Silencio
En uno de los pueblos, Nathan oyó a los habitantes hablar de un sabio indio que poseía los "tratados perfectos". Según los habitantes, este sabio era una de las pocas personas que existían en la tierra que poseían el conocimiento profundo. Los lugareños hablaban de este hombre como si se tratara de un ser superior. Nathan quería saber más sobre él y se puso a investigar. De este modo se enteró de que era extremadamente reservado y de que vivía muy modestamente. Su aspecto exterior no tenía nada de especial. Cuando Nathan preguntó dónde podía encontrarle, le dijeron que debía dirigirse a las alturas. Y cuando se enteró del nombre que le habían dado los lugareños a este sabio, Nathan se sorprendió mucho. Le llamaban "Aquel que sabe", el mismo nombre de la gitana de Granada. Nathan estaba intrigado, y se preguntó si esta vez también iba a aprender cosas importantes. Carcomido de curiosidad, siguió su camino hacia los pueblos de las partes altas.
En el siguiente pueblo se enteró de más cosas. Algunos lugareños afirmaban haberse encontrado con el sabio un día y decían que de este hombre emanaba una confianza extraordinaria. Decían que nadie se igualaba a él en inteligencia. Apuntaban que el viejo indio no había hecho jamás nada por ser conocido, que despreciaba la celebridad y que aún menos buscaba los honores, puesto que él no le ponía precio a la gloria humana.
Nathan, que cada vez se interesaba más en esta historia, preguntó dónde podría encontrar al sabio indio. Y aquí le volvieron a responder que debía seguir subiendo y preguntar por "Aquel que sabe". Fue a gran altitud, en uno de los pueblos más escondidos, cerca de la frontera con Guatemala, donde Nathan encontró la información más importante. Los habitantes de este pueblo afirmaban que el sabio podía darles órdenes a las fuerzas más poderosas de la Tierra. Cuando Nathan les comentó que había venido de muy lejos para verle, los habitantes le contestaron que sólo algunas personas habían tenido el privilegio de conocerle. Nathan alquiló una habitación en el pueblo, y les pidió a los habitantes que le dijeran a todo el mundo que estaba buscando al sabio.
Algunos días más tarde, una anciana india, pequeña y de piel aceitunada le despertó de madrugada. Ella le miraba, sonriendo dulcemente, pero sin decir palabra. Nathan pensó de nuevo que debía ser muda. Preparó el desayuno que tomaron juntos. Y en esto que la india miró a Nathan directamente en los ojos y empezó a hablarle en español.
─ Se dice que quieres conocer a "Aquel que sabe".
Nathan se sorprendió al oírla hablar.
─ Sí, respondió, es verdad.
─ He venido aquí para saber tu motivación.
─ He oído decir que el sabio indio posee unos conocimientos misteriosos.
─ "Aquel que sabe" posee en efecto el conocimiento profundo, pero lo mantiene en secreto.
─ ¿Por qué?
─ Porque sólo puede ser revelado a aquellos que viven en la armonía y la pureza.
─ Si este conocimiento es tan importante, ¿no deberíamos desvelárselo al mundo entero?
─ No, porque contiene información sobre leyes naturales ocultas que pueden dotar de ciertos poderes. Sería peligroso que cayera en manos de gente con malas intenciones.
─ ¿Peligroso? ¿Qué quieres decir?
─ Si una persona no es lo suficientemente equilibrada y pura, corre el riesgo de ser destruida por la fuerza gigantesca que este conocimiento libera en el cerebro si no es guiado por una persona competente.
─ ¿Y cree que a mí se me haría el favor de revelarme el conocimiento profundo?
─ Nunca. El conocimiento profundo no es revelado como un favor.
Nathan reflexionó un momento, y después formuló la misma pregunta de otra forma.
─ ¿Y es mi vida lo suficientemente equilibrada y pura para que yo pueda adquirir el conocimiento profundo?
La india tomó la mano de Nathan entre las suyas:
─ Si tu energía motriz te ha traído aquí hoy, quiere decir que tú estás listo para recibir la revelación del conocimiento profundo. Dentro de algunos días, vendré a buscarte para que puedas conocer al sabio.
