuestra existencia no están asociados ni con el estatus social ni con la riqueza. Te hablo de desarrollar nuestra sensibilidad.
Y Chao se impresionó de lo que su amigo acababa de decirle. Nathan prosiguió:
─ Nuestra sensibilidad está formada por nuestra verdad profunda. Nunca olvida el plan original del universo y siempre trata de recordarnos nuestro deseo primario.
Estas palabras no eran nuevas para Y Chao. Sabía perfectamente a qué se refería Nathan, pero hacía tiempo que nadie se lo había recordado.
─ Nathan, ¿Sabes qué sucede con nuestra sensibilidad después de la muerte?
Nathan se dio cuenta de que Y Chao se refería a su padre.
─ Después de la muerte, nuestra sensibilidad revive todo lo que hemos experimentado en vida, pero, esta vez vista a través de todas las personas que se han visto involucradas.
Y Chao pensaba en los últimos instantes de vida de su padre.
─ Espero que mi padre no sienta mucha pena cuando piense en mí...
─ Tranquilo, cuando la sensibilidad reviva esos momentos, lo hará libre de juicios y de dolor.
─ Entonces, ¿qué experimenta exactamente nuestra sensibilidad?
─ Aprende lo necesario de esos momentos para poder seguir con su evolución.
─ Creo comprenderlo.
─ Aún no del todo, pero ya llegará el momento, dijo Nathan, que recordaba las sabias palabras de Takara. Ahora necesitas descansar y reflexionar, continuó diciendo mientras se preparaba para marcharse.
─ ¿Adónde vas?
─ Me quedaré en la ciudad.
─ Me gustaría que te hospedaras en mi casa.
Nathan pensó un instante antes de responder:
─ Volveré en la noche.
Nathan abrazó a Y Chao. Pasó el resto del día en la playa y regresó tarde a casa de Y Chao. Y Chao le mostró su habitación. Nathan quería hacerle una petición:
─ Y Chao, quisiera que vinieses conmigo unos días.
─ ¿Unos días? Imposible. Tengo obligaciones que me lo impiden.
─ Por ahora, lo único que cuenta es tu mundo interior.
Y Chao pensó y luego preguntó:
─ ¿Adónde quieres ir?
─ A un lugar que para ti sea el más asombroso.
Nathan no dejó que Y Chao respondiera y le dijo:
─ Ve a dormir, ya me dirás mañana.
A la mañana siguiente, Nathan se sentó en la mesa para tomar el desayuno. Y Chao le recibió y dijo:
─ He reflexionado mucho, Nathan. Hay cosas en mi vida que quiero cambiar y sé que eres la persona ideal para ayudarme.
Nathan pudo comprobar que la conversación de la noche anterior había dado sus frutos.
─ Está bien, dijo. ¿Adónde iremos?
─ Después de desayunar iremos al templo de Siem Reap. Iremos en coche y el viaje durará unos días. Será la mejor manera de mostrarte mi país.
─ He leído algo sobre los templos de Angkor. Deben ser impresionantes.
─ Quiero llevarte al Ta Prohm. En las ruinas de ese templo, me impresionó sobremanera la increíble energía de la naturaleza.
─ ¡No veo la hora de verlo!
Después del desayuno, partieron hacia el norte. Se detuvieron pocos minutos en Phnom Penh para a continuación seguir por el campo en dirección a Siem Reap. Nathan pudo pudo ser testigo de la pobreza en ese país. Los pueblos, colmados de habitantes, se distanciaban mucho los unos de los otros. Las familias tenían muchos hijos y vivían generalmente en viviendas con un espacio demasiado reducido y carente de servicios. Y Chao explicó a Nathan cuánto había sufrido su pueblo durante años de guerras. Incluso mientras el país vivía en paz, las minas seguían dejando muchas víctimas al matarles o lisiarles de por vida. Había muchas personas con miembros amputados. Como si esto no fuera suficiente, la mayor parte de la cosecha de arroz de ese año se había malogrado y causaría meses de carestía para innumerables familias. Nathan se compadecía de esas personas y a menudo le pedía a Y Chao que se detuviera. En todos los pueblos que visitaron, al joven le impresionaba la dulzura y la amabilidad de las personas a pesar de la miseria en que vivían.
