Recuerdo
─ Ya nos hemos encontrado con muchos doctores extranjeros, dijo Nathan, y con cada uno de ellos, yo me pregunto qué les ha hecho dejar atrás su confortable vida para venir a trabajar bajo estas circunstancias tan horribles.
─ A menudo, desean usar sus conocimientos para mejores fines, y, en contrapartida, sus facultades de empatía aumentan, respondió Songo.
─ ¿No tienen los doctores modernos la capacidad de sentir compasión?
─ Muchos de entre los que estudian la medicina moderna saben perfectamente lo que piensan, ¡pero no lo que sienten!
─ ¿Qué les falta?
─ Darse cuenta que curar a alguien les ayuda a mantenerse más conscientes.
─ Pero, ¿cómo?
Songo se mantuvo en silencio durante un momento, como para conferirle más fuerza a sus palabras.
─ Curar al prójimo les ayuda a acercarse más a su esencia. En ciertos casos, se puede ayudar a alguien a recordar quién es realmente.
─ ¿Quieres decir que esto les ayuda a encontrar su verdadero destino?
Songo contempló a Nathan con admiración, y de nuevo se mantuvo en silencio. Había quedado impresionado por la habilidad que había mostrado Nathan de llegar a las conclusiones correctas.
─ No habrías podido explicarlo mejor.
Unas semanas más tarde, uno de sus amigos médicos le pidió a Songo que acudiera a la ciudad de Bloemfontein. Se había declarado una epidemia en el seno de una tribu. Esta enfermedad, considerada extremadamente peligrosa, se había cobrado ya numerosas víctimas. Songo y Nathan decidieron pasar un tiempo allí y ofrecer su ayuda. Durante este periodo, Nathan vio morir a un gran número de personas en un corto espacio de tiempo. Tras la muerte de un hombre ocurrida en presencia de su mujer y sus hijos, Songo se levantó y le dijo a la viuda:
─ ¡Hoy comienza una nueva fase!
Después se volvió y salió de la habitación.
Nathan sentía una gran compasión por la viuda y la abrazó. Siempre se conmocionaba mucho cuando alguien moría, pero Songo parecía estar menos afligido.
─ ¿No deberíamos haber hablado más con esta mujer? preguntó Nathan al poco tiempo.
─ Cuanto más repites las palabras, menos sentido tienen, respondió Songo.
Nathan sabía que Songo tenía una idea bien definida de la muerte. La última vez que habían hablado sobre ello, se había limitado a explicarle su punto de vista brevemente. Pensaba que había llegado el momento de hablar sobre el tema.
─ ¿Qué crees que pasa cuando nuestra vida en este mundo se acaba?
Songo contempló a Nathan atentamente, adivinando todas las preguntas que se estaba haciendo en ese momento.
─ Esta pregunta es suficientemente importante para que nos tomemos un tiempo hablando sobre ella.
Songo señaló con el dedo un gran árbol en lo alto de la colina.
─ Sentémonos bajo este árbol, estaremos fresquitos bajo su sombra.
─ Lo que te voy a confiar son las convicciones de un anciano basadas en una existencia consagrada a la prolongación de nuestra vida en la tierra, y así retrasando lo que vendrá después.
─ Eso no hace más que avivar mi curiosidad.
─ Podemos dividir en tres grupos las personas que necesitan ser curadas. Para el primero, el tiempo aún no ha decidido enviar la muerte. El conocimiento y la experiencia son suficientes para curarles.
─ ¿El tiempo?
─ Es el tiempo el que decide en qué momento bailará la muerte.
─ ¿La muerte puede bailar?
─ Sí, lo hace cuando viene a buscar a alguien.
─ ¿Bailar? Pero, ¡la muerte no es algo de lo que alegrarse!
─ Es verdad para los que se quedan en la tierra, pero para el difunto es una liberación.
Nathan comprendió que Songo había escogido un símbolo bastante especial para poder explicarle más fácilmente su opinión sobre un fenómeno complejo.
─ ¿Y para el segundo grupo?
─ Ya no le podemos salvar porque el tiempo así lo ha decidido.
─ ¡Sigue siendo el tiempo el que decide!