La india se despidió de Nathan y salió del pueblo. Como había prometido, volvió algunos días más tarde. Nathan tenía sus cosas listas. Desayunaron juntos y se llevaron provisiones con ellos. Tomaron un camino que les hizo subir aún más alto por la montaña. El paisaje era bellísimo. Por el camino, Nathan le hizo otra pregunta que le venía preocupando desde la primera visita:
─ Si el conocimiento profundo proporciona ciertos poderes y se corre el peligro de usarlos mal, ¿cómo se le puede proteger?
─ Sólo los sabios tienen acceso al lenguaje de los símbolos y pueden, igualmente, asimilar bien este conocimiento. De esta forma puede ser protegido y transmitido con toda seguridad.
─ ¿Qué es el lenguaje de los símbolos?
─ La lengua más antigua de la humanidad. El conocimiento profundo ha sido transmitido hasta el día de hoy por los sabios de la Tierra a través de esta lengua.
─ ¿Qué es lo que debo pensar sobre estos símbolos?
─ Provienen de los tiempos cuando ni las palabras ni el habla existían todavía.
─ Si el habla no existía todavía, ¿cómo es posible que este conocimiento pudiera ser plasmado en “los tratados perfectos”?
─ ¿”Los tratados perfectos”? la india se mostró sorprendida, pues no sabía de que le hablaba Nathan.
─ Sí, los tratados de los que hablan los lugareños.
─ ¿Tratados? No es al nivel de la inteligencia consciente, sino al nivel del subconsciente como tenemos acceso a estos símbolos.
Nathan se tomó unos momentos para reflexionar. La mujer, que se había dado cuenta de lo que estaba pasando en la mente de Nathan, se mantuvo en silencio. Y entonces el joven preguntó:
─ ¿Se puede entonces llegar a conocer el conomiento profundo a través de una representación simbólica que se encuentra en el subconsciente?
─ El ser humano no puede llegar a comprender quién es realmente, sólo a través de la inteligencia. Para ello debe apelar a su subconsciente.
Nathan comprendía ahora que no había tratados escritos. No era más que una ilusión que muchos tomaban por realidad. El conocimiento profundo era siempre transmitido a través de los símbolos del subconsciente. De esta forma, no se corre el peligro de que el conocimiento caiga en malas manos. Nathan llegó a la conclusión de que siempre se encontraba en todo el mundo a personas que dominaban este lenguaje. El que conociera el lenguaje del conocimiento profundo era considerado como un sabio. Estas personas tenían otra forma de vivir y se les atribuían ciertos poderes. Nathan había visto un ejemplo en la gitana de Andalucía.
─ ¿Sabe usted cómo se traducen estos símbolos? le preguntó Nathan a la india.
─ Pertenecen a nuestro pasado más antiguo y hablan directamente con nuestro interior. Se trata de imágenes que nacen espontáneamente en los sueños y las visiones.
Mientras tanto, habían llegado a una altitud elevada y estaban penetrando en una espesa capa de niebla. Seguían subiendo cuando, de repente, la niebla despareció. La india explicó que habían atravesado una nube y que ahora se encontraban en el techo del mundo. Nathan se paró para disfrutar de las vistas maravillosas de las lejanas cumbres. Se encontraban frente a Tajumulco, un volcán de Guatemala. Al comienzo de la tarde, llegaron a una casita de piedra. Entraron y dejaron sus cosas. No había nadie dentro.
La india preparó unos sándwiches y té.
─ ¿Estamos en la casa del sabio? preguntó Nathan.
─ Aquí es donde vive. Por las mañanas trabaja en su huerta. Ahora debe haber acabado ya su trabajo y no tardará en volver.
Un poco más tarde, el sabio indio apareció a la puerta y les saludó. Era delgado, pero fuerte a la vez. Llevaba un gorro y un poncho beige sobre los hombros. La india llenó tres tazas de té. Le tendió una al sabio, una a Nathan y ella tomó la última. Intercambió algunas palabras con el hombre en un dialecto indio, después se dirigió a Nathan en español:
─ Vamos a descansar un poco, después iremos a andar por la montaña. En la cumbre del volcán tendrás una visión de tus capacidades gracias al fuego del éxtasis.