─ ¿Qué podemos hacer ante tanto sufrimiento? se preguntó Y Chao en un momento dado.
Nathan sintió que esas palabras ocultaban un sentimiento de culpa.
─ Acabas de hacer una pregunta que podría producir milagros, Y Chao.
Y Chao miró a Nathan que se acomodaba para echar una siesta. De esta manera tendría la ocasión para reflexionar sobre las últimas palabras que habían intercambiado… Cuando llegaron a Siem Reap, Y Chao fue directamente al templo del que habían hablado. Nathan tuvo el presentimiento de que algo especial estaba a punto de ocurrir. Llegaron al Ta Prohm ya entrada la tarde. El sol se ocultaba y el paisaje se teñía de hermosos tonos naranja.
─ Se ha hecho tarde, ¿No sería mejor volver mañana? propuso Y Chao.
Los visitantes ya se marchaban del lugar. Justo antes de asentir, Nathan percibió algo que le hizo entrar inmediatamente en el templo y le dijo a Y Chao:
─ No, ¡debemos visitarlo ahora!
Y Chao no entendía muy bien lo que sucedía, pero conocía lo suficiente a Nathan como para saber que siempre seguía su intuición y que era inútil oponerse. Aparcó el coche, tomó su linterna y acompañó a Nathan al templo. Una vez en el interior, Nathan vio que estaba constituido por un laberinto de galerías y pasadizos invadidos por plantas enredaderas y líquenes. Algunas lianas se extendían tanto alrededor de las estatuas como de las pequeñas torres, y viejos árboles de enormes raíces se enmarañaban alrededor del templo.
─ ¿No es impresionante? dijo Y Chao.
Nathan se mantuvo en silencio y siguió avanzando. Reinaba la oscuridad ya que los rayos del sol poniente no lograban penetrar la espesa vegetación del lugar. Y Chao pudo observar que la mayoría de los visitantes se había ido y le insinuó a Nathan que sería mejor volver durante el día.
─ Dame la linterna, y vuelve al coche, le dijo Nathan.
Y Chao no supo qué responder, cuando Nathan ya se había adentrado en uno de los pasadizos. Aunque acostumbrado al proceder misterioso de Nathan, Y Chao no pudo evitar su preocupación, que aumentaba a medida que regresaba al coche. Nathan atravesó las ruinas. No sabía adonde se dirigía. En un momento dado, se detuvo ante una gran sala de columnas cuadradas que habían sido empujadas por las raíces de los árboles, aunque esas mismas raíces las mantenían en pie. Desde que entró al templo, a Nathan le impresionó la fuerza destructora de la naturaleza, pero también pudo ver cómo la vegetación mantenía las paredes y las columnas en su lugar. El edificio formaba parte de un todo con la tierra. En ese momento, sintió algo muy extraño. Entre las columnas, vio a Myate, a Leewana y a Dian. Los tres estaban sentados en el suelo y miraban lo que la naturaleza había hecho en ese lugar. Por más que Nathan supiera que sus tres amigos no se encontraban en el lugar, la ilusión parecía real. Tuvo la impresión de que los cuatro recibían el mismo mensaje al mismo tiempo. Nathan también se sentó en el suelo entre dos columnas. Dian estaba delante de él, Myate a su izquierda y Leewana a su derecha. Juntos trataron de descifrar el mensaje de esa señal. De repente, Nathan la vio claramente y sus amigos desaparecieron. Se levantó y se dirigió hacia la salida. Había estado un buen rato en el templo. Y Chao se preguntaba si debía informar a la policía sobre la desaparición de su amigo cuando, para su gran alivio, lo vio regresar.
─ ¿Qué ha sucedido allí dentro? le preguntó a Nathan.
