Recuperar nuestro Poder

 

 

Si quisiéramos enfocarnos en las raíces del mal funcionamiento actual, deberíamos analizar nuestra relación con los poderes. Examinar de qué manera algunos aspectos fundamentales de nuestra libertad se esconden bajo falsos conceptos profundamente aceptados, enseñados y promovidos por los diferentes órganos de poder en el seno de nuestra sociedad.

 

Cuando estudiamos un poco de historia de nuestro mundo, podemos constatar que en todas las épocas y bajo todos los regímenes, una pequeña élite, que representa apenas un número exiguo de la población, siempre ha dirigido y manipulado al resto de la población. Todo ello se puede verificar desde los tiempos del Egipto faraónico, de la democracia griega, del régimen brahmánico hindú, de la monarquía católica, de la China popular, de los califatos islámicos, entre otros.

 

Es por ello interesante buscar cuáles nuevas aristocracias o minorías dominantes gobiernan actualmente. Sin ánimos de señalar organizaciones y corporaciones en particular, sino con la idea de entender mejor la proporción de su poder y viéndome en la necesidad de nombrarlas, para mantenerme neutral las denominaré redes.

 

Está claro que el mundo actual está dirigido y administrado por redes omnipresentes en todos los sectores claves de las finanzas, de la política, de los medios de comunicación, de las ciencias y de los sistemas educativos. Aunque la idea de un sistema democrático fue inventada y promovida por estas mismas redes, es un hecho certero que tal idea jamás sobrepasará la dimensión utópica.

 

Para entender la magnitud de dichas redes, debemos comprender adecuadamente su influencia a nivel psicológico. Debemos estudiar de qué manera nuestras mentes son manipuladas para gestionar nuestra relación con la realidad, nuestra visión del mundo. Además de examinar hasta qué punto dicha manipulación influye en nuestro bienestar, nuestras emociones, nuestros valores, nuestras necesidades, nuestras relaciones con los demás y sobre todo cómo todo ello afecta a nuestra autoestima y nuestro amor propio.

 

Comprender la lógica de las redes implica entender mejor nuestra propia visión de la realidad, de nuestra identificación racial, religiosa y comunitaria y de nuestras convicciones individuales. Este trabajo permite recuperar y preservar, por un lado, el sano control del poder innato de ser uno mismo, ese ser único, dotado de todos sus derechos espirituales y, por otro lado, liberarnos de una represión inducida por los diferentes mecanismos que intentan destrozar los vínculos para poder ascender a una consciencia superior.