─ ¿El fuego del éxtasis?
─ El fuego del éxtasis le da forma a todo lo que nace de la imaginación. Gracias a esta experiencia, podrás vivir conscientemente todos tus sueños y todas tus visiones.
─ ¿Voy a tener una visión con símbolos?
─ Sólo los sabios conocen el lenguaje del conocimiento profundo. Pueden, de esta forma, reconocer la misión específica de todos los seres humanos con sólo mirarlos.
Nathan comprendía ahora que ya había conocido a otros sabios, entre otros, durante los viajes que había efectuado en Asia.
─ ¿Qué voy a ver?
─ Tendrás visiones sobre tu propia misión.
─ ¿Y estas visiones se presentarán como imágenes?
La india asintió con la cabeza:
─ Tras un tiempo de reflexión, estas imágenes te indicarán qué fuerzas debes desplegar para realizar la verdadera misión.
Nathan se había dado cuenta de que cuando quería saber más sobre la naturaleza de su misión en particular, nunca obtenía respuestas precisas. ¿Podría el sabio indio darle más información?
─ ¿Puede preguntarle al sabio dónde y cuándo tendrá lugar este acto excepcional que voy a realizar? le pidió a la india.
Ella intercambió algunas palabras con el sabio, y después se dirigió de nuevo a Nathan.
─ Siempre has dispuesto del conocimiento necesario cuando lo has deseado. Ten confianza, siempre será así.
La india habló de nuevo con el sabio. Llena de entusiasmo, se volvió enseguida hacia Nathan:
─ Ahora voy a enumerar los principios de base que necesitarás para recibir el conocimiento necesario durante el ritual de fuego del éxtasis.
─ ¿Sabe el sabio qué conocimiento preciso me será necesario?
─ "Aquel que sabe" reconoce todas las verdaderas misiones.
Nathan sacó de su mochila un boligrafo y un bloc de notas. Sintió la misma excitación que había sentido cuando completó el rito de iniciación antes de entrar en el Sahara. El sabio indio habló, y la india tradujo sus palabras.
─ El primer principio es el siguiente: existe una energía universal a través de la cual todos nosotros podemos experimentar la vida. Aprendemos que debemos amar a todos los seres vivientes como si fueran partes de nosotros mismos.
Nathan anotaba cuidadosamente todas las palabras del sabio.
─ Segundo principio: en cada persona se encierra una fuerza mágica que nos recuerda el primer principio. Esta fuerza es la conciencia. Para poder vivir la experiencia con total pureza, debemos sustraernos a todas las influencias exteriores y no dejarnos guiar más que por las visiones del fuego del éxtasis.
Nathan continuaba escribiendo, cada palabra, cada frase.
─ El tercer principio es el de saber encontrar el conocimiento puro en nosotros mismos y deshacernos del único mal que existe en el mundo.
─ ¿El único mal en el mundo? preguntó Nathan.
─ El mundo no conoce más que un mal: ¡La ignorancia!
El sabio indio habló de nuevo:
─ El sabio quiere saber si todavía tienes preguntas.
Nathan se tomo un tiempo para reflexionar.
─ ¿Puede preguntarle si voy a sentir la energía motriz?
Al oír la pregunta de Nathan, el sabio indio se volvió hacia él.
─ La energía motriz es omnipresente y habita en todos los seres vivos.
De repente, Nathan lo vio todo claro. Después de esto se dispusieron a prepararse para la expedición. Nathan le pregunto a la india adónde iban. Ella le respondió que iban a atravesar la frontera de Guatemala para llegar hasta la cima del Tajumulco.
La ascensión fue difícil. Nathan pasaba del frío al calor. Cuando soplaba el viento, se envolvían en las mantas que llevaban con ellos. A Nathan le sorprendía la fuerza y la perseverancia de sus dos compañeros de viaje. Al llegar a su destino, se sentaron con las piernas cruzadas. Después, el sabio indio se levantó para ir a recoger leña. Nathan y la india le ayudaron. Fueron apilando la leña y, cuando hubieron recogido la suficiente cantidad, se volvieron a sentar. La india explicó que ahora esperaban la puesta de sol. Cuando comenzó a anochecer, el sabio encendió el fuego. Cuando el fuego estaba bien avivado, añadió unas plantas aromáticas y se sentó al otro lado del fuego, enfrente de Nathan. El fuego, los olores de las hierbas aromáticas y el cansancio físico hicieron que Nathan cayera en el mismo estado que cuando estaba en el Sahara. El sabio indio se dirigió a él.