─ No hallo palabras para describir lo que vi, Y Chao.
─ ¿Podrías decirme quizás lo que has aprendido?
─ Esta experiencia me ha enseñado que el universo no tiene ni principio ni final y que después de todo final se abre un nuevo comienzo.
Y Chao miró a Nathan, pero no supo exactamente hasta dónde quería llegar.
─ Es inútil preguntar más sobre esto, agregó Nathan, ¡Cualquier otra descripción que hiciera sólo arruinaría la experiencia que he vivido!
Pasaron la noche en un hotel en el centro de la ciudad. Al día siguiente, regresaron a Phnom Penh. Anduvieron en coche todo el día, ni siquiera pararon a comer. En la noche, Y Chao sugirió pernoctar en el pueblo siguiente. Durante el viaje, el coche se averió, e Y Chao tuvo el tiempo justo para aparcar en el arcén. El motor no quería arrancar. Mientras tanto, ya oscurecía y no se veía ninguna luz a la redonda. Y Chao tomó una linterna para revisar el motor, pero no veía nada fuera de lo normal. Se preguntaba por qué el motor se había averiado; El coche era nuevo y hasta ese momento había funcionado sin problemas. Y Chao quiso usar su móvil, pero no había cobertura. Nathan le indicó que no había ninguna vivienda en la zona que acababan de pasar y que seguro no habría conexión. Los dos hombres se sentían cansados y decidieron pasar la noche en el coche. Lo consultarían con la almohada. Al amanecer, ya se ocuparían sobre qué hacer. Les despertaron los primeros rayos del sol. Fueron a explorar el lugar y se dieron cuenta de que estaban aislados. Nathan se sentó sobre una roca para pensar.
─ ¡Tienen que pasar muchas cosas antes de que te preocupes! afirmó Y Chao.
─ Hay que confiar en los hechos inesperados porque siempre nos brindan sabias lecciones.
Y Chao hizo todo lo posible para esconder su preocupación. Se sentó al lado de Nathan y dio un profundo respiro. De repente, un ave rapaz llamó la atención de Nathan. Los dos amigos observaron cómo volaba y vieron que se perdía al otro lado de la colina. Nathan y Y Chao intercambiaron sus miradas. Tuvieron la impresión de presenciar una señal. Decidieron ir a ver lo que había del otro lado de la colina. Llegar a la cima les supuso más tiempo de lo que imaginaban, pero cuál fue su sorpresa al encontrarse con una casa grande rodeada por un enorme jardín cercado. Los dos hombres se aproximaron y, al llegar al portón de hierro, tocaron el timbre. El portón disponía de un sistema de seguridad. Nathan e Y Chao suponían que en ese instante les verían desde el interior. Después de un rato alguien fue a abrirles. El hombre se llamaba Hyun-Ki y trabajaba en la propiedad. Y Chao le explicó que su coche se había averiado. Hyun-Ki les indicó que lo siguiesen. Los dos amigos acompañaron al hombre y atravesaron un jardín en el que abundaban varios estanques y estatuas. En la puerta de la veranda apareció un hombre de cierta edad. Se presentó en inglés. Se llamaba Seung y procedía de Corea del Sur. Y Chao le comunicó que el motor del coche se había averiado. Seung pidió a Hyun-Ki que fuera a por el coche para ser reparado. Mientras tanto, invitó a Y Chao y a Nathan a tomar el té. Seung tenía mucha curiosidad por conocer a sus huéspedes.
─ ¿De dónde venís?
─ Venimos de Siem Reap, de visitar el Ta Prohm, respondió Y Chao.
En ese preciso momento, Seung se atragantó mientras tomaba un sorbo de té.
─ ¡Qué casualidad, estuve ahí la semana pasada! exclamó.
─ Cualquiera que preste atención a las casualidades, encontrará su guía, señaló Nathan.
Seung miró a Nathan por un momento. Su curiosidad iba en aumento.
─ ¿A qué os dedicáis?