─ Sí. ¡Es él el que asume esta responsabilidad! Entonces no puedes comportarte con humildad, como con el hombre de antes. No olvides que el tiempo sabe más que tú.
─ Ahora entiendo un poco mejor por qué tu aceptas más fácilmente la llegada de la muerte.
Songo asintió con la cabeza y se mantuvo en silencio.
─ ¿Habías hablado también de un tercer grupo? Preguntó Nathan.
Songo seguía callado, con la mirada fija en el horizonte. Observándole, Nathan supo que debía concentrarse en lo que vendría a continuación.
─ Es acompañando a las personas del tercer grupo como he adquirido la sabiduría indispensable para sacarle el mayor provecho a mis talentos.
─ ¿Has encontrado tu destino verdadero gracias a ellos?
Songo asintió con la cabeza y Nathan comprendió que iba a descubrirle su verdadera misión.
─ Cuando la voluntad es bastante fuerte, se puede convencer al tiempo de esperar un poco más.
─ ¿Puedes explicarme lo que acabas de decir?
─ En casos muy particulares, ¡el tiempo puede volver a llamar a la muerte!
─ ¿Y cuándo hace esta excepción?
─ Cuando ve que esta experiencia puede permitir a la persona en cuestión cumplir su verdadera misión.
Nathan entendía a qué había consagrado Songo toda su vida, qué tacto había adquirido y hasta qué punto era consciente de las leyes de la naturaleza. Sentía curiosidad por saber qué podía aprender de las experiencias de Songo.
─ ¿Transforman estas experiencias a la gente?
─ Vuelven a la vida con una Conciencia más clara de la responsabilidad que tienen de desarrollar sus talentos.
─ ¿Hablan de lo que han vivido cuando la muerte vino a buscarles?
─ Cada uno de ellos lo describe de una forma diferente, pero todos hablan de un lugar bañado por la luz donde se han sentido recibidos con los brazos abiertos.
─ ¿Qué notas tú en esta gente después de sus experiencias?
─ Un gran número de entre ellos cambian totalmente de vida después. Consideran esta experiencia como una oportunidad de volver a nacer. Son capaces de reconocer la armonía natural y sienten con más fuerza la unidad con los otros y con el Universo.
Los días que siguieron, el equipo de médicos trabajó sin parar y consiguió frenar la epidemia. Volvió la calma. Nathan tenía ahora otra idea de la muerte, pero se seguía preguntando sobre el sufrimiento. Songo le respondió sobre ello durante su última tarde en Bloemfontein.
─ ¿Es el sufrimiento físico inevitable para la humanidad?
─ En efecto es indispensable para nuestra evolución personal, porque nos enseña a establecer una distinción entre nuestros sentimientos.
─ ¿Estamos obligados a sufrir?
─ Has hablado de sufrimiento físico y no de sufrimiento moral.
A Nathan le sorprendió esta afirmación.
─ ¿No son el sufrimiento físico y el sufrimiento moral la misma cosa?
─ El sufrimiento físico es una guía, que indica una falta de armonía y de equilibrio, en busca de una cura.
─ Y entonces ¿Qué es el sufrimiento moral?
─ El sufrimiento moral es un estado de Conciencia provocado por la necesidad afectiva de evitar el sufrimiento físico. Si comprendiéramos verdaderamente la naturaleza del sufrimiento físico, el sufrimiento moral no existiría.
Esta afirmación, que no era enteramente nueva para Nathan, se volvería más clara todavía en el curso de los meses venideros. Nathan debía, en efecto, aprender a reconocer todos los tipos de síntomas emocionales y físicos, y ver como Songo conseguía curar a los pacientes bastante a menudo. Mientras tanto, se había convertido en un hábil ayudante y había incluso curado con éxito a muchas personas. Así aprendió que en todo acontecimiento que se producía había siempre un aspecto positivo y un aspecto negativo, y aprendió sobre todo a distinguir las cosas sobre las que no tenía ningún poder de aquellas que podía cambiar. Lo que más le impresionaba era la voluntad de algunos pacientes. Un buen número de ellos hablaba de una voluntad superior que les ayudaba a enfrentarse a los momentos difíciles.
En el transcurso de una de sus entrevistas con Songo, dirigió la conversación hacia este sujeto.