La india de nuevo tradujo.
─ Vive la experiencia del silencio para poder recoger dentro de ti los mensajes escondidos.
Un viento fuerte comenzó a soplar. Las llamas subieron desprendiendo un gran calor, exhalando el aroma de las plantas. Nathan no tuvo ningún problema para oír el silencio. Se concentraba en los mensajes escondidos. Tras unos momentos, se produjo un fenómeno extraño. Vio gotas de agua cayendo en medio de las llamas y, levantando los ojos, vio un salto de agua de una altura increíble. El agua caía en trombas y corría entre las llamas, para deslizarse a continuación por la montaña. Caía sin parar. Un poco más tarde, Nathan se dio cuenta de otra cosa aún más impresionante. El agua se deslizaba por la montaña, con tal fuerza, que el nivel de agua había subido tanto que cubría la cumbre de ésta. Curiosamente, el fuego seguía ardiendo sobre el agua. Después, la catarata se fue agotando hasta desaparecer completamente. El viento paró y el silencio volvió a reinar. El sabio se levantó y fue a sentarse delante de Nathan. Puso las manos delante de los ojos del joven, las dejó reposar en ellos durante unos momentos antes de retirarlas. Nathan se puso a mirar a su alrededor como si acabara de despertarse. No había el menor trazo de agua y el fuego seguía ardiendo normalmente. Todo había vuelto a la normalidad.
El indio le dijo a la mujer:
El fuego del éxtasis le ha enviado un mensaje extremadamente poderoso.
Nathan tuvo que recobrar el dominio de sí mismo. Apenas podía hablar. La india le dio una manta. Le ayudó a ponerse cómodo para dormir y le dijo simplemente:
─ Mantén el silencio dentro de ti.
A la mañana siguiente, despertó a Nathan. El sabio ya no estaba allí.
─ Cuando te hayas despertado bien, comeremos algo y volveremos al pueblo.
Comieron en silencio y tomaron el camino de retorno. Nathan no había dicho nada todavía desde la visión. La india tomó la palabra;
─ Es evidente que lo que viste ayer te ha afectado mucho.
─ ¿Ha visto lo mismo que yo?
─ Yo solamente he escuchado el silencio, pero sé que el fuego del éxtasis te ha puesto en contacto con la fuerza creadora.
─ Es imposible describir lo que he visto. Al principio he oído un profundo silencio, y después he tenido esta visión.
─ Siempre es a través del silencio como las fuerzas creadoras transmiten los mensajes.
─ ¡Era realmente fantástico!
─ Desde ahora, en todo lo que crees, siempre recordarás que has estado en contacto con una fuerza creadora.
Nathan y la india entraron en el pueblo, había sido un largo camino. Al día siguiente por la mañana, la india se despidió de Nathan. Cuando Nathan le dio las gracias, ella le contestó;
─ Soy yo la que te tengo que dar las gracias. Me has ayudado en mi misión.
─ ¿Cuál es su misión?
─ He venido a la Tierra con el deseo de reforzar la intuición entre los seres excepcionales.
Estas palabras le indicaron a Nathan que la india era, ella también, un ángel como Sanah.
─ Gracias. Acabo de aprender que la intuición es más importante que el conocimiento.
Se abrazaron y se desearon buena suerte. Al día siguiente, Nathan volvió a emprender su viaje. Dejó Chiapas para dirigirse al estado de Oaxaca. Llegó a Puerto Ángel, un lugar tranquilo a la orilla del océano Pacífico. A Nathan le gustaba el ambiente que reinaba allí, así que decidió quedarse. Encontró un lugar donde alojarse sobre la colina en un asentamiento de chozas. El ambiente allí era distendido y las vistas del mar maravillosas. Se pasaba el día entero, desde el alba hasta el anochecer, sentado a la orilla del mar pensando en los acontecimientos de los últimos tiempos.