─ Tengo varios edificios en Phnom Penh, respondió Y Chao.
─ Y usted, Nathan ¿a qué se dedica?
─ A tomar el té y a escucharle.
─ ¿Prefiere no hablar de su vida? preguntó Seung.
─ Sí, pero sobre todo vivo el momento.
─ Entonces ¿no se dedica a los negocios como su amigo?
─ He aprendido que muchas cosas no existen para poseerlas, sino para utilizarlas.
Esta observación incomodó un poco a Y Chao. Nathan colocó su mano sobre el brazo de su amigo. Seung miró nuevamente a Nathan en silencio por un largo rato y dijo:
─ ¿Acaso, para usted, poseer bienes temporales, por llamarlos de alguna manera, no tiene ningún tipo de valor?
─ Al considerar nuestras posesiones como un valor en sí, corremos el peligro de volvernos dependientes y de sacrificar nuestra vida por tales objetos.
─ Sin embargo, los sacrificios forman parte de la vida, replicó Seung.
─ Si distinguimos claramente lo que es bueno para nosotros de lo que aparenta ser bueno, sólo anhelaremos lo que realmente necesitamos, es decir, lo que puede aumentar nuestra libertad.
─ ¿Exactamente a qué se refiere? preguntó Seung.
─ A nuestra comprensión. Los sacrificios no son necesarios para comprender las cosas. Cuando entendemos las cosas, aumenta nuestra libertad. No se nos puede robar lo que comprendemos, ya que forma parte de lo que somos en realidad.
─ Interesante, respondió Seung.
Y Chao notó que Seung escuchaba a Nathan cada vez con mayor atención. La sensación incómoda que sintió al principio se transformó en orgullo; tanto así, que confirmó las últimas palabras de Nathan:
─ Poseer algo sólo te da una libertad aparente. Cuanto más poseemos, nos volvemos más exigentes y nos es más difícil sentirnos satisfechos.
Seung se quedó por un rato en silencio. Nathan tuvo la impresión de haber logrado hacerles reflexionar. Seung tomó la palabra:
─ Voy a contaros algo que quizás os parezca raro. Anoche, soñé que comprendería ciertas cosas que transformarían mi vida completamente.
─ ¿Sientes que nuestra conversación podría cambiar tu vida? preguntó Nathan.
─ Se trata de saber si quiero realmente cambiar algo de ella, respondió Seung.
─ El verdadero asunto sería saber si quieres quedarte solo, señaló Nathan.
─ ¿Cómo has llegado a esa conclusión? preguntó Seung.
─ Los dos habéis seguido un camino de sacrificios que siempre acaba en la soledad.
Nathan dejó que el silencio surtiera efecto. Al cabo de algunos instantes, Seung retomó la palabra:
─ Apenas me conoce y, sin embargo, fue rápido en descubrir lo que se oculta tras todo este lujo.
─ Si Nathan lo ha sacado a la luz, dijo Y Chao, es porque seguramente tendrá sus razones.
─ Así es, dijo Nathan. Todo sentimiento, como la soledad, está impulsado por la necesidad de tener una razón de ser.
─ ¿La necesidad de tener una razón de ser? preguntó Seung.
─ Lo que nos inspira a perseguir nuestro deseo primario, explicó Nathan.
─ ¿De qué deseo habla? preguntó Seung.
─ El deseo de perseguir el objetivo de nuestra vida, respondió Nathan.
─ ¿Quieres decir que mi deseo primario explica mi soledad? preguntó de repente Y Chao.
─ Nuestros anhelos profundos nos son dictados por nuestra sensibilidad, aclaró Nathan.
─ ¿Por qué nuestra sensibilidad elige hacernos sentir el dolor de la soledad? preguntó Seung.
─ Es la única manera, para quienes siguen el camino del sacrificio, de darse cuenta de que tienen una sensibilidad.