─ ¡Es asombroso ver de lo que son capaces las personas que tienen mucha voluntad!
─ No solamente el consciente, pero sobre todo la Conciencia superior tiene una gran influencia sobre la calidad y la claridad de nuestra existencia. La voluntad puede revelar lo que se esconde detrás del consciente.
Nathan había aprendido de Songo a distinguir el consciente del inconsciente, pero aún no había hablado con él de la Conciencia superior. Quiso saber lo que opinaba sobre este asunto:
─ ¿Qué significa para ti la Conciencia superior?
Songo miró a Nathan y respondió con mucha seriedad.
─ Mis ancestros me han enseñado que la Conciencia superior aclaraba la oscuridad y le daba vida a las sombras. Es un estado de Conciencia al que accedemos, no por la Conciencia ordinaria, sino por la intuición y los sueños.
─ ¿Cómo influye esto sobre nuestra curación?
─ Por la sabiduría instintiva de nuestro cuerpo que guía los procesos y las energías en nuestro interior.
─ Cuando das ejercicios de meditación, ¿es para comprender mejor este proceso?
─ Cuando estamos gravemente enfermos, es indispensable familiarizarse con el dominio de la Conciencia superior para ver cuáles son los elementos que perturban nuestra armonía natural y poder influirlos.
─ ¿Cómo podemos influirlos?
─ ¡A través de nuestra voluntad!
─ ¿nos permite nuestra voluntad entonces sufrir menos?
─ Seguramente te acuerdas de nuestra conversación sobre la diferencia entre el sufrimiento físico y el sufrimiento moral.
─ He comprendido que el sufrimiento físico era un fenómeno relacionado con nuestro sistema nervioso, pero el sufrimiento moral era más como un sentimiento basado sobre el significado que le damos al sufrimiento físico.
─ Es eso exactamente. Y bien, es nuestra voluntad la que nos ayuda a interpretar, como es debido, este sentimiento de sufrimiento moral.
─ ¿Depende nuestro sufrimiento moral de nuestra voluntad?
─ Ahora comprendes perfectamente que nuestra felicidad depende totalmente de nuestra voluntad.
Nathan entendía cada vez más la enorme importancia de los mensajes de Songo. Pasaron las semanas y Nathan empezaba a comprender más y más hasta qué punto los africanos se dejaban llevar más por sus emociones, y no tanto por la razón a la hora de tomar sus decisiones. Esto le hizo reflexionar. Songo y él hablaban de esto a menudo, y Songo opinaba que había que encontrar el equilibrio entre nuestra lógica, que él llamaba nuestra sabiduría exterior, y la intuición, a la que él llamaba nuestra sabiduría interior.
Una tarde en la que hacía bueno, estaban sentados en el jardín y Songo decidió explicar sus pensamientos.
─ En la vida debemos, a la vez, servirnos de nuestros sentimientos y de nuestra razón.
─ ¿No es peligroso dejarse guiar demasiado por nuestros sentimientos?
─ Hay que mantenerse alerta y no dejar que los otros determinen la naturaleza de nuestros sentimientos, puesto que sólo nuestra sabiduría interior puede mostrarnos el camino.
─ ¿Cómo podemos distinguir entre la sabiduría interior y la sabiduría exterior?
─ Dejándonos guiar por lo que nos dicta nuestra intuición, puesto que los impulsos están asociados a nuestro verdadero destino.
─ ¿Es algo que nuestro pensamiento lógico ignora?
─ Nuestra sabiduría interior nos hace darnos cuenta de la importancia de la Conciencia superior.
─ ¿Tenemos dentro de nosotros el poder de la Conciencia superior?
─ En efecto, todos nosotros tenemos acceso a un almacén de sabiduría misterioso. Todos nosotros podemos dejar que esta información nos penetre. Lo único que tenemos que hacer para ser conscientes de ello es consagrarle la suficiente atención.
─ En Marruecos un amigo me ha dicho que cuanto más aprendemos a conocer el silencio, más somos capaces de tomar Conciencia de la inspiración que nos transmite la sabiduría interior.
Songo pareció mostrar interés y le pidió a Nathan que le contara sus experiencias en Marruecos. Nathan le relató sus aventuras a partir de su llegada a Tánger, hasta su salida de Casablanca.