Durante su viaje a Puerto Ángel pondría en orden sus ideas y empezaría a comprender muchas cosas. El poder de las olas le recordó el fuego del éxtasis. La violencia de las llamas le había dejado una impresión indescriptible. Las llamas simbolizaban la fuerza de la naturaleza, revelando de lo que somos capaces cuando nos dejamos llevar por la energía motriz. Nathan había descubierto dos cosas muy importantes. Se había dado cuenta de que los grandes cambios llevados a cabo por el hombre habían estado precedidos por sueños o visiones. Por ello, había comprendido que los grandes actos del hombre nacían de la imaginación. A partir de ese momento, Nathan no dejó de sentir una sensación de paz. Estaba profundamente convencido de que siempre tendría a su disposición la información necesaria para llevar a cabo su misión. Se sentía aliviado, pues ahora tenía una confianza ciega en el futuro. Sabía que su fuerza creadora le ayudaría siempre a elegir bien. Ahora ya podía maravillarse de lo que le rodeaba sin la necesidad de sentir impaciencia o deseo. Lo que era curioso, era que había llegado a esta conclusión sin esfuerzo. Acababa de dar un gran paso adelante en su desarrollo personal.
Un día, Nathan vio un grupo de surfistas en la playa. Este hecho no tenía en sí nada de particular, sin embargo, era la hora de la siesta y el sol pegaba fuerte. Además, no había nadie más en la playa excepto estos surfistas. Nathan se dijo que sin duda debía tratarse de turistas, puesto que no tenían la piel oscura y no parecían mexicanos. Desde pequeño, Nathan siempre solía echarse la siesta al mediodía cuando se lo permitían las circunstancias. Hoy también era ese el caso. Se llevó su esterilla y se tumbó a la sombra de los árboles junto a la playa. Poco a poco, fue quedándose dormido mirando a los surfistas.
Apenas llevaba unos momentos dormido, cuando algo le despertó. Había tenido una pesadilla. Se levantó e intentó acordarse de ella. Se había visto buceando. Por encima de él flotaban dos objetos. Había seguido buceando sin prestarles atención. De repente, vio a un hombre joven adentrándose en las profundidades. Parecía estar inconsciente. En su pesadilla, Nathan había intentado acercarse a él nadando, pero no podía avanzar. Incluso poniendo todas sus fuerzas en el intento, no lograba acercarse al ahogado. Los sentimientos que le asaltaron durante su sueño eran tan intensos que se despertó. Intentó comprender el sentido de la pesadilla. Observando a los surfistas que esperaban la ola siguiente, Nathan lo relacionó con su pesadilla. ¿Había soñado con uno de los surfistas? Nathan siguió al grupo con la mirada. Se levantó y se dirigió hacia la mar, preguntándose si no estaba exagerando el asunto. Decidió irse a nadar cerca de los surfistas. Se empezó a preguntar si había tenido una visión, o si sería ahora capaz de recibir mensajes claros. Eso querría decir que ahora sería capaz de ver los acontecimientos antes de que se produjeran. ¿Sería posible influir el curso de los acontecimientos? Un pensamiento le calmó: sin duda, el tiempo le daría la respuesta.
Nathan oyó a los surfistas hablar inglés con acento americano. Estaban haciendo acrobacias y Nathan no se sentía tranquilo. Se preguntaba si el grupo era consciente de la fuerza de las olas. No fue hasta que el grupo de surfistas volvió a la playa que Nathan se pudo calmar. Continuó observándoles hasta que salieron todos del agua. De nuevo, se volvió a hacer preguntas. ¿Había reaccionado de una forma exagerada? ¿Qué debía hacer ahora? Confiaba en su intuición que le decía que el sueño no había sido un simple sueño, pero no podía disipar la duda. Nathan decidió irse a hablar con los surfistas, puesto que así podría quizás intentar avisarles del peligro. Se dirigió hacia los jóvenes y se presentó. Había siete: tres chicas y cuatro chicos. Eran de California y eran todos muy simpáticos. Le invitaron a que se sentara con ellos.