Hubo un silencio. Lo que Nathan acababa de decir les había impresionado sobremanera. Nathan se disculpó y fue a refrescarse. Al volver, Y Chao y Seung habían entablado una gran conversación. Conversaban sobre el tremendo problema de la vivienda en su país. Los dos hablaban sobre su deseo de hacer algo al respecto para mejorar la situación. Seung señalaba que tenía un terreno muy extenso en el que confluían dos ríos. La tierra era fértil y el lugar sería perfectamente apto para construir una gran aldea. Nathan se dirigió a los dos hombres:
─ No es necesario esperar más señales. Haberos conocido hoy aquí, no es una casualidad. De hecho, nada ocurre por casualidad.
─ Estoy muy sorprendido por la manera en la que nos has conectado, dijo Y Chao.
─ Debes ver más allá, Y Chao, dijo Nathan. Vuestro sentimiento de justicia os ha reunido.
─ ¿Pero ya sabías que trabajaríamos juntos? preguntó Seung.
─ Mientras conversábamos, tuve la plena convicción de que se empezaba a concebir un proyecto. Gracias a vuestra acción a favor del pueblo camboyano, olvidaréis vuestro sentimiento de culpa y vuestra soledad.
Hyun-Ki entró en ese momento para decir que ya habían reparado el coche. Nathan e Y Chao se levantaron y se prepararon para partir. Y Chao y Seung fijaron fechas para concretar su proyecto. Luego, Seung les acompañó hasta la puerta. Y Chao se dirigió al coche mientras Seung seguía formulando algunas preguntas a Nathan:
─ ¿Cómo sabías que Y Chao sería importante para mí?
─ Desde antes de ir a Europa había sido iniciado en la ciencia secreta de este mundo. Desde su más tierna edad ha tenido una visión trasparente sobre la vida. Ahora tendrá la oportunidad de ponerla en práctica. Ciertamente podrás aprender mucho de él.
─ Y, en mi caso, ¿qué podría enseñarle?
─ Y Chao siempre ha frenado sus impulsos. Le teme al fracaso. Su sensibilidad siempre le lleva a encontrar a alguien que pueda ayudarle a vencer este miedo.
Seung asintió mostrando haber entendido. Agradeció afectuosamente a Nathan. Alcanzó a Y Chao en el coche. Hablaron sobre su encuentro con Seung. Mientras charlaban, Y Chao le hizo una pregunta similar a la que Seung le había hecho antes a Nathan:
─ ¿Cómo sabías que Seung sería importante para mí?
─ Estuve plenamente convencido de ello mientras hablábamos los tres. Seung ha gozado muy pronto de la consideración de los demás y posee una fortuna. Por lo tanto se ha enfrentado muy pronto a las relaciones de fuerza de este mundo. Aprenderás mucho al estar con él.
─ ¿Y yo que le aportaré?
─ Seung jamás ha tenido una idea clara de sus objetivos superiores y, por ello, ha sufrido innumerables decepciones. Su sensibilidad siempre le empuja a encontrar a alguien que pueda ayudarle a verlo claro.
─ Nathan, no sé cómo agradecértelo.
─ Mantenme al tanto de los avances de vuestro proyecto.
Y Chao asumió que la misión de Nathan había concluido.
─ Nathan, ¿qué has aprendido aquí?
─ Pude confirmar que nuestros sentimientos están a merced de nuestro deseo final. En el templo de Ta Prohm, aprendí algo extremadamente importante sobre la naturaleza.
Y Chao aún sentía curiosidad por saber lo que había sucedido en Siem Reap.
─ Aunque haya huracanes, terremotos e inundaciones, los elementos se calman lo suficientemente rápido y vuelve el silencio. Sólo en el silencio, las cosas comienzan realmente a existir.
Y Chao estaba un poco confuso, pero sabía que un día llegaría a entender lo que decía Nathan.
─ ¿Sabes ya cuál será tu próximo destino? le preguntó a Nathan.
─ ¿No has dicho que Laura quería verme?
Unas horas más tarde, Y Chao acompañaba a Nathan al aeropuerto y le ayudaba a reservar un vuelo a Grecia.