Al sentarse, observó un libro que descansaba sobre una esterilla y que parecía un libro de texto fotocopiado. En la tapa había una cita: Estamos aquí para volver a descubrir que somos parte del universo y el universo está en nosotros. Para Nathan, este texto era especial. Les preguntó de quién era el libro.
─ Es mío, le respondió Deborah. Es un curso que trata sobre nuestra interpretación de la fenomenología sobrenatural.
─ Y, ¿qué aspectos de la naturaleza afectan estos fenómenos? preguntó Nathan.
─ El curso ilustra el estrecho lazo que existe entre la razón y la espiritualidad.
Nathan no habría podido imaginarse un tema de conversación más apropiado, y habló un rato sobre ello con Deborah, Nigel y Jennifer. Le contaron que Deborah y Nigel estudiaban en San Francisco y que Jennifer estudiaba en la facultad de Bellas Artes. Deborah y Nigel añadieron que Jennifer tenía mucho talento. Le comentaron que pintaba cuadros muy bonitos y que ya había realizado varias exposiciones. Los otros cuatro miembros del grupo, John, Seth, Carol y Susan decidieron irse a dar un paseo.
Siguiendo con su conversación, Deborah, Jennifer, Nigel y Nathan se pusieron a hablar sobre los aspectos de la espiritualidad dentro del plano científico. Esta conversación era muy enriquecedora para Nathan. Él ya conocía estos fenómenos, pero ahora le eran explicados de forma racional. Sin embargo, se preguntaba si no sería demasiado teórico abordar los conocimientos misteriosos a través de la ciencia, y se dio cuenta de que los comentarios de sus interlocutores parecían sacados exclusivamente de los libros. Asimismo, se preguntaba si los chicos comprendían realmente lo que estaban diciendo. ¿Diferenciaban entre la verdadera espiritualidad y la ficción? Cuando Nathan se lo comentó, Nigel respondió que el profesor que enseñaba esta asignatura utilizaba a menudo ejemplos sacados de la práctica. Deborah añadió que el profesor se hacía las mismas preguntas que Nathan y que por ello había decidido abordar esta materia de forma menos teórica. Afirmaba que durante las clases se presentaban muchos ejemplos concretos. Esto interesó mucho a Nathan. Quería saber más, pero cuando se disponía a hacerles una pregunta, los otros cuatro estaban de vuelta. Carol y Susan se echaron a tomar el sol, mientras que John y Seth cogieron sus tablas para ir a hacer surf. Nathan les miró y se acordó de la razón por la que se había acercado al grupo.
Presintió que debía hacer algo.
─ ¿Venís a hacer surf aquí a menudo? les preguntó.
─ Es la primera vez que venimos a Puerto Ángel, respondió Nigel.
─ ¿Lleváis mucho haciendo surf?
─ Todos hacemos surf ya desde hace algunos años, respondió Carol.
─ ¿Por qué preguntas? preguntó Deborah.
Nathan no respondió directamente, pero se levantó. Miró a la mar y dijo gravemente:
─ Porque la mar está llena de secretos.
Todos escucharon estas palabras en silencio. Ninguno de los chicos se movió, como si ahora, ellos también, tuvieran un presentimiento. Fue una impresión fugaz, pero que le hizo tomar Conciencia a Nathan de que bien podía ser que su visión pudiera haber sido real. Siguió con la mirada a John y a Seth. Era obvio que se les daba muy bien el surf, y eran capaces de ejecutar toda suerte de piruetas. Sin embargo, las olas iban creciendo más y más. Sin perderles de vista, Nathan se fue acercando a la orilla. Cuando el agua le llegaba ya a los pies, el viento de repente empezó a soplar más violentamente y Nathan se vio invadido de un sentimiento muy extraño que le hizo reforzar la vigilancia. No podía explicárselo, pero tenía la impresión de que el viento le empujaba a saltar al agua. Sin decir nada a los otros, se puso a nadar hacia los dos surfistas. El viento soplaba cada vez más fuerte y la altura de las olas era impresionante. La inquietud de Nathan no hizo más que aumentar. Al llegar a la altura de John, perdió a Seth de vista. Le gritó a John:
─ “¿Dónde está Seth?”
Asustado al pensar que su amigo pudiera haberse ahogado, John se puso a mirar a su alrededor, pero no se veía a Seth por ningún lado. Miró a Nathan y se encogió de hombros, como diciendo que no sabía... de repente, vieron aparecer la tabla de surf de Seth, pero él había desaparecido. El presentimiento que había asaltado a Nathan cuando había entrado en el agua se había cumplido. Sin dudar ni un momento, se lanzó a la búsqueda de Seth. Tardó un rato en encontrarle. Seth estaba inconsciente con la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta. En la pesadilla, Nathan había visto exactamente la misma imagen, pero ahora, a diferencia de lo que había pasado en su sueño, Nathan había podido acercarse al ahogado. Se puso a nadar lo más rápido posible, le agarró y le arrastró a la superficie.
Al subir, Nathan vio el objeto que no había sabido reconocer en su sueño. Era la tabla de surf de Seth que flotaba en la superficie. Al lado estaba la de John. John intentaba ver a Seth y a Nathan. La cabeza de Nathan apareció de repente entre las dos tablas de surf. John se sintió aliviado al verles aparecer, pero al darse cuenta de que Seth estaba inconsciente, le invadió el pánico. Nathan le pidió que le ayudara a tumbar a Seth sobre la tabla para poder sacarle del agua. Los otros, desde la playa, lo habían visto todo. Se habían acercado nadando y atravesaron las altas olas para venir a buscarles. Arrastraron a Seth a la playa y le tumbaron sobre la arena. Inmediatamente Susan intentó reanimarle. Los jóvenes se arrodillaron a su alrededor, temiéndose lo peor. Nathan sujetaba la cabeza de Seth, que no daba signos de vida. El viento continuaba soplando fuerte, levantando la arena. El tiempo pasaba con una lentitud angustiante. De repente, una violenta tos sacudió el cuerpo de Seth haciéndole escupir el agua que tenía en los pulmones. Se había salvado. Sus amigos suspiraron con alivio y, curiosamente, el viento empezó a amainar. Nathan se echó sobre la arena y dirigió la mirada al cielo. Estaba agotado. Todo había pasado muy deprisa. Ahora disponía de un poco de tiempo para tomarse un respiro y darle un repaso en su cabeza a los acontecimientos. Pero no le dejaron mucho tiempo solo, todos vinieron a darle las gracias calurosamente. Todos se preguntaban, evidentemente, qué razón había impulsado a Nathan a echarse al agua en ese momento. También mencionaron que la tempestad había ocurrido de repente. Algunos hablaron de coincidencia, otros de milagro. Por su parte, era evidente que Deborah no lo consideraba como una coincidencia. Esperó a que Nathan se quedara solo para sentarse a su lado. Se le quedó mirando y le besó en la frente para darle las gracias de lo que había hecho.
A continuación, empezó a hablar suavemente con la vista clavada en el horizonte.
─ Yo sé que tú no te levantaste para echarte al agua por casualidad.
Nathan volvió la cabeza para mirarla, pero no dijo nada. Deborah siguió con la mirada fijada en el mar:
─ También sé que no has venido a hablar con nosotros por casualidad.
Hubo un momento de silencio, tras el que Nathan respondió:
─ Es evidente que sabes muchas cosas.
En ese momento, Seth se acercó a ellos. Se dejó caer de rodillas en la arena al lado de Nathan.
─ Estoy vivo gracias a ti.
Los dos jóvenes se abrazaron.
─ Aún estás vivo, porque no era tu momento, le respondió Nathan.
El resto del grupo vino a sentarse con ellos.
─ Sin duda, respondió Seth, pero eres tú el que me ha salvado.
─ Lo hemos hecho juntos, dijo Nathan.
─ No sé como agradecértelo. replicó Seth.
─ Creo que tengo una idea de cómo puedes hacerlo, le contestó Nathan.
Todos se le quedaron mirando con curiosidad, esperando a que explicara su idea.
─ A partir de hoy, vas a estar en contacto permanente con cada uno de estos amigos tuyos que están aquí, hasta el final de tus días. Y siempre estarás dispuesto a ayudarles en caso de que lo necesiten.
─ Mira, es una propuesta bastante buena, dijo Carol.
─ Estoy de acuerdo contigo, contestó Seth levantándose.
─ Os prometo solemnemente que podéis contar conmigo incondicionalmente a partir de hoy.
Le dieron las gracias a Seth, y después bromearon a su costa. Sus amigos le dijeron que tendrían que aguantarle el resto de sus vidas. Hay que decir que Seth tenía la reputación de ser un poco pesado. El ambiente ahora era alegre y todo el mundo estaba distendido. Los jóvenes decidieron organizar una barbacoa para esa misma tarde. Por supuesto, Nathan no podía faltar. El grupo se alojaba en un chalet que estaba en el camino que llevaba a Puerto Escondido, una pequeña ciudad vecina. Deborah le dijo a Nathan que irían a buscarle. Nathan volvió a su bungalow, se duchó y descansó un poco. Al llegar la tarde, Deborah apareció sola. Nathan le abrió la puerta y volvió al cuarto de baño a terminar de prepararse.
Deborah se sentó en el salón.
─ ¿Has podido descansar un poco? le preguntó.
─ Si, gracias. Y ¿tú?
─ No. No he dejado de darle vueltas a lo que ha pasado.
Para Nathan, esta frase confirmaba sus suposiciones. Deborah era muy curiosa. Si había venido, no era sólo para recogerle, sino porque quería pedirle explicaciones.
─ ¿Qué te gustaría saber? le preguntó Nathan.
─ ¿Como supiste lo que iba a pasar?
Hubo un momento de silencio.
─ Tuve un presentimiento. respondió Nathan.
─ ¿Cuándo lo tuviste? ¿Cuándo el viento empezó a soplar tan fuerte? ¿Cuándo Seth y John volvieron al agua? ¿Cuándo decidiste venir a hablar con nosotros? ¿Cuándo viniste a nadar cerca de nosotros? o...
─ O, ¿aún antes? Nathan terminó su oración.
El joven salió del baño y fue a sentarse a su lado.
─ Nathan, me es importante saberlo. le dijo Deborah.
─ ¿Por qué? le preguntó.
─ Desde que era pequeña he sabido que existe un mundo misterioso que es conocido sólo de un puñado de personas.
─ ¿Un mundo misterioso?
─ Sí, el mundo oculto. Así es como lo llaman.
─ Deborah, no estamos sobre la Tierra para poder entrar en contacto con un mundo escondido. Estamos aquí para convertirnos en nuestra verdadera esencia.
Deborah sabía que no iba a lograr una respuesta tan fácilmente. Reflexionó un poco antes de preguntar:
─ ¿Cómo puedo convertirme en mi verdadera esencia?
─ Mirando a los otros, escuchándoles y adivinándoles, le respondió Nathan. Es así como se te revelará la verdad que buscas.
─ Pero, ¿cómo puedo saber quién dice la verdad?
─ No buscando a aquellos que dicen haberla encontrado, sino aprendiendo de aquellos que la buscan.
─ Nathan. Quizás vas a pensar que es un poco raro, pero cuando te conocí, supe que eras alguien especial. Tengo un sexto sentido para esas cosas, y...
Fijó la vista en los ojos de Nathan.
─ Sé que eres especial. Pocas veces he conocido alguien tan especial como tú.
Nathan se mantuvo en silencio durante un rato para reflexionar y, seguidamente, decidió contarle a Deborah la visión que había tenido antes de acercarse a ellos.
Ella se impresionó mucho y le preguntó si había tenido sueños premonitorios en otras ocasiones. Nathan le contó su experiencia con el sabio indio. La joven estaba muy intrigada.
─ ¿Crees que estos acontecimientos tienen un significado espiritual? le preguntó Deborah.
─ Todas las cosas tienen siempre un significado espiritual, respondió Nathan.
Tras esta conversación, Nathan y Deborah se fueron a unirse a los demás que les estaban esperando. Pasaron una buena tarde. Todos disfrutaron a fondo del placer de su compañía hasta la madrugada. El grupo volvía a su país al día siguiente. Las vacaciones tocaban a su fin y los jóvenes se preparaban para la vuelta. Al despedirse de él, le hicieron prometer a Nathan que se mantendrían en contacto. Nathan se quedaría unos días más en Puerto Ángel, antes de volver a casa de Catalina en Ciudad